Amuletos secretos y séptimos hijos: en Irlanda la curandería está viva y goza de buena salud

·6  min de lectura
Joe Gallagher atiende con medicina tradicional el sarpullido de un infante de un año de edad, en Pullough, Irlanda, el 14 de noviembre de 2021. (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)
Joe Gallagher atiende con medicina tradicional el sarpullido de un infante de un año de edad, en Pullough, Irlanda, el 14 de noviembre de 2021. (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)

PULLOUGH, Irlanda — Los domingos en la mañana, durante dos horas, hay personas que llegan al bar con todo lo que les aqueja. Un niño pequeño con sarpullido, un agricultor con tiña, un hombre con infección en la garganta.

Vienen a ver a Joe Gallagher, el propietario de un bar color amarillo enclavado junto a un canal del pequeño poblado irlandés de Pullough en el condado de Offaly.

Creen que, por ser el séptimo hijo en su familia, él posee el don para curar.

“Me he dedicado a esto toda mi vida”, comentó Gallagher, de 75 años, al tiempo que daba una profunda bocanada a su cigarrillo. Mientras explicaba la manera en que cura —colocando las manos en el área afectada, haciendo la señal de la cruz y rezando algunas oraciones— expulsaba listones de humo que se arremolinaban alrededor de su rostro.

Gallagher no es más que uno de los cientos de curanderos, o personas que tienen “el don para curar”, de toda Irlanda, una aproximación a la atención de la salud que combina los remedios caseros con el misticismo, la superstición, la religión y una pizca de magia.

Para muchas personas en Irlanda, se trata de la fe en la medicina tradicional, los amuletos que curan y los curanderos religiosos, lo cual sigue formando parte de la vida, aunque esté desapareciendo.

Algunas de las personas que se cree que tienen el don para curar son el séptimo hijo, como Gallagher, un orden de nacimiento que desde hace mucho tiempo se ha creído que confiere poderes especiales.

Rezos en la catedral de San Muiredach, en Ballina, Irlanda, el 11 de noviembre de 2021. (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)
Rezos en la catedral de San Muiredach, en Ballina, Irlanda, el 11 de noviembre de 2021. (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)

Otras personas se encargan de mantener las tradiciones familiares, desde rituales, oraciones y amuletos hasta tinturas de hierbas que se ofrecen como remedio para todo: quemaduras, torceduras, sarpullidos y tos.

La gente ha recurrido a Gallagher desde que era niño. “Creo que se debe tener fe en eso”, comentó al reconocer que este método no siempre funciona. “Yo no diría que hago milagros”.

Esta práctica es muy religiosa para Gallagher, un antiguo monje quien mencionó que su orden había sido tolerante con la curandería.

“Tienes que poner el alma y el corazón en ello y le pides a Dios que te ayude a hacerlo”, afirmó.

Para otras personas, la curandería depende menos de la religión cristiana y más de los secretos transmitidos durante siglos por medio de la tradición oral.

Bart Gibbons, de 57 años, propietario de una tienda de comestibles en el poblado de Drumshanbo del condado de Leitrim, tiene un remedio para las verrugas que le enseñó su padre, quien, a su vez, lo aprendió de su padre.

Consiste en tomar un manojo de plantas en forma de varas y rezar una combinación de oraciones mientras se sostienen sobre el área afectada para luego enterrarlas. Se cree que las verrugas desaparecen cuando las plantas se pudren.

Gibbons no tenía pensado seguir con el remedio de su padre después de que este falleciera, pero entonces se presentó una mujer en la puerta de su casa pidiéndole que le curara las verrugas antes del día de su boda y le dijo que lo intentaría. El remedio funcionó y desde entonces ha estado viniendo la gente, algunas personas desde cientos de kilómetros de distancia.

Gibbons explicó que no estaría bien que le paguen por curar, y los especialistas afirman que la idea de que el pago es un tema tabú está muy arraigado en la tradición. Gibbons se identificó como un “receptáculo” de su remedio. “Yo no tengo poderes sagrados, ni pretendo tenerlos”, comentó.

Desde el punto de vista de Gibbons, la curandería tiene que ver con creer en ello más que con la religión. “Creo que el mismo cuerpo hace que se cure cuando la gente tiene la suficiente confianza en que esto ha ocurrido”, afirmó.

A Ronald Moore, un profesor adjunto de Salud Pública en la University College Dublin que ha pasado años investigando la curandería y quien resalta que existen pocas pruebas científicas de la eficacia de esta práctica, le parece lógico atribuirle los resultados positivos de la curandería a algo parecido al efecto placebo.

Pero eso no significa que la comunidad médica descarte por completo los posibles beneficios, y sabemos que algunos médicos mandan a sus pacientes a recibir estos remedios, casi siempre para problemas de la piel u otros padecimientos sin importancia.

“Por un lado, las prácticas modernas repudian esto calificándolo de deshonesto, atroz y de charlatanería”, señaló Moore. “Pero en realidad, de hecho, lo utilizan”.

Pese a que, en un país con una abrumadora mayoría católica, a muchas curas se les ha conferido un componente religioso, esta tradición —la cual, con todo y sus variantes, aún existe en muchas culturas de todo el mundo— es ancestral.

“Los remedios y los amuletos son muy anteriores a la Iglesia establecida, son previos al cristianismo”, explicó Moore. En realidad, es una práctica pagana”.

Puesto que las familias irlandesas son cada vez más pequeñas, el séptimo hijo se ha vuelto algo mucho menos común. Pero Andrew Keane, de 37 años, quien vive en el condado Mayo, es uno de ellos. Cuando era bebé, otro séptimo hijo les dijo a sus padres que su bebé podía curar la tiña y le enseñó el ritual. Su madre aún tiene recuerdos muy vívidos de cuando Andrew, siendo un niño muy pequeño, extendía sus manitas y rezaba las oraciones de curación.

En su comunidad agrícola, donde la tiña es frecuente en el ganado y se contagia con facilidad a los seres humanos, esto era un remedio popular. Ahora, con dos hijos propios, la curandería es solo una parte de su rutina diaria y en realidad nunca se lo ha cuestionado.

“No me sentiría bien si dejara de hacerlo”, comentó Keane, quien atiende a las personas en la noche, después de trabajar como albañil. “Siento que es un don que me concedieron y ¿por qué no habría de usarlo?”.

Keane también cura a los animales. Esta noche en particular, fue a visitar a unos vecinos, Áine McLoughlin, de 54 años y su esposo, Chris McLoughlin, de 55, cuyos dos perros tenían tiña.

“Pensé que valdría la pena intentarlo porque los perros no mejoraban”, explicó Chris McLoughlin, y añadió que ya habían ido al veterinario.

Keane golpeó el suelo tres veces, hizo la señal de la cruz y colocó las manos sobre el lomo de los westy, al tiempo que rezaba la avemaría.

Mientras lo observaba, Áine McLoughlin comentó que, desde pequeña, siempre había creído en la curandería. Pero le preocupa que esos rituales se pierdan en la siguiente generación.

“Es algo que nunca se podrá encontrar en Google”, afirmó.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.