Aranceles de Trump no reactivan industria siderúrgica

BANI SAPRA y PAUL WISEMAN
Un trabajador se presenta para cumplir su turno en la planta siderúrgica US Steel Coke Works de Clairton, Pensilvania, el 2 de mayo del 2019. (AP Photo/Gene J. Puskar, File)

WASHINGTON (AP) — La decisión de Donald Trump de fijar aranceles a las importaciones de acero generó una mezcla de entusiasmo y desazón. El objetivo era hacer subir los precios del acero, con los consiguientes perjuicios que podía causar a las fábricas que dependen de él.

Pero por lo menos debía beneficiar a las empresas siderúrgicas de Estados Unidos y a sus empleados. En todo caso, esa era la teoría.

Los aranceles del 25% de Trump, no obstante, hicieron poco por la gente a la que se supone debía ayudar. Los precios del acero y las ganancias de las empresas se derrumbaron. Los inversionistas están vendiendo sus acciones.

El sector añadió apenas 1.800 puestos de trabajo desde febrero del 2018, el mes en que entraron en vigor los aranceles. Es una cifra insignificante en un mercado laboral de 152 millones, durante un período en el que las empresas estadounidenses incorporaron en total 4 millones de trabajadores. Las acereras emplean 10.000 personas menos que hace cinco años.

“A pesar de estos aranceles tan altos, la industria no ha podido sacar ventaja”, dijo Christine McDaniel, del Mercatus Center, un grupo de estudios de la Universidad George Mason.

El compromiso de Trump de rejuvenecer la industria siderúrgica lo ayudó a conseguir votos en las elecciones del 2016 en estados como Ohio, Pensilvania y Wisconsin. Al no cumplir con esa promesa, resta ahora por verse qué impacto tendrá eso en el 2020. El electorado tendrá que elegir entre darle la espalda a Trump o al menos reconocer que intentó darle batalla a las plantas siderúrgicas extranjeras.

Varios factores hicieron bajar los precios del acero, desde una menor demanda, motivada por una economía mundial débil, hasta un aumento en la producción motivado por los aranceles.

Los precios subieron por unos meses después de que Trump fijó sus aranceles y llegaron a 1.008 dólares la tonelada de chapas laminadas calientes en julio del 2018, según el portal SteelBenchmarker , que monitorea los precios del acero. Desde entonces, bajó en picada hasta llegar a 557 dólares la tonelada, menos que cuando se impusieron los aranceles.

“Con el tiempo, los precios bajaron, bajaron y bajaron”, dijo Mark Lash, presidente de la Unidad 1066 del sindicato de Trabajadores de la Industria Siderúrgica Unidos en Gary, Indiana, que representa a unos 1.400 trabajadores de una planta de US Steel en esa zona.

La campaña de Trump contra la industria siderúrgica extranjera fue opacada por su guerra comercial con China. Pero los aranceles al acero vinieron antes y demostraron la disposición del presidente a hacer a un lado siete décadas de políticas de libre comercio y a combatir agresivamente las importaciones.

Al cobrar impuestos sobre el acero importado, Trump se expone a hacer subir los costos de muchas industrias estadounidenses que emplean acero, tensando las relaciones con aliados y probando hasta dónde puede llegar imponiendo castigos unilateralmente a socios comerciales.

Trump estaba decidido a revivir las industrias pesadas como la siderúrgica y protegerlas de lo que considera la competencia extranjera injusta.

El empeño en proteger la industria siderúrgica es en cierto sentido extraño, ya que los beneficios económicos son modestos. La industria emplea solo 142.000 personas. A título de comparación, la cadena de tiendas Home Depot emplea 400.000. Y las nuevas plantas siderúrgicas están muy automatizadas. No necesitan tantos empleados como las industrias siderúrgicas del pasado y la generación de empleos es limitada.

El equipo de Trump, no obstante, decidió que valía la pena dar pelea. Por décadas, las plantas siderúrgicas ofrecieron empleos bien pagados que permitieron a millones de obreros acceder a la clase media.

Uno de ellos, Doug May, se pasó 43 años trabajando en la planta de US Steel en Granite City, Illinois, antes de jubilarse. Desde la recesión de hace una década, la planta ha estado paralizada y reanudado actividades al menos dos veces. A pesar de la inestabilidad, Mauy dice que la planta de Granite City ofrecía buenos trabajos.

“Puedes criar una familia”, expresó. “Pude pagar la universidad de tres hijos trabajando allí”.

Al principio los trabajadores del sector vieron con buenos ojos los aranceles.

“Cuando Trump hizo el anuncio, US Steel dijo que pondrían a funcionar uno de los dos hornos que tenía inactivos”, indicó May. “Todos estábamos muy entusiasmados”.

Pero los buenos tiempos no duraron.

Los primeros indicios de problemas surgieron en la bolsa de valores. Las acciones de las acereras habían alcanzado su punto máximo en Wall Street en febrero del 2018, poco antes de que entrasen en vigor los aranceles. Desde entonces, el Índice Arca Steel de la bolsa de Nueva York bajó un 32%.

Y los aranceles no hicieron nada por atenuar el dominio de China, responsable del 54% de la producción acerera mundial. Estados Unidos produce el 5%.

¿Qué fue lo que no funcionó?

El crecimiento de Estados Unidos y a nivel mundial se ha frenado un poco en parte porque los aranceles de Trump elevaron los costos y aumentaron la incertidumbre de las empresas. Un crecimiento más bajo implica menos demanda de las plantas siderúrgicas.

“La demanda es relativamente baja en estos momentos”, dijo Charles Bradford, analista independiente.

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Los redactores de AP Rick Callahan (Indianapolis) y Josh Boak (Washington) colaboraron en este despacho.

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Paul Wiseman está en Twitter en @PaulWisemanAP y Bani Sapra en @bani_sapra