AMLO y la contrarreforma eléctrica: los privilegios del fracaso

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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

ANDRÉS MANUEL López Obrador acaba de regresar de su primera intervención como presidente del Comité de Seguridad de la ONU. Decidió hablar, entre otros asuntos, sobre corrupción y derechos humanos de los migrantes. También presentó un proyecto para acabar con la pobreza en el mundo. En su imaginario privado, el presidente supuso que la ONU era algo así como una mañanera mundial, pero más tardó en concluir su discurso que en recibir la respuesta de los embajadores de Rusia y China, que diplomáticamente le dijeron que este no era el foro para ventilar esas inquietudes.

Human Rights Watch por su parte le dijo que, si tanto le preocupan los migrantes, detenga las zacapelas que el Ejército mexicano les pone a los haitianos. Además, si de algo no podemos dar lecciones es de combate a la corrupción, pues nuestro país ha caído 14 lugares en el índice de corrupción del conteo de World Justice Project, al pasar del lugar 121, en 2019, al lugar 135, en 2021.

El presidente trae en su cartera los últimos escándalos y, además, el golpe político a su contrarreforma eléctrica. Esta última define su estilo de gobierno y aquí queremos abundar en ella.

Enrique Quintana hizo recientemente un recuento de la gente que reprueba o aprueba la reforma y definió cuántos la conocen y cuántos no; llegó a la conclusión de que la mayor parte de la gente no sabe en qué consiste. Hoy trataré, de manera simple, de explicarla.

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Lo primero es ver de dónde venimos en esta cuestión, para luego analizar dónde estamos, a dónde quieren llevarnos, y ponderar las ventajas o desventajas de la propuesta.

La historia se remonta a 1879, cuando la Fábrica de Hilados y Tejidos La Americana se instaló en León, Guanajuato, y trajo la primera planta de generación de electricidad al país. Otras compañías también instalaron sus plantas de luz. La luz llegó a la Ciudad de México en 1881; a Guadalajara, en 1884, y a Monterrey, en 1888, y así sucesivamente se fueron iluminando las ciudades del país. Cada una tenía su compañía de luz y estas en general estaban en manos de extranjeros.

Álvaro Obregón llegó a la presidencia en 1920 para encontrarse con una industria eléctrica variopinta. La electricidad en México daba toques de todos colores y sabores. Esto se debía a que los equipos de generación en cada localidad eran diferentes y era imposible interconectarlos.

Era necesario regular la producción de energía en el territorio y así se creó la Comisión para el Fomento y Control de la Industria de Generación y Fuerza Eléctrica. Su influencia fue poca al principio, pero con ella se comenzó a construir un proyecto eléctrico para el país y a regular las industrias extranjeras.

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México requería que tanto las zonas urbanas como las rurales tuvieran acceso a la electricidad, y para las compañías privadas llevar la electricidad al campo no era rentable, pero la electricidad era en un bien fundamental para nuestro desarrollo. Con esto en mente se creó la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en 1933. Esta no perseguía el lucro y podía llevar la luz a cualquier rincón del país a precios bajos.

En 1960 la CFE tenía la fuerza para hacerse del control de toda la electricidad del país, y el presidente Adolfo López Mateos decidió comprar las compañías de producción privada que quedaban en el mercado. Con ello se nacionalizó la industria eléctrica. Las empresas privadas se convirtieron en empresas del Estado. Esto trajo ventajas y desventajas. La ventaja fue que el país se comenzó a electrificar dentro de un plan estratégico de desarrollo. La desventaja, que los criterios de manejo de la empresa comenzaron a obedecer a fines políticos.

Una empresa paraestatal es necesaria cuando en un país se necesita producir un bien o servicio para toda la población y no hay empresarios que inviertan en ella. Otra situación es cuando los empresarios han creado un cártel para controlar el precio. Ahí la empresa paraestatal cumple con la función de establecer la competencia para normalizar el precio, pero antes o después las empresas estatales van a la quiebra.

¿Y LOS CONFLICTOS DE INTERESES?

La razón para esto es simple: las empresas necesitan dinero para trabajar. Así el empresario maneja la empresa con su dinero y el político también maneja la empresa con su dinero. El detalle está en que el empresario maneja la empresa con su propio dinero y el político maneja la empresa con el dinero de usted. Es decir: con el dinero de sus impuestos.

