Análisis: Joe Biden en Arabia Saudita, el regreso de la realpolitik estadounidense

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© AFP - BANDAR AL-JALOUD

El presidente estadounidense, Joe Biden, llegó el viernes a Arabia Saudita para una visita de dos días. Un país del que se distanció en la campaña electoral y durante los primeros dieciocho meses en la Casa Blanca. Pero la guerra en Ucrania y el contexto geopolítico en Medio Oriente lo obligaron a revisar su doctrina.

El presidente estadounidense, Joe Biden, llegó este viernes 15 de julio a Arabia Saudita para una visita destinada a recomponer las relaciones de Washington con un país al que Biden había amenazado con volverlo un estado “paria” en la escena internacional luego del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018.

El jefe de la Casa Blanca se reunió con el príncipe heredero, Mohamed bin Salman, al que saludó con un choque de puños. También se reunió con otros jefes sauditas, con los que hablara sobre petróleo y seguridad energética, defensa y seguridad regional, así como sobre derechos humanos.

Hecho inusual: el presidente de Estados Unidos consideró indispensable publicar una columna de opinión en el diario 'Washington Post' que justificara su decisión de haber ido a Arabia Saudita los días 15 y 16 de julio.

“Yo sé que muchos no están de acuerdo con mi decisión de ir a Arabia Saudita”, escribió Joe Biden en el texto, antes de intentar tranquilizar: “Mis opiniones sobre los derechos humanos son claras y continúan, las libertades fundamentales están siempre en la agenda cuando viajo”.

Socio privilegiado de Washington desde el famoso "Pacto de Quincy", concluido en 1945, el reino saudita ha recibido a todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, en los últimos treinta años. George Bush padre, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump han visitado Riad al menos una vez durante su mandato, siendo Barack Obama el que más fue, con cuatro visitas entre 2009 y 2016.

El asesinato en 2018 del periodista Jamal Khashoggi, que trabajaba para el 'Washington Post', cambió el juego. Dos años después, Joe Biden prometió, durante su campaña presidencial en 2020, reducir la monarquía saudita al rango de "paria". El objetivo era claro: llevar la contraria a su predecesor, Donald Trump, haciendo de la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos una prioridad.

Una vez electo, Joe Biden cumplió su palabra. En pocos días, en febrero de 2021, cuestionó el apoyo de Estados Unidos a Arabia Saudita en la guerra de Yemen, retiró a los hutíes de la lista negra de organizaciones terroristas de Estados Unidos y desclasificó un informe de la CIA que concluía que el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salman, había "validado" el asesinato de Jamal Khashoggi. Pero ahora el presidente estadounidense está dispuesto a reforzar los lazos entre ambas naciones.

"La invasión rusa de Ucrania ha barajado todas las cartas"

"Es un movimiento que no es evidente para el público estadounidense, dada la postura adoptada por Joe Biden al principio de su mandato. En el lado demócrata, se le acusa de negarse a sí mismo. Y en el bando republicano se mofan de que haga lo mismo que Trump después de haberlo criticado decididamente. Por ello, su tribuna pretende responder en previsión de estos ataques", explica David Rigoulet-Roze, investigador asociado al Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, profesor-investigador adscrito al Instituto Francés de Análisis Estratégico, y director de la revista 'Orients Stratégiques'.

"Hemos revertido la política de cheques en blanco que heredamos" del anterior presidente Donald Trump, se defiende Joe Biden en su tribuna. "Desde el principio, mi objetivo ha sido reorientar -pero no romper- la relación", afirma.

Joe Biden se ha visto atrapado por el principio de la realidad, es decir, la defensa de los intereses geopolíticos y estratégicos estadounidenses", analiza David Rigoulet-Roze. La invasión rusa de Ucrania ha barajado todas las cartas al hacer subir el precio del petróleo y provocar una inflación que afecta a todos los países occidentales, incluido Estados Unidos. Esta situación da a Arabia Saudita un lugar central que Joe Biden no puede ignorar".

Por ello, Washington desearía que el mayor exportador de crudo del mundo abriera las compuertas para calmar la subida de los precios del petróleo y aliviar la inflación que, además de las consecuencias económicas, está perjudicando las posibilidades de los demócratas en las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.

En caso de fracaso en la cuestión nuclear iraní, hay que contener a Teherán

Más allá del petróleo, hay otros temas que protagonizan en el esquema del viaje de Joe Biden, que promete "profundizar y ampliar" el proceso de normalización de las relaciones entre Israel y algunos países árabes, puesto en marcha bajo la tutela de Donald Trump. Un expediente directamente relacionado con la cuestión nuclear iraní.

"Los estadounidenses empiezan a tomar nota de que probablemente no podrán cerrar un acuerdo nuclear con Teherán", subraya David Rigoulet-Roze. "En consecuencia, su objetivo ahora es contener a Irán mediante la creación de una arquitectura de defensa regional en la que participen Israel y los países árabes. Pero no puede haber un sistema de seguridad global eficaz sin Arabia Saudita".

Las declaraciones de Joe Biden en Israel el jueves confirman esta tendencia. El presidente estadounidense se mostró a favor de la vía diplomática con Teherán, al tiempo que precisó que Estados Unidos no "esperará indefinidamente" a Irán para llegar a un acuerdo que reactive el de 2015, mientras que las negociaciones están estancadas.

Joe Biden tiene previsto participar en una cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo, que reunirá a los dirigentes de Arabia Saudí, Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. También se espera que asistan los líderes de Egipto, Irak y Jordania, según un alto funcionario estadounidense citado por la agencia de noticias AFP.

Mantener la ventaja sobre China

Finalmente, la última cuestión, que ha recibido menos atención de los medios de comunicación, se refiere a la rivalidad entre Washington y Bejing, que Joe Biden apenas abordó con unas pocas palabras - "poniéndonos en la mejor posición posible para suplantar a China"- en su artículo publicado en el 'Washington Post'.

"Mohammed bin Salman sugirió a principios de este año que Arabia Saudita podría denominar sus ventas de petróleo a los chinos en yuanes en lugar de dólares, lo que sería una bomba, dado que el grueso de las transacciones del mercado petrolero se realizan en petrodólares", afirma David Rigoulet-Roze. "Desde el punto de vista del prestigio y el estatus de la potencia estadounidense en el mundo, un cambio así supondría un gran trastorno. La amenaza apenas velada era todo menos inocua y el mensaje subliminal fue perfectamente recibido en Washington".

Así, la realpolitik se impuso a la visión del mundo de Joe Biden, permitiendo que Arabia Saudita pasara de ser un "paria" a ser de nuevo un socio indispensable para Estados Unidos en tan sólo unos meses.

*Adaptado de su versión original en francés

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