Apáticos y enojados. El duro desafío de seducir votantes en un conurbano en crisis

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Cinco albañiles hacen trabajos de reparación en el estacionamiento del Colegio Nacional de Adrogué. Son las 9:30 y faltan menos de dos semanas para las PASO. En un rato, Alberto Fernández encabezará un acto con sus candidatos en Tecnópolis. En la obra suena bajito, desde un celular, una cumbia. Nadie quiere escuchar las noticias. “Estoy decepcionado con todos, ni oírlos quiero”, dice Hugo sobre los políticos, mientras se saca el casco de plástico amarillo y se asoma desde el pozo que está cavando.

“Conseguimos este laburo hace un mes. Hay que aprovecharlo, porque termina el voto y se termina el laburo”, agrega otro de los albañiles que no quiere decir ni su nombre de pila. “Yo me voy a votar a mí mismo, ya decidí”, se ríe Hugo. Todos ellos viajaron desde San Justo, en La Matanza, a Adrogué, Almirante Brown, y trabajan en una empresa contratista que hace mantenimiento integral y reparaciones. Aunque no siguen de cerca la política, tienen fresca la imagen del festejo de cumpleaños de Fabiola Yañez en la quinta de Olivos, mientras los trabajos de construcción estaban paralizados por las restricciones sanitarias. “Ahora que el Presidente hizo una clandestina en Olivos, vamos a hacer una clandestina nosotros”, ironiza otro de los hombres, que se saca uno de los guantes y sube la música del celular.

A días de las PASO, en las calles del conurbano bonaerense no hay calor electoral
Ignacio Sanchez


A días de las PASO, en las calles del conurbano bonaerense no hay calor electoral (Ignacio Sanchez/)

A días de las PASO, en las calles del conurbano bonaerense no hay calor electoral. Las paredes están empapeladas con afiches de las principales fuerzas que se disputan el territorio, Juntos por el Cambio y el Frente de Todos, pero casi no se ven las tradicionales sombrillas y “pancheras” (los stands que los partidos montan en las veredas), ni a los militantes que caminan volanteando y repartiendo boletas.

Los dirigentes, a un lado y al otro de la grieta, si bien se muestran haciendo recorridas y tienen sus agendas cargadas de actividades proselitistas, admiten que suelen encontrar desinterés y enojo cuando salen al territorio. Reconocen que “hay cero clima de campaña” en las calles, pero advierten que es un fenómeno que siempre se da más antes de las PASO que de las generales y alegan que esta vez, además, influyen la pandemia y el auge de las campañas digitales.

Este clima preelectoral “tenue”, como lo definió un intendente del Frente de Todos en diálogo con LA NACION, motivó una conversación que tuvieron varios jefes comunales que se encontraron en Tecnópolis. “Coincidimos en que no hay clima. Por eso no estamos sobrecargando las calles. Los tiempos los pone la gente. Nosotros seguimos con el puerta a puerta pero vamos a salir a la calle a hacer campaña en los días previos a la elección”, dijo.

Incluso en La Matanza, corazón del peronismo bonaerense, se percibe poco interés por el llamado a las urnas del próximo domingo. Con las vías del Ferrocarril Belgrano Sur de fondo y la estación de González Catán en pleno movimiento, unas pocas personas se acercan a la mesa del Frente de Todos instalada en la calle José María Moreno, en la que se ofrece consultar el padrón para averiguar la escuela en la que se vota. El trámite es rápido: una vez evacuada la consulta y con algunos volantes del oficialismo en mano, las personas se retiran. No demoran más de un par de minutos.

“Averiguan dónde votan y nada más”, cuenta a LA NACION Cintia, una de las dos mujeres que están a cargo de la mesa en la que se consulta el padrón. Dice que nadie le pregunta por los candidatos ni por las propuestas. Detrás de la mesa, metido en el terreno lindero a las vías, se observa, imponente, el galpón del Subcomando Catán Sur del peronismo matancero.

Del otro lado de las vías, sobre la calle Doctor Enrique Simón Pérez, los puestos callejeros son los protagonistas de las veredas. La campaña no se respira en esas calles, en los comercios, en las paradas de colectivos (los habilitados y los “truchos”) ni en la feria de la calle Don Luis Posamay. Mientras espera en la parada de Pérez y Posamay un colectivo tan flojo de papeles como de carrocería, Mario Rosales afirma que no le interesan las elecciones. “Nunca me interesó la política. A los candidatos ni los conozco”, remarca. El tema más grave, para él, es “la seguridad”.

El canillita Luis Ferrari dice exactamente lo contrario. “Estoy interesado, me involucro en la información de todos los candidatos. Tengo decidido el voto. Desde que volvió la democracia, sigo la política”, afirmó. Para él, el principal problema es “la inflación”.

