En la Argentina usamos un GPS con mapas desactualizados

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Martín Guzmán, ministro de Economía, dijo el viernes en el Instituto Balseiro: "Acá hay un plan, una estrategia económica”
Martín Guzmán, ministro de Economía, dijo el viernes en el Instituto Balseiro: "Acá hay un plan, una estrategia económica”

Con el placer de recibirlos de nuevo en este espacio, quiero agasajarlos con este lindo desafío del comportamiento humano.

Cuenta la historia que el siguiente diálogo se dio entre un profesor y un alumno:

–Dos señores bajan de una chimenea, uno con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Quién se lava la cara?

–Supongo que la trampa está en no complicarse, entonces … el que tiene la cara sucia.

– Error. El que tiene la cara sucia ve al de la cara limpia y observa que tiene su rostro limpio, por lo tanto, no se lava. El de la cara limpia ve al del rostro sucio y piensa que lo tiene igual, por lo tanto, él sí se lava la cara.

–¿Siempre se lava el que tiene la cara limpia?

–La actitud más lógica es que los dos se laven la cara, porque cuando uno se lava, el otro también lo hace por reflejo, por vergüenza, o por las dudas.

Ahora bien: la lógica económica es similar, uno tiende a actuar como supone que van a actuar los demás. No gana el que tiene razón, sino el que mejor interpreta el comportamiento de las mayorías. Por eso cambiamos tanto y muy rápido de opinión.

Voy a utilizar esta analogía para la nota porque, para mí, nuestra economía se basa en supuestos que parecen lógicos, pero que son eslóganes desactualizados. Compramos un GPS con mapas de hace 50 años, nos manejamos por la vida como si tuviéramos la cara limpia, aunque sin darnos cuenta, paseemos por ella con la cara sucia, relatando el viaje como más nos conviene. Como si usáramos un Waze de pacotilla” (de mala calidad).

Es como un asador entre comensales. Él trabaja y se esfuerza y el resto solo opina. El parrillero va a escuchar a alguien decir: “vas rápido”; a otro: “apurá el fuego”; a otro: “poné ya las achuras”; a otro: “¿cuánto falta para las papas al carbón?”. Esta forma de manifestarse solo aumenta la ansiedad del asador, no lo ayuda. A estos relatores del asado ajeno los llamaremos Waze de pacotilla. Son muy semejantes a los que circulan en nuestra economía real.

Nuestro Waze de pacotilla relata: “Hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente”, pero alguien con la cara limpia pregunta: ¿plata de quién?

Si se les saca plata a unos pocos vía impuestos expropiatorios, resulta un juego de suma cero, solamente se les saca a algunos para darles a otros. Unos consumirán más y otros menos. Y cuando no haya a quien sacarle, ¿cómo se sigue? Si ese dinero sale de la emisión monetaria sin respaldo, se generan más pesos para una menor cantidad de productos y terminan subiendo los precios, o sea, disminuyendo el poder de compra de la mayoría. Es lo que hacemos siempre y el resultado es constante, siempre más pobreza.

El Waze de pacotilla va a decir que Estados Unidos también emite y no genera inflación, pero no está contemplando que ese dinero goza de la confianza de sus habitantes y de la confianza de los habitantes del resto del mundo, ya que ese dinero va a inversión. Sube la demanda, pero también la oferta; por lo tanto, los precios son más neutros. El aumento de la inversión genera empleo genuino y eso es lo que mejora la distribución.

Nosotros emitimos una moneda en la que no confían ni los habitantes de aquí, ni los de ningún otro lugar del mundo.

El Waze de pacotilla reclama solo fomentar el consumo.

Se suele decir que para que haya inversiones tiene que haber consumo. Que eso es lo único que importa. Al provocar un aumento del mismo se genera un derrame de abajo hacia arriba, sin contemplar demasiado el clima de negocios o la seguridad jurídica.

