Andrés López: “El cepo cambiario es pan para hoy y hambre para mañana”

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Andrés López: "Nadie va a invertir en actividades con retornos de largo plazo si enfrenta un cuadro macroeconómico y regulatorio incierto, sujeto a cambios o volátil"
DIEGO SPIVACOW / AFV

“El cepo es pan para hoy y hambre para mañana”, dice Andrés López, economista experto en desarrollo productivo y comercio internacional. Según el docente universitario e investigador del Conicet, factores como la descoordinación en el Gobierno, la falta de productividad y la inestabilidad macroeconómica y regulatoria condicionan el crecimiento de las exportaciones y afectan el ingreso de divisas. Al analizar el contexto económico local, sostiene que “la palabra complicado lo resume bastante bien”.

–¿Por qué ese diagnóstico?

–-Lo miro desde el lado productivo y el comercio, que es en lo que yo trabajo. Las cosas que hacen que una economía crezca, es decir la acumulación de capital físico, el capital humano y el cambio tecnológico, tienen retornos en el mediano y largo plazo. Y la inestabilidad institucional y macroeconómica son sus principales enemigos, porque nadie va a invertir en actividades con retornos de largo plazo si enfrenta un cuadro macroeconómico y regulatorio incierto, sujeto a cambios o volátil, salvo que haya regímenes que te aíslan parcialmente de eso, como el caso de la economía del conocimiento, que tiene sus propios problemas, o los regímenes de hidrocarburos, por citar algunos ejemplos. Hay un círculo vicioso, en el que estamos atrapados hace tiempo; las actividades que necesitás para que la economía crezca, genere empleo, traiga las divisas y aumente la productividad difícilmente convivan con este contexto de volatilidad e incertidumbre, y esto no va solo para este Gobierno. Viene al menos desde que terminó el boom de las commodities. Y, de hecho, hay cuestiones o decisiones que te mejoran la macro temporalmente, pero a veces son un problema a la luz de estimular la inversión o la innovación, porque solucionás con un parche de corto plazo, pero le metés un agujero al largo plazo.

–¿Cómo qué medidas?

–Por ejemplo, todos los cambios que aumentan la presión impositiva que se fueron dando en los últimos años para solucionar el déficit fiscal. Son cosas que dan malas señales para la inversión. En estos días apareció una queja de la Unión Industrial Argentina por el cambio en el ajuste por inflación que impacta en Ganancias. También el cepo. Con estas regulaciones, los dólares no salen pero tampoco entran. Supongamos que soy un inversor y que tengo un proceso productivo, como el famoso caso del hidrógeno verde. Si traigo dólares, me quiero llevar dólares, y no quiero tener problemas para llevarme el dinero de mi actividad porque aparece un cepo o trabas para repatriar capitales o mandar divisas afuera. Son cosas que no son propias de este Gobierno en particular, pero es parte del paisaje que estamos viendo hoy. Están todos los esfuerzos que hace la gente de Desarrollo Productivo por aumentar las inversiones y las exportaciones y, de repente, en público, viene otro funcionario y propone más retenciones. Hay también señales contradictorias.

–¿Cómo impactan esas cuestiones de gestión o institucionales?

–Después de la época de Cavallo o Lavagna, que eran ministros poderosos y con mucha autoridad, los siguientes han tenido funciones recortadas. Esto atravesó también al gobierno de Macri, que no quiso tener un ministro de Economía poderoso y en un momento hasta apareció un ministro de Finanzas, que es algo bastante inédito. Y ese es el temor a que esta gente se vuelva un actor político relevante, como lo hicieron Cavallo o Lavagna, con mayor o menor éxito. Eso es malísimo, porque es un concepto de muy corta mira. Necesitás coordinar muchas variables y es difícil cuando las decisiones están compartimentadas, incluso con actores que tienen visiones muy diferentes sobre lo que hay que hacer. Pensemos en Aranguren con el gobierno anterior: su política de tarifas era incompatible con otros objetivos vinculados a la estabilidad inflancionaria o incluso a la propia sustentabilidad social. Cuando seamos Suiza, que haya 20 ministerios, pero acá necesitamos menos y con mayor capacidad de decisión de alguien que coordine. Se necesita que las visiones entre los tomadores de decisión estén alineadas.

