¿Aprietas los dientes? Una guarda no siempre soluciona el bruxismo

Kate Murphy
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Algunos expertos dicen que rechinar los dientes es un comportamiento más que un trastorno, y que la silla del dentista no es el mejor lugar para abordarlo.

Los factores de estrés cotidianos, como la entrega de un informe en el trabajo, que se descomponga la refrigeradora o el perro se vomite, a veces hacen que una quiera apretar los dientes. Pero si a eso añadimos una pandemia, la incertidumbre económica y la agitación política, es posible que la mandíbula empiece a hacer un gran esfuerzo: apretar y rechinar los dientes con hasta 113 kilos de fuerza.

Los dentistas han informado de un aumento de pacientes con fracturas en los dientes desde el comienzo de la pandemia, que atribuyen al bruxismo, el término técnico para rechinar o apretar los dientes. El bruxismo, que se cree que se precipita o agrava por el estrés y la ansiedad, es en gran medida inconsciente y suele producirse durante el sueño. La mayoría de las personas no saben que rechinan los dientes a menos que un dentista se lo diga, basándose en el desgaste de los dientes. Otros indicadores menos evidentes son que te piquen o se taponen tus oídos, que te duela el cuello e incluso el envejecimiento prematuro de la cara.

Los caros protectores bucales o de mordida de acrílico o goma —a menudo llamados guardas nocturnas u oclusales— suelen recetarse como profilaxis.

Aunque las guardas nocturnas pueden ayudar a prevenir cierto desgaste dental, algunos estudios sugieren que pueden ser ineficaces o incluso empeorar el problema. Esto ha llevado a algunos expertos en los campos de la odontología, la neurociencia, la psicología y la ortopedia a decir que es necesario un cambio de paradigma en nuestra comprensión de las causas y el tratamiento del bruxismo. Dicen que se trata de un comportamiento, como los bostezos, los eructos o los estornudos, más que de un trastorno.

“No es anormal apretar y rechinar los dientes”, dijo Lobbezoo, investigador del bruxismo y profesor y presidente del Centro Académico de Odontología de Ámsterdam, en los Países Bajos. “De hecho, puede ser bueno para ti”.

Los estudios sobre el sueño indican que la mayoría de las personas tienen tres o más ráfagas de actividad en el músculo masetero de la mandíbula (su principal músculo masticador) durante la noche. También ocurre durante la fase no REM. Así que, en contra de la creencia popular, no lo haces mientras sueñas.

Además, las pruebas sugieren que esta actividad muscular puede tener el efecto saludable de abrir las vías respiratorias para que entre más oxígeno. Apretar y rechinar los dientes también estimula las glándulas salivales para lubricar la boca seca y neutralizar el ácido gástrico. Por ello, los expertos afirman que puede ser peligroso llevar una guarda nocturna o una férula si se padece de apnea del sueño o un trastorno de reflujo gastrointestinal grave.

“Hay un tremendo sobretratamiento para algo que no es un problema”, dijo Karen Raphael, psicóloga y profesora de la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York, refiriéndose al uso generalizado de guardas, tranquilizantes e incluso inyecciones de Botox para prevenir el bruxismo. “No hay pruebas de que los patrones de desgaste de los dientes reflejen el rechinamiento actual”. De hecho, dijo, el desgaste de los dientes se asocia más a menudo con una dieta ácida, que erosiona el esmalte y desencadena el bruxismo para aumentar el pH en la boca. Tratar el bruxismo en este caso sería tratar el efecto más que la causa.

Por supuesto, la sobreproducción de ácido estomacal y el reflujo se producen a menudo en momentos de estrés, lo que podría explicar en parte por qué los dentistas y los pacientes reportan más dientes agrietados y dolor de mandíbula desde el comienzo de la pandemia. Además, las personas tienden a beber más alcohol cuando están ansiosas. Incluso una intoxicación leve hace que los músculos del cuello estén más flácidos, lo que puede provocar un aumento tanto de la duración como de la fuerza del bruxismo para restablecer el flujo de aire.

Otros factores que pueden aumentar el bruxismo son una mala higiene del sueño y una mala postura. Si tienes un sueño ligero o pobre, pasas más tiempo en sueño no REM, que es cuando la gente aprieta y rechina los dientes de forma natural. Esto puede estar causado por el estrés, pero también por el consumo de cafeína o por irte a dormir con el teléfono.

Además, solemos llevarnos a la cama nuestros hábitos posturales. Si estás tenso y apretado cuando estás despierto, es probable que también estés tenso y apretado cuando estás dormido, o que te demore más tiempo relajarte. Esto es especialmente cierto ahora que la gente pasa tanto tiempo encorvada sobre sus dispositivos con la cabeza, el cuello y la espalda formando una “C” tensa y ortopédicamente desaconsejable.

