Los amotinados del Capitolio se marcharon. Los manifestantes a favor de la protección del clima vieron una doble moral.

John Schwartz
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Jane Fonda es detenida por la policía por hacer uso de la desobediencia civil en una manifestación en contra del cambio climático celebrada en las escaleras de la Rotonda del Capitolio de Estados Unidos en Washington, el 11 de octubre de 2019. (Ting Shen/The New York Times)
Jane Fonda es detenida por la policía por hacer uso de la desobediencia civil en una manifestación en contra del cambio climático celebrada en las escaleras de la Rotonda del Capitolio de Estados Unidos en Washington, el 11 de octubre de 2019. (Ting Shen/The New York Times)
Un enfrentamiento de la policía con manifestantes que protestaban en contra del Oleoducto para Acceso a las Dakotas y ocuparon un puente al norte de la reserva sioux de Standing Rock en Cannon Ball, Dakota del Norte, el 28 de octubre de 2016. (Angus Mordant/The New York Times)
Un enfrentamiento de la policía con manifestantes que protestaban en contra del Oleoducto para Acceso a las Dakotas y ocuparon un puente al norte de la reserva sioux de Standing Rock en Cannon Ball, Dakota del Norte, el 28 de octubre de 2016. (Angus Mordant/The New York Times)

La relativamente pequeña cantidad de arrestos después de que una muchedumbre irrumpió en el Capitolio dejó a muchos ambientalistas perturbados el jueves… y quieren respuestas. ¿Por qué tanta gente que llevó la destrucción al hogar de la democracia estadounidense simplemente se marchó después de haber provocado tanto daño, no solo a un edificio, sino al sentido de identidad de la nación?

El reverendo Lennox Yearwood júnior, pastor y activista comunitario que encabeza Hip Hop Caucus, una agrupación civil y de derechos humanos, consideró “desgarrador” ver cómo se permitía que los amotinados salieran del Capitolio aparentemente sin repercusiones. Yearwood tiene un historial largo de protestas sobre varios asuntos y, como resultado, ha sido arrestado, incluso golpeado.

“Sabemos que pasaremos por ese castigo” como parte del combate en pro de una energía más limpia, la justicia ambiental, un mejor mundo, comentó. “Hasta ayer, yo creía: ‘Así se debe hacer esto. Paralizas negocios, te arrestan, te tratan de esta manera’”, señaló.

“Lo de ayer cambió todo”, opinó. Algunos amotinados llevaban armas, hirieron a policías y cometieron actos de vandalismo, y “ciertos policías les permitieron irse”.

“Hay dos mundos”, señaló. “Y debemos arreglar ese problema”.

Jacquelyn Gill, científica del instituto del cambio climático de la Universidad de Maine, comentó en Twitter: “Se arrestaron a más personas en las manifestaciones no violentas realizadas en el Capitolio en contra del cambio climático en 2018 que en la insurrección violenta del Capitolio de 2021”.

Desde hace tiempo, las protestas en Washington han sido parte del activismo en contra del cambio climático y otros movimientos, así como también lo han sido los arrestos.

Desde el otoño de 2019 hasta enero de 2020, la actriz Jane Fonda asistió a manifestaciones semanales conocidas como Fire Drill Fridays para llamar la atención sobre el cambio climático. Fonda fue arrestada cinco veces, al igual que otras celebridades como Sam Waterston y Martin Sheen. En total, tan solo en el transcurso de esas protestas, ocurrieron más de 600 arrestos, desde 16 en la primera manifestación hasta más de 300 en la última del 11 de enero de 2020.

Según conteos de The Associated Press, esas cifras palidecen en comparación con los más de 10.000 arrestos que se dieron el año pasado relacionados con las protestas en contra del racismo y la brutalidad policiaca en todo el país, muchos de los cuales fueron por cargos menores como no dispersarse o violaciones a toques de queda.

Bill McKibben, escritor y activista que declaró haber sido arrestado cuatro veces tan solo en Washington y media docena de veces en otras protestas, dijo que la desobediencia civil no violenta basada en los ejemplos del reverendo Martin Luther King júnior, Gandhi y las sufragistas es “uno de los mejores inventos del siglo XX”.

“Cuando realmente funciona, cautiva los corazones de la gente”, opinó.

Además, una parte crucial de la idea de la desobediencia civil pacífica es la disposición para aceptar un castigo, incluido un arresto.

Según McKibben, en comparación, en la irrupción que se dio el miércoles en el Capitolio hubo violencia y vandalismo; además, algunos miembros de la muchedumbre llevaban armas y abrazaderas de plástico para usarlas como esposas. “Estos tipos estaban intentando infligir sufrimiento y castigo a otras personas: es lo opuesto a la desobediencia civil”, denunció McKibben. “Y lo curioso es que fue recibido con la reacción opuesta”.

Por supuesto que enfrentar una muchedumbre violenta y que podría portar armas no es lo mismo que hacer frente a manifestantes organizados que tal vez tengan la intención de ser arrestados; además, es muy probable que la policía esté reacia a intensificar confrontaciones que pudieran provocar con facilidad el derramamiento de sangre y la pérdida de vidas.

No obstante, el trato aparentemente delicado que recibieron los manifestantes el miércoles perturbó a Kate Ruane, asesora legislativa sénior de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, quien señaló que el trato que se le dio a una multitud en su mayoría blanca había sido mucho más amable que la respuesta de la policía frente a muchos de los manifestantes antirracismo y activistas de color en contra del cambio climático, incluida la dispersión de la plaza Lafayette con irritantes químicos y el uso de la fuerza en Washington el año pasado, así como el trato que han recibido activistas nativos estadounidenses y otros que se oponen a los proyectos de oleoductos.

“Nos corresponde a todos nosotros”, mencionó Ruane, comparar las imágenes del disturbio en el Capitolio con las imágenes del trato que se le ha dado a otros manifestantes “y hacer preguntas inquisitivas sobre la diferencia”.

Ruane agregó que muchos estados están intentando endurecer los cargos para las protestas que involucren infraestructura, “únicamente dirigido a impedir que se expresen mensajes que no le gustan a la gente en el poder”.

El presidente electo Joe Biden realizó una observación similar el jueves. “Nadie podrá decirme que si la protesta de ayer hubiera sido de un grupo de Black Lives Matter no lo habrían tratado de una forma muy pero muy diferente que a la muchedumbre de bravucones que irrumpieron en el Capitolio”, mencionó Biden. “Todos sabemos que es verdad y es inaceptable. Completamente inaceptable”.

El año pasado, Yearwood fue arrestado en Washington junto con McKibben por hacer una sentada en un Chase Bank: querían llamar la atención hacia el conducto financiero que hay entre importantes instituciones financieras y la industria de los combustibles fósiles. Según Yearwood, el objetivo nunca “es ser violento, sino ser lo más pacífico posible”, y colaborar con la policía “al reconocer el trabajo que debe hacer” para restaurar el orden.

En comparación, la respuesta indulgente que se dio el miércoles hacia un grupo constituido de manera abrumadora por manifestantes blancos “fue el epítome de la supremacía blanca”, comentó Yearwood, y un peligroso precedente para el futuro de las protestas en Estados Unidos. Yearwood dijo que temía que, en el futuro, cuando les aconseje a los jóvenes activistas que opten por el camino de la no violencia, le digan que “todas esas palabras de paz de las que hablan, reverendo y Bill, no funcionan”.

“Y eso produce destrucción”, opinó.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company