Las argelinas se hartan de que sus maridos controlen su salario

Abdellah CHEBALLAH
Varias mujeres trabajan en una compañía farmacéutica en Argel en febrero de 2000 (AFP/Archivos | )

Las argelinas trabajan más fuera de casa, pero su salario es "la principal causa" de divorcio porque en muchos casos el marido dispone a su antojo del dinero de la esposa, que a menudo acaba recurriendo a los tribunales.

"Es un acoso financiero. Se trata de un fenómeno muy peligroso que se ha silenciado durante mucho tiempo", estima la abogada Fatma Zohra Benbraham.

En diez años, la tasa de empleo de las mujeres pasó del 10,2% en 2005 al 13,6% en 2015. Casi dos millones de ellas tienen empleo, según la cifras oficiales. Es decir, el 18% de la población activa.

Este fenómeno lleva aparejado un aumento de los divorcios, que casi se han duplicado en diez años, hasta unos 60.000 anuales.

Según Benbraham, el dinero, y en particular el salario de las mujeres, es hoy la "principal causa" de los divorcios.

En ocasiones la mujer sufre un chantaje financiero: si se niega a que el marido disponga del salario, queda privada de trabajo o relegada a la casa, donde incluso la repudia.

A veces es el padre o un hermano el que quiere controlar los ingresos.

Por eso, "muchas mujeres prefieren divorciarse para guardar el salario para ellas y sus hijos", afirma Benbraham.

Frente a este abuso, el Parlamento adoptó en 2015 una ley que permite a las mujeres preservar sus recursos financieros. Estipula entre seis meses y dos años de cárcel para "todo aquel que ejerza sobre su esposa coacción con el fin de disponer de sus bienes o de sus recursos financieros".

- Cultura patriarcal -

Pero algunas mujeres despojadas de sus ingresos estiman que esta normativa no las protege lo suficiente.

"Nunca veo mi dinero, mi marido me lo quita todo (...) La ley debe protegernos", declara al diario El Watan una mujer, identificada sólo por su nombre, Nadia.

Esta práctica se debe principalmente a la cultura patriarcal de la sociedad argelina, analiza Nurredin Bekis, profesor de Sociología de la Universidad de Argel.

"A los niños se les ha inculcado que el poder financiero constituye la base para imponer la dominación masculina", explica a la AFP.

Tradicionalmente, en una familia árabo-musulmana, el hombre es el que cubre las necesidades de esposa e hijos y el dinero de la mujer queda reservado exclusivamente para el uso personal de esta última.

En un país donde el divorcio está mal visto, muchas mujeres no tienen elección y deben someterse al abuso financiero si quieren preservar su hogar.

El debate sobre el derecho de las mujeres a disponer libremente de sus salarios se relanzó recientemente con una propuesta de la ministra de Familia y de la Condición de la Mujer, Munia Meslem.

La ministra ha provocado un aluvión de críticas en las redes sociales tras haber instado a las esposas a entregar sus salarios al Estado para ayudarlo a hacer frente a las dificultades financieras causadas por la caída de los precios del petróleo, principal recurso del país.

"Podemos ayudar a nuestro país (...) No son nuestros ingresos los que nos mantienen, sino más bien nuestros maridos los que nos cuidan", declaró la ministra a la cadena de televisión privada El Bilad.

Muchos internautas criticaron la propuesta, que consideran "un retroceso" de la causa femenina en el país.