Así que la cuestión no es tanto si aprietas y rechinas los dientes, sino por qué puedes estar haciéndolo más de lo normal y posiblemente causando problemas mandibulares o dentales. “El bruxismo no es una enfermedad”, dice Giles Lavigne, neurocientífico, dentista y profesor de la Universidad de Montreal. “Es solo un comportamiento, y como cualquier comportamiento, cuando llega a un nivel en el que es molesto puede ser necesario consultar a alguien”.

Tal vez un fisioterapeuta que te enseñe a relajar la mandíbula y a realizar la respiración abdominal. Y tal vez un psicólogo pueda ayudarte a modificar los comportamientos que conducen a un aumento del bruxismo, como comer demasiado antes de acostarse y beber vino y whisky más de lo normal.

Pero una simple toma de conciencia de la posición de la boca, la lengua y los dientes a lo largo del día puede ayudar mucho a prevenir el rechinar de dientes. “Nadie sabe dónde está su lengua cuando está en reposo”, dice Cheryl Cocca, fisioterapeuta de Good Shepherd Penn Partners en Lansdale, Pensilvania, que trata a pacientes con bruxismo. Recomienda comprobar continuamente que se respira por la nariz con la boca cerrada, que la lengua descansa sobre el paladar y que los dientes están separados. Pon un temporizador si necesitas recordarlo o hazlo cada vez que te pares en un semáforo en rojo o recibas una alerta de texto.

Parte del problema podría ser nuestra dieta moderna. Cada vez hay más pruebas que apoyan la idea, antes marginal, de que, tras las revoluciones agrícola e industrial, cuando los humanos empezaron a comer alimentos más procesados y fáciles de masticar, llegamos a tener mandíbulas más pequeñas que nuestros antepasados y músculos orofaciales poco desarrollados. El resultado, según los investigadores, es que tendemos a respirar por la boca, con la lengua apoyada en el fondo de la boca.

“Observa a la gente en el metro, observa a la gente en el bus, todos están con sus teléfonos, sus bocas están ligeramente abiertas inhalando y exhalando. Sobre todo los niños”, explica Tammy Chen, prostodoncista de Nueva York que ha escrito sobre el aumento de las fracturas dentales. “En cuanto la boca está abierta, la lengua está abajo. La lengua debería estar siempre en la parte superior de la boca empujando hacia arriba y hacia fuera”, lo que fortalece los músculos de la cara y el cuello, ensancha la mandíbula y abre las vías respiratorias.

Por la noche, nuestra predilección moderna por las almohadas y los colchones blandos, en lugar de tumbarnos en el suelo como hacían nuestros antepasados, hace que sea más probable que nuestra boca se abra y que babeemos, lo que conduce a un microbioma bucal más seco y ácido, por no hablar de la flacidez de los músculos del cuello, que obstruye aún más las vías respiratorias.

Una almohada firme, o una sábana doblada bajo la cabeza, pueden ayudar, al igual que comprometerse con una rutina de estiramiento y fortalecimiento orofacial, del cuello y de las vías respiratorias. Cocca recomienda repetir a diario el ejercicio de echar la cabeza hacia atrás, como si se trataras de librarte de alguien que se inclina para dar un beso, y también inclinar la cabeza hacia abajo hasta que la barbilla toque la base de la garganta.

Otros buenos ejercicios son apretar los omóplatos y mantenerlos juntos, así como poner los brazos en alto como un poste de la portería e inclinarse hacia una puerta para estirar el pecho.

Las investigaciones también indican que la respiración diafragmática y el canto pueden fortalecer y expandir los músculos de las vías respiratorias para reducir tanto los ronquidos como el bruxismo.

Aunque las guardas que se llevan durante el día o la noche no impiden rechinar los dientes, según Chen, pueden actuar como parachoques para protegerlos. Pero solo si se diseñan cuidadosamente en función del tamaño y la forma de la boca, y con materiales específicos para cada persona que rechina, aprieta o muerde. Se cree que las guardas acrílicas duras son mejores para los que rechinan o muerden los dientes, mientras que los de goma más blanda son mejores para los que aprietan. Sin embargo, los expertos advierten que las guardas pueden empeorar el problema, sobre todo si están mal hechas.

“El bruxismo suele ser un problema respiratorio o de las vías respiratorias”, dijo Chen. “Las guardas nocturnas son una curita, pero si se quiere dejar de rechinar los dientes, hay que llegar a la raíz del problema”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company