AMLO busca un archienemigo y sufre porque nadie está a su nivel

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México. | FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM
Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México. | FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

Lo más relevante en el ejercicio del poder de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es el discurso político ideológico que lo caracteriza. Tiene la práctica de simplificar sus planteamientos por medio de frases que se convierten en lemas de propaganda, como “Por el Bien de México, Primero los Pobres”; “No Puede haber Gobierno rico con Pueblo pobre” y demás.

Siendo el discurso de López Obrador básicamente propaganda, es obvio que tiene una intención y es trasmitir el mensaje que él es el defensor de los derechos de los pobres y que se compromete a luchar hasta conseguir la justicia que les ha sido negada.

Parte central de su discurso y la construcción de su credibilidad es la presencia real o imaginaria de una figura antagónica, como se dice en el teatro. Es esencial, opera en su discurso como un persecutor que tiene la tarea de derrotarlo, hacer que su proyecto fracase y mantener los privilegios que ha disfrutado por décadas al explotar a los más desprotegidos.

Con frecuencia López Obrador dice que sus adversarios lo atacan y sabotean sus propuestas de gobierno. Afirma que no tiene enemigos y que “la venganza” no es su fuerte, pero en la estructura de su discurso político ideológico la presencia de sus adversarios es importante para presentarse ante sus seguidores como una víctima, es la figura perseguida que, a pesar de todo lucha y supera las intenciones destructivas y negativas de sus adversarios, los conservadores, neoliberales, prensa corrupta y demás.

Los antagónicos en el teatro político actuado por López Obrador, han sido Vicente Fox que lo hizo víctima cuando lo quiso encarcelar. Felipe Calderón que, según dice, le robó el triunfo electoral en 2006, con la artimaña de que era un peligro para México. Enrique Peña Nieto a quien señala de haber comprado votos para ganar las elecciones en 2012.

En el sexenio actual sus enemigos, sus antagónicos, son los expresidentes a los que quitó su pensión y quiso enjuiciar acusándolos de corrupción, además los empresarios y periodistas que acusa de corrupción, sin presentar alguna prueba. En todos los casos sus adversarios son la parte oscura, perversa de la obra y él se reserva el papel luminoso, de víctima que lucha por hacer realidad la 4T.

Los resultados electorales del pasado domingo indican que Morena gobernará en 22 estados, también dicen que los partidos de oposición están débiles, algunos podrían desaparecer. Este escenario traslada al enemigo externo, del discurso de López Obrador, al interior de su partido, el riesgo inmediato será la división interna, cuando su “dedito” señale al ganador y posible sucesor. La tendencia a contar siempre con un antagónico para tener aceptación y credibilidad podría corresponder a algunos de los que ahora no están en su círculo cerrado. Marcelo Ebrard o Ricardo Monreal sería el “rebelde” y futuro “traidor” por no acatar la suprema voluntad de YSQ.

Desde que Joe Biden llegó al poder como presidente de los Estados Unidos, López Obrador escatimó el gesto de manifestar su reconocimiento por llegar a la presidencia de ese país. En el ambiente político y entre la comunidad hispana de ese país, quedó la impresión de que esa “reserva” contenía el mensaje de que su simpatía estaba con Donald Trump.

Desde hace algunas semanas López Obrador se enfrascó en el debate de asistir o no a la Novena Cumbre de las Américas, condicionando su asistencia a que se cumpliera su “exigencia” de que el Gobierno de los Estados Unidos invitara a todos los países del continente, que no se excluyera a Venezuela, Nicaragua y Cuba.

La Cumbre de las Américas está en marcha sin la presencia de esos tres países y con la ausencia de López Obrador. En este episodio el antagónico latente es el presidente Joe Biden. En el medio político y periodístico de los Estados Unidos se dice que saboteó el evento.

En su discurso y justificación para no asistir, López Obrador evadió la confrontación directa con el presidente Joe Biden al indicar que entendía las presiones internas que sufría su gobierno de parte de grupos conservadores cubanos y de algunos legisladores republicanos que se oponen a que su gobierno invite a esos tres países.

Uno de los aludidos por López Obrador fue el senador republicano de origen cubano, Marcos Rubio, que en su cuenta de Twitter escribió: “Me alegra ver que el presidente mexicano, que ha entregado secciones de su país a los cárteles de droga y es un apologista de la tiranía en Cuba, un dictador asesino en Nicaragua y de un narcotraficante en Venezuela no estará en Estados Unidos esta semana”.

Desde su conferencia mañanera, López Obrador pidió al senador republicano Marcos Rubio “que presente pruebas”. Acto seguido cuestionó la honestidad de otro de los senadores de EEUU que lo han criticado, Ted Cruz, de Texas, al afirmar: “Yo sí tengo pruebas de que a él le han dado dinero los que están a favor de la fabricación de armas en EEUU y de que no haya ninguna prohibición para la venta de armas: el año pasado, creo que le dieron como 120 mil dólares la organización NRA”.

El peleonero del vecindario no descansa. ¿Qué sería de López Obrador sin un enemigo al frente?

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