Andrés López: "Después de la época de Cavallo o Lavagna, que eran ministros poderosos y con mucha autoridad, los siguientes han tenido funciones recortadas"
DIEGO SPIVACOW / AFV


Andrés López: "Después de la época de Cavallo o Lavagna, que eran ministros poderosos y con mucha autoridad, los siguientes han tenido funciones recortadas" (DIEGO SPIVACOW / AFV/)

–La Argentina no crece hace más de una década. ¿Cuáles son las claves de ese estancamiento?

–Si tuviera la respuesta sería premio Nobel (risas). Hay varios temas. Los economistas suponemos que la clave del crecimiento de largo plazo está en la productividad, y la productividad en la Argentina ha venido teniendo un desempeño muy decepcionante, incluso en la época del boom de las commodities. América Latina en general tuvo un desempeño malo en los últimos 20 años comparado con el de otras regiones, y la Argentina estuvo entre los peores países. Eso es producto de un conjunto de circunstancias que, entre otras cosas, se vincula con un débil ritmo de adopción de tecnologías modernas.

–¿En qué sentido?

–En la Argentina conviven empresas muy diferentes, hay grandes y hay un enorme conglomerado de pymes, e incluso un montón de empresas informales que tienen un bajo nivel de productividad y que trabajan con tecnologías obsoletas, no solo en cuanto a equipos, sino también en cuanto a tecnologías blandas, organizacionales, etcétera. Un segundo punto es que hay sectores con muy baja productividad. En la economía argentina hay sectores trabajo-intensivos, que muchas veces están sujetos a protecciones arancelarias y no arancelarias, como las licencias de importación. Este no es un país que pueda ser competitivo con sectores trabajo-intensivos como el calzado o la vestimenta en general. No es ni puede aspirar a serlo. Nadie cree que la Argentina tenga que competir con salarios en dólares bajos, es difícil pensar eso. Sin embargo, necesitás a esos sectores porque son los que generan empleo industrial, y si se caen vas a tener un problema de desempleo probablemente duradero, porque esa gente no va a conseguir trabajo en otro lado. Pero nadie se pone la tarea al hombro de convertir actividades y habilidades, para ver si logramos tener un proceso o sendero para resolverlo. Después, las empresas informales trabajan para mercados muy poco demandantes, no son sujetos de crédito, emplean a trabajadores que están en la informalidad y que son de muy bajo nivel de calificación. Son una serie de problemas importantes. Y, a su vez, la Argentina ha ido perdiendo calidad en su sistema educativo y finalmente estamos muy mal integrados en la economía global, y eso también dificulta aumentar la productividad.

–¿Por qué?

–Porque las empresas que exportan aprenden. Las más productivas tienen más posibilidades de exportar, pero cuantas más empresas exportadoras haya, más van a aprender y van a estar expuestas a las demandas de mercados externos, que son más exigentes que los locales para países como el nuestro. Si se crece en exportaciones, hay que mejorar el sistema de protección del ambiente, reducir el impacto o tener mejores certificaciones de trazabilidad ante la eventualidad denuevos problemas como el Covid. Los efectos no son solo para la empresa que exporta, porque esa firma traslada eso a sus proveedores, y si hay pocos exportadores, hay poco derrame al resto de la economía. A veces parece que exportar es solamente generar divisas, pero tiene muchos otros impactos.

–¿Por dónde debería pasar una agenda exportadora para el país?