Claro que es cierto que, si el empresario piensa que no va a vender, no va a invertir por más “seguridad jurídica” que exista. Pero si piensa que va a haber demanda y se siente a merced de lo que se le pueda ocurrir al funcionario de turno, de la falta de seguridad jurídica, de la posibilidad de expropiación de terrenos, del corte de las exportaciones o del cambio de reglas de juego a mitad de camino, la inversión solo se orientará a proyectos de alta rentabilidad o rápida recuperación del capital.

Relativizar el clima de negocios y la seguridad jurídica es ir por la vida con la cara sucia.

El Waze de pacotilla relata la “sustitución de importaciones”

Sostiene que el Banco Central siempre administra el tipo de cambio realizando minidevaluaciones periódicas, para evitar que pierda competitividad la producción nacional. Hoy su valor es razonable y una devaluación profunda solamente haría que disminuya el salario real, porque aceleraría el aumento de precios.

¿Qué quiere decir que el valor del dólar sea razonable? El dólar en la Argentina no funciona como moneda, sino como refugio de valor. Por lo tanto, la cotización expresa la desconfianza hacia el sistema. Controlan la demanda del dólar oficial (solo puede comprar el Banco Central), pero la economía se guía por el dólar MEP o por el paralelo.

Nadie quiere vender un producto en forma voluntaria por debajo del valor de reposición de ese producto, y este valor es incierto cuando hay precios de referencia con brechas que superan el 60%. Que el dólar tome un valor de equilibrio real hace más competitiva a la industria, y recién ahí decidirá si le conviene fabricar aquí y no importar mercadería de otro país. Hoy el Gobierno paga el costo de la desconfianza, porque el dólar oficial vale 98 pesos y el exportador solo recibe 60 pesos por dólar y no percibe el beneficio de la competitividad.

El Waze de pacotilla siempre culpa a otros de la inflación: a los empresarios, al sector externo o a economistas opositores.

Sostienen que la inflación en la Argentina tiene como causa principal el crecimiento de los precios internacionales de los alimentos. En efecto, como estos productos tienen una alta proporción dentro de nuestras exportaciones, y sus precios crecen persistentemente, impactan sobre los precios de los productos que conforman “la mesa de los argentinos”.

Si la inflación se debe al crecimiento del precio internacional de los alimentos, ¿por qué no es tan alta en Estados Unidos y en Brasil, países que también exportan ese tipo de productos? Cuando dicen se nos cae el mundo encima, me pregunto, ¿solo a nosotros? ¿Por qué Colombia, Perú, Chile, Bolivia o Uruguay no tienen problemas de financiamiento o inflación? ¿Por qué los supermercados o las multinacionales que están en todas partes del mundo solo generan inflación en nuestro país? De cualquier manera, a la luz de todas las trabas que le impusieron a la exportación de bienes, más precios máximos y cuidados ¿Por qué la tasa de inflación sigue alta?

Amigo lector, a esta altura de la nota, ¿no se cansó como yo de estar siempre del lado de la queja?

Me hace mucho ruido un editorial que escuché hace mucho del inigualable Pepe Eliaschev, en el que hacía hincapié en por qué siempre una minoría gris, a los gritos, impone sus condiciones al resto de una sociedad que quiere trabajar, sentirse útil, dejar una huella en su paso por esta vida.

Hace pocos días perdimos a un gran hacedor, a un optimista nato que siempre buscaba la parte llena del vaso. Entonces, en honor a él, a Bernardo Areco, quiero terminar con el deseo de encontrar la motivación de tener ganas al futuro en nuestro país.

Millones de ciudadanos se levantan día a día buscando la manera de generar las condiciones necesarias para sentirse un poquito mejor que el día anterior. Son las personas que producen, que ayudan a hacernos la vida más fácil a pesar de los Waze de pacotilla. Yo sé que en mi país son más los que usan el GPS para orientarse y no para desorientar a otros. Busquemos la manera de escuchar más al que propone generar y no robar el esfuerzo ajeno.

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