De manera que si el empresario pierde dinero y no puede revertir las pérdidas se quedará sin capital económico y se irá a la ruina; pero si el político pierde dinero el Estado refaccionará el capital económico que se haya perdido y el político, no obstante el menoscabo económico, puede ganar influencia política, y ese es el principal capital para un político.

De esta manera, el político que maneja una empresa paraestatal vive en un permanente conflicto de intereses, pues su obligación es para con la empresa. Debe reducir los costos, abaratar el servicio y evitar las pérdidas, pero su interés está casado con su futuro político, y puede ser que sus intereses personales colisionen con los intereses de la empresa. Cuando esto suceda el político siempre privilegiará al interés personal.

El ejemplo claro de esto lo acabamos de ver en los movimientos que Manuel Bartlett hizo en la CFE, pues redujo la edad de jubilación de los trabajadores de 65 a 60 años y con esto produjo un impacto negativo en la empresa de 85,000 millones de pesos. La decisión es un grave error administrativo, pues en 2020 la empresa perdió 85,000 millones de pesos y está en camino de volver a presentar pérdidas en el año que corre.

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Pero volvamos a nuestra historia: el manejo político de la CFE incrementó el costo de producción de la electricidad. Además, su esquema no rentable no generaba recursos para invertir en equipo con tecnología actualizada. La luz comenzó a salir muy cara.

Para abastecer las necesidades del país, Carlos Salinas abrió el mercado a la producción privada conservando el monopolio de la distribución de energía. Con esto la Comisión podía acceder a electricidad barata y distribuirla entre la población obteniendo una mayor utilidad por la venta.

Felipe Calderón siguió en esta línea y Enrique Peña Nieto liberó aún mas la producción. Una libertad fundamental para la sociedad es poder producir los insumos que consume, y las empresas finalmente pudieron generar la electricidad que consumían. Así se instalaron parques solares y la industria de fabricación de sistemas de generación para particulares comenzó a crecer.

Muchas familias que pagaban hasta 5,000 pesos mensuales de luz vieron cómo sus gastos descendían a menos de 500 pesos mensuales cuando instalaron celdas solares en sus casas. Las empresas que instalaron estos sistemas o contrataron con empresas generadoras privadas también tuvieron ahorros considerables y redujeron costos.

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El Estado admitió que era ineficiente y comenzó a ceder terreno en el mercado. Así, inversionistas nacionales y extranjeros establecieron plantas generadoras de electricidad y comenzaron a distribuir la luz.

AMLO trajo la idea de que reforzando a Pemex y a la CFE tendría ingresos para su transformación. La realidad evidenció a Pemex como un pozo sin fondo de dinero, pero la CFE aún podía ser la solución. Para ello había que echar para atrás las reformas, regresar al monopolio y agarrar por el cogote a los consumidores para que pagaran a precios excesivos la luz.

La nueva ley propone que el 54 por ciento de la generación de energía la produzca el Estado, cancela los permisos de generación de energía y también cancela los contratos de compraventa entre particulares y los certificados de energías limpias.

Así, la nueva ley combate tanto a la libertad de la empresa de generar el insumo eléctrico, como la libertad de distribuirlo —se acaban los productores de luz barata—, y contraviene a la legislación anterior que garantizó un clima de libertad a la inversión.

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Por ello se habla de una serie de demandas internacionales de los extranjeros que invirtieron en la producción de electricidad en México, y si la ley pasara serían defraudados.

De eso se trata en suma la reforma eléctrica, de eliminar la libertad de generación, volver al monopolio y, con este, privilegiar la ineficacia administrativa de un Estado que ha probado ser ineficiente al producir la luz.

VAGÓN DE CABÚS

Alejandro Moreno, presidente del PRI, le dijo a Morena que, si bien tienen la fuerza para aprobar el presupuesto, su partido no tiene fuerza para las reformas constitucionales que pretenden, y si no ceden en el presupuesto, la oposición no cederá en las reformas.

La contrarreforma eléctrica está en un callejón sin salida, pero se discutirá después de las elecciones; puede ser que por una rebanada de presupuesto los diputados cometan el error mayúsculo de aprobarla. Si usted se ha percatado del daño que haría al país, escríbale a su diputado pidiendo que no se apruebe. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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