Una y otra vez, las preocupaciones se repiten en todos los diálogos: inseguridad y crisis económica. No es nuevo. Lo muestran las encuestas desde hace años. Y de acuerdo con el último sondeo de la consultora Isonomía, los principales problemas que dicen tener los bonaerenses son la economía (42%), la inseguridad (16%) y la falta de trabajo (13%), muy por encima de la preocupación por la salud (3%) y por la pandemia (2%).

Los cruces de los políticos, incluso los relacionados con estos temas (como la pelea entre Sergio Berni y Sabina Frederic de esta semana), pasan casi todos por debajo de los radares del interés general.

La feria de la calle Posamay ofrece sus productos, con pocas ventas. Los feriantes apelan a distintos gritos para convocar a una clientela poco numerosa una mañana de un día laborable. “¿Qué pasa que no vendo? Dos pares de medias, 100 pesos”, ofrecen en un puesto. “Elija, elija, por la plata no se aflija”, recita una vendedora para llamar la atención. No hay volantes políticos a la vista, ni pegatinas de carteles que inunden los postes de alumbrado público, imágenes habituales en el proselitismo del conurbano.

Alex Prieto atiende una librería enfrente de la feria. Cuenta que con los clientes que circulan por su local no habla nunca de política y dice que está enterado “de gran parte de los candidatos”, pero no se acuerda del nombre de ninguno. A Prieto lo inquieta “la inseguridad”, pero también “el trabajo y las leyes”.

Beatriz Pintos, que camina por la feria, dice que a ella sí le gusta “estar informada” de las novedades de la política. Es de Catán, pero vive en Villa Gesell y está de visita. Cuenta que tiene decidido su voto, pero no adelanta para quién será.

Decepción y changas

Sandra, empleada doméstica, de 38 años, de Claypole, forma parte de una larga fila de personas en la puerta del Banco Provincia sobre la calle Somellera, en Adrogué, el barrio donde trabaja. “No escuché a nadie ni nada, estoy decepcionada, llego de trabajar y tengo que seguir haciendo changas en casa, voy a decidir cuando tenga que ir a votar”, dice a LA NACION, mientras espera que el banco abra sus puertas para retirar la tarjeta Progresar con el nombre de su hija.

Según Isonomía, hay 36% de bonaerenses “indecisos”, clasificación que aglutina a los que responden “no voy a votar”, “voto en blanco”, “no voto a ninguno” y “no se”. Es todo un récord, advierten.

En la Avenida 83 de San Francisco Solano un pasacalles con el nombre de Cecilia Soler y de Mayra Mendoza atraviesa la calle y se ven afiches con la cara de Diego Santilli junto al exintendente de Quilmes Martiniano Molina. Durante la mañana las unidades básicas del peronismo cerca del centro de Solano están cerradas. Abrirán por la tarde.

En la Plaza Yapeyú, cerca del monumento a Eva Perón inaugurado en 2018, unas treinta personas esperan en fila para hacerse el test de coronavirus. Son pocos los que quieren hablar de política. Pero Yanina, una docente de 34 años que vive en Villa La Florida -en el sur de Quilmes-, cuenta con entusiasmo que hace un mes comenzaron las obras para asfaltar la calle sobre la que se encuentra su casa, y que participó de un Zoom con “Ceci” Soler, la secretaria de Desarrollo Urbano y Obras Públicas de la municipalidad de Quilmes y candidata a concejal en ese distrito. Dice no conocer a Victoria Tolosa Paz, la primera candidata a diputada del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires, pero sabe que va a votar al Frente de Todos.

A unas quince cuadras de la plaza Yapeyú, cerca de un local partidario empapelado con la cara de Mayra Mendoza, Milagro Ocampo, dirigente del partido Miles y de la organización Agustín Tosco, reparte el último bolsón de comida del día. Más temprano, dice Ocampo, repartió boletas del Frente de Todos.

Por tierra y por aire

Una camioneta y una avioneta se intercalan, con pocos minutos de diferencia, para difundir en la plaza de San Justo un mensaje que llama a votar por los candidatos del Frente de Todos en La Matanza. La propaganda política del intendente Fernando Espinoza, sumada a una mesa del Frente de Todos y otras dos del Frente de Izquierda (FIT) y del Nuevo MAS, presagian un clima electoral agitado que, sin embargo, no se condice con lo que opinan vecinos y comerciantes de la zona, ni con lo que palpan a diario en las mesas políticas.

“La gente está muy agotada. Le hables a quien le hables, nadie te dice que está bien. Hay bronca y descontento con Espinoza. Parás a la gente y te dice que no llega a fin de mes, que está cada vez peor. Piden cosas tan básicas como tener cloacas”, resume Belén Gutiérrez, con sus volantes en la mano, en plena peatonal Arieta. Es una de las militantes del MST, el espacio que lleva de precandidato en la interna del FIT a Alejandro Bodart.