–Para exportar hay que tener empresas con nivel de productividad para competir, con tecnología moderna, que tengan acceso a mano de obra capacitada o puedan capacitarla. Hay que incentivar a que si las firmas no consiguen habilidades en el mercado las puedan formar, con esquemas de incentivos o subsidios, que son un buen subsidio porque la mano de obra no es esclava, se puede ir a trabajar a otra empresa y eso es importante para que la productividad derrame. Y además de las capacidades de las empresas, algo clave es que las firmas tengan conocimiento de los mercados externos. Toyota tiene claro el mercado internacional de los autos, pero una pyme que fabrica muebles no tiene la más remota idea de qué clase de muebles se requieren en México o Canadá. Son un montón de cuestiones que las pymes no van a averiguar solas, y para eso están las agencias de promoción de las exportaciones, que en el país después de la experiencia Exportar, que funcionó bastante bien hasta comienzos de los 2000, entró en cambios institucionales. Hay muchos estudios del impacto positivo de las agencias de promoción, pero si hoy tiene un nombre y una estructura y mañana se llama de otra forma y cambiás al personal, no se forma una institucionalidad sólida. Otra cuestión importante es que haya más acuerdos comerciales. Uno puede pensar lo que quiera del libre comercio, pero si soy un productor de vino y quiero exportar a Estados Unidos, estoy en desventaja frente a los chilenos que ingresan con arancel cero o preferencial.

Andrés López: "Para exportar hay que tener empresas con nivel de productividad para competir, con tecnología moderna, que tengan acceso a mano de obra capacitada o puedan capacitarla"
DIEGO SPIVACOW / AFV


Andrés López: "Para exportar hay que tener empresas con nivel de productividad para competir, con tecnología moderna, que tengan acceso a mano de obra capacitada o puedan capacitarla" (DIEGO SPIVACOW / AFV/)

–¿Y en cuanto al acceso a divisas o a insumos para la producción?

–Para exportar hay que importar. En el mundo de las cadenas de valor, la producción está fragmentada, y las empresas tienen que tener claridad de que van a tener acceso a insumos. Tal vez para una empresa grande no sea un problema, pero para una pyme que quiere empezar a exportar no es muy seguro que vaya a tener acceso a insumos, en un régimen de regulaciones cambiantes. Y son cruciales las exportaciones indirectas. El comercio mundial está gobernado por empresas multinacionales de gran porte, y el desarrollo de proveedores locales y eficientes siempre es una ventaja, porque no hay costo de transporte y demás. Hay que lograr que tengan niveles de eficiencia aceptable. Eso no solo hace que se ahorren divisas, sino que permite que esos proveedores aprendan y se conviertan en exportadores mañana, cuando son certificados por una multinacional. Eso puede ayudar a generar más exportaciones. Y es fundamental que todo el gobierno esté convencido de que la exportación es una prioridad. Se necesita una agenda coordinada y consensuada adentro del sector público.

–¿Cómo ve la situación del tipo de cambio y su impacto?

–Lo histórico muestra que hoy el dólar no está particularmente atrasado, pero en la medida en que siga lo que pasó en 2021 con la devaluación por detrás de los precios, se acumula y se entra en zona de atraso. Eso es evidente. Pero el problema es el cepo, porque es un incentivo a subfacturar exportaciones, porque las ventas se harán donde se puedan cobrar dólares y no dólares dividido dos. Eso se ve en el caso de los servicios basados en el conocimiento. La serie del Ministerio de Trabajo muestra que en el sector software el empleo no ha parado de crecer en 20 años y las exportaciones de software en los últimos años han tenido una tendencia decreciente; eso se explica porque hay gente facturando en otro lado. Y las empresas del sector se quejan no porque un programador les roba un cliente, sino porque no tienen acceso a gente. ¿Por qué alguien va a trabajar con un sueldo en pesos en vez de abrir una cuenta, cobrar en dólares y trabajar para quien quiera? Es una tendencia global, pero acá hay un tema cambiario local. El cepo es pan para hoy y hambre para mañana.

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