Aprender a enseñar enseñando: la formación activa del español como lengua extranjera

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La mayor parte de las personas que estudian hoy español en España son inmigrantes y refugiados. Este es el caso de Aaminah, refugiada siria que llegó a Madrid hace un año junto a su familia y que recibe clases de español como lengua extranjera en el centro cultural de su barrio. Como ella, miles de inmigrantes acuden a clase para mejorar su español, integrarse en la comunidad y tener mejores oportunidades laborales.

Así pues, el perfil del aprendiz de español en España está cambiando. Según datos del Instituto Cervantes, la población migrante que no tiene el español como lengua nativa está creciendo y urge integrar la enseñanza de la lengua en el marco de una política global de atención a la población inmigrante en España.

Lo anterior nos lleva a creer que el futuro profesor de español debe recibir, ahora más que nunca, formación específica en la enseñanza a estos colectivos, como también sugiere el Instituto Cervantes. Dicha instrucción deberá, además, poner énfasis en el tratamiento de la mediación, la afectividad y la competencia intercultural.

No olvidemos que la sociedad actual no es la de hace 30 años y que, en nuestros días, demanda formar a ciudadanos responsables, comprometidos y capaces de aportar sus conocimientos a la comunidad de forma directa e inmediata.

Un caso concreto

Para fomentar la responsabilidad social, la formación experiencial y el servicio a la comunidad en la formación de los futuros profesores, la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) incluye metodologías experienciales de aprendizaje–servicio (ApS) en sus titulaciones oficiales.

De ese modo, cumple con lo establecido por el Real Decreto 1791/2010, del 30 de diciembre, así como por la Comisión Sectorial de Calidad, Desarrollo Sostenible y Prevención de Riesgos de la CRUE de octubre de 2014 y por la Resolución del 11 de septiembre de 2017 de la Secretaría General Técnica.

El objetivo es relacionar los objetivos de aprendizaje con el servicio a la comunidad. Es decir, poner en acción “los saberes que conforman las competencias (conocimientos, habilidades, actitudes y valores) con el propósito de dar respuestas a necesidades sentidas por la comunidad”.

Hasta el momento, el aprendizaje–servicio ha tenido un gran impacto en la formación de los estudiantes de la UAM. Y ha permitido cumplir con el llamamiento para devolver a la sociedad una parte importante de lo que recibimos de ella.

Detectar necesidades y actuar

En el ámbito de la enseñanza de español como lengua Extranjera (ELE), desde el Máster de Lengua Española: Investigación y Prácticas Profesionales, hemos enfocado nuestros esfuerzos en formar a los futuros profesores de ELE en la reflexión, la responsabilidad social y la observación del entorno. Todo ello con el objetivo de detectar las necesidades comunitarias relacionadas con la enseñanza de español como segunda lengua y así actuar.

Como resultado, ha surgido el proyecto de innovación docente “Del aula a la sociedad: formación de profesores para la enseñanza de español a inmigrantes y refugiados”. Este proyecto aplica la metodología del aprendizaje–servicio para formar a los estudiantes en la enseñanza de español a inmigrantes y refugiados. Y propone el siguiente plan de actuación durante todo el curso académico:

  1. Presentación de contenidos relacionados con la programación y diseño de secuencias didácticas destinadas a los colectivos migrantes.

  2. Realización de prácticas curriculares en las oenegés con las que tenemos convenio.

  3. Elaboración de trabajos finales de asignatura y de fin de máster que aporten nuevas vías de enseñanza a estos colectivos o mejoren los sistemas actuales de aprendizaje.

Aplicaciones prácticas

Los estudiantes que deciden participar en el proyecto deben desarrollar y aplicar los conocimientos teóricos adquiridos en las asignaturas del máster y en los seminarios especializados en todas estas acciones que realicen. Todo ello con el objetivo de prestar servicio a varios grupos de inmigrantes y refugiados de la zona norte de Madrid.

Los resultados de la intervención están siendo muy positivos. Por una parte, se aprecia un mejor aprendizaje en nuestros estudiantes. Y, por otro, ha aumentado su grado de satisfacción. También han notado cambios efectivos los aprendices de español que han recibido el servicio.

Mejores resultados y más satisfacción

Las encuestas de satisfacción de nuestros estudiantes mejoran sus puntuaciones respecto a cursos anteriores en relación con el plan de estudios, las asignaturas implicadas, los profesores y las prácticas. Y los resultados académicos también mejoran tanto en lo que respecta a la tasa de éxito (superación de la asignatura), la tasa de rendimiento (calificaciones recibidas) y la tasa de graduación (culminación de los estudios).

Todo ello nos lleva a pensar, coincidiendo con lo expresado por los alumnos en sus encuestas, que este tipo de formación activa y experiencial da sentido y utilidad al aprendizaje. Y que la alta aplicabilidad de los conocimientos (con trabajos teóricos y prácticas curriculares) permite a nuestros alumnos finalizar los estudios con la sensación de haber recibido una formación integral.

Todos ganan

Los estudiantes inmigrantes destacan que la participación de los alumnos en sus clases proporciona una mayor variedad de contenidos, actividades y dinámicas. Así como más figuras docentes en el aula a las que consultar y una atención más individualizada hacia ellos.

Nuestros estudiantes de máster, por su parte, resaltan el alto nivel de aprendizaje que obtienen al participar activamente en las clases. También les resulta enriquecedora la preparación de contenidos y el diseño de nuevas propuestas metodológicas. Todo ello ha repercutido en una mayor motivación e interés por seguir desarrollándose como profesores de ELE.

Repercusiones duraderas

Esta iniciativa está derivando, asimismo, en otras acciones muy positivas. Por ejemplo, se ha creado un grupo de voluntarios de la UAM, que continúa colaborando como profesores en las oenegés tras finalizar sus prácticas. Y también se ha generado un “efecto llamada” hacia nuestros estudios de posgrado. Principalmente, como consecuencia del interés que despiertan nuestros estudios entre los lingüistas.

La conclusión principal que extraemos de esta experiencia es que los estudios universitarios en general, y los de la enseñanza de ELE en particular, deben ofrecer a los estudiantes una formación activa y experiencial. Esta deberá asegurarse de que aplica los saberes adquiridos en la universidad durante todo su periodo formativo a modo de servicio social.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Beatriz Méndez Guerrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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