“En cuanto a la izquierda -admite-, hay un poco de confusión porque hay internas. Explicamos que hicimos la propuesta de ir todos juntos pero no se aceptó. Hay más claridad con los partidos principales que con los candidatos puntuales.”

Con la municipalidad como eje, el centro de San Justo es un punto neurálgico de la actividad política en La Matanza. Mientras almuerza en un bar tradicional frente a la plaza, José Quiroga, un hombre que vive en Laferrere y tiene 65 años, identifica como las principales problemáticas “el laburo y la pobreza” y dice que no tiene pensado participar de las PASO. “No voy a ir a votar a ninguno. No les doy bola [a los candidatos]. Si no laburo, no como. Hacen política para ellos”, afirma a LA NACION. Su simpatía por el peronismo queda en claro en su frase de despedida: “Si se levanta ‘El Pocho’, los mata a todos”.

Lali Esquivel, una mujer jubilada que hace una pausa en una mesa de un maxikiosco en la peatonal, está interesada en votar pero tiene algunas condiciones. “Me interesan las elecciones, pero no voy a pagar un remis para ir a votar. Si me pasan a buscar, iré”, señala, con su bastón a mano. Afirma que conoce a los candidatos y subraya dos problemas que la preocupan: “La seguridad y el sueldo de los jubilados”.

A pesar de la frialdad que pudo relevar LA NACION en su recorrida por González Catán y San Justo, a La Matanza siempre peregrinan candidatos. La semana pasada visitaron distintas localidades del distrito más poblado de la provincia, entre otros, Facundo Manes (Juntos-Dar el Paso), Daniel Menéndez (Frente de Todos) y Nicolás del Caño (FIT-PTS).

Apatía y bronca

En la avenida Rivadavia llegando al cruce con la General Paz, o en la calle D’Onofrio, en Ciudadela, partido de Tres de Febrero, el único rastro de campaña es una serie de afiches de Bodart. Están pegados sobre el paredón de la General Paz, mirando hacia la colectora. Los transeúntes y comerciantes se dividen entre la apatía y la bronca. Muchos no quieren hablar de elecciones.

En Tres de Febrero, en las elecciones presidenciales de 2019, ganó el Frente de Todos. La fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner sacó 48,59% de los votos, contra 37,69% de la fórmula Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto.

En las calles de esta zona de Ciudadela, pegada al barrio porteño de Liniers, no se ven puestos de partidos políticos. Santiago, un inspector de colectivos, asegura que no concurrirá a votar. “Estoy al tanto, todos se pelean entre ellos”, dice. “El principal problema es que no nos respetamos, nos dividieron tanto que nos peleamos entre nosotros”, afirma.

Gonzalo Santillán, un joven de 25 años que atiende un negocio sobre la calle D’Onofrio que mezcla artículos de audio, bazar y ferretería, responde que sí le interesan las elecciones y que lo que quiere es “tener trabajo” y que mejore la situación de “la inseguridad”.

Todavía están frescos los dardos de Berni a Frederic por los dichos de la ministra de Seguridad, que minimizó el problema de la inseguridad con una comparación con Suiza. Pero entre estos votantes tiene poco eco positivo para el ministro de Seguridad bonaerense. El inspector de colectivos dice que es “puro circo”, mientras que Santillán afirma que no lo conoce.

San Isidro y la interna opositora

Esa misma tarde, el centro de San Isidro ofrece una postal parecida, pero con una diferencia: la interna entre Facundo Manes y Diego Santilli despierta especial interés entre las personas con las que habló LA NACION. Es previsible: en las elecciones presidenciales de 2019 ganó Macri en este distrito con el 57,08% contra el 31,7% de Fernández.

No está claro todavía cuánto influirá el apoyo de Gustavo Posse, cacique del distrito, apoya la lista de Santilli. “A mí Manes siempre me cayó bien pero no sé si tiene mucho contenido. Y Santilli es de la Capital, todavía no me decidí”, dice Mónica, una mujer de 57 años que atiende una panadería en la calle Chacabuco.

“Hay que hacer todo para que el kirchnerismo no gane y estos van a una interna… No entendieron nada”, se queja Horacio, que toma un café en un bar frente a la Catedral.

Hay pocos carteles del Frente de Todos en el distrito gobernado por Posse, y se ven, frente al Sanatorio San Lucas, un stand de Juntos por el Cambio y otro de Convocación -el partido zonal que apuesta a que los vecinos de San Isidro corten boleta para ganar más bancas en el Concejo Deliberante-. Algún vecino los saluda, pero rara vez frena. Mientras comienza a bajar el sol, las calles van quedando desiertas y los encargados de los puestos partidarios empiezan a juntar sus papeles. La campaña entra en la cuenta regresiva y ellos volverán al día siguiente para insistir en la ardua tarea de seducir votantes.

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