Amenazas de muerte, violencia y pandillerismo hacen huir a las infancias de sus países

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ITZEL Y JOSÉ, de 16 y 17 años de edad, respectivamente, son dos menores de edad migrantes a quienes cambiamos el nombre para proteger su identidad. Ambos dejaron Centroamérica con el objetivo de llegar a Estados Unidos en busca de una mejor calidad de vida, ya que en sus países el temor a ser secuestrados, torturados y obligados a pertenecer a una plantilla los llevó a migrar de manera forzada.

Itzel nació en Guatemala. Le agradan las actividades dedicadas al arreglo personal y trabajar en ventas porque le gusta dar un buen trato a la gente. Su comida favorita es la lasaña. Y a José, quién es de El Salvador, le gusta jugar futbol y su equipo favorito es el Real Madrid.

Ambos salieron de sus hogares solos y, desde inicios de 2021, se encuentran en un refugio del sur de México. Ninguno quiere volver a casa.

De acuerdo con Francisco Garduño Yáñez, comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), de 2019 a la fecha se registraron 381,962 ingresos irregulares de personas en territorio mexicano, de los cuales 82,719 eran menores de edad.

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María Teresa Gómez Guillén, directora de Aldeas Infantiles SOS en Comitán, Chiapas, explica que la coyuntura que se vive en años recientes con la población en movilidad los ha llevado a dar acompañamiento a niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados en el sur de México.

De acuerdo con la directiva, la mayoría de las violencias que han atendido en las infancias migratorias acompañadas y no acompañadas al llegar al refugio son de violencia familiar, en su mayoría. El caso del desplazamiento de adolescentes y jóvenes tiene que ver con el momento en que las pandillas comienzan a cooptar o reclutar personal obligándolos o amenazándolos a que sean parte de esas organizaciones.

“Muchos han mencionado que cuando no quieren participar son amenazados. Incluso, han tenido que salir de casa de noche o de madrugada cuando ellos [las pandillas] no se dan cuenta”, señala María Teresa Gómez Guillen en entrevista con Newsweek México.

En la organización que preside Gómez Guillén en la Frontera Sur de México actualmente se atiende a menores de edad de entre 12 y 17 años. Incluso, han podido auxiliar a menores de 11 meses de edad. Los países de donde provienen las infancias son Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, principalmente, pero también se han encontrado con menores de edad de Belice y Haití.

UN MODELO PARA ATENDER A MENORES MIGRANTES

En un comunicado oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores, emitido el 31 de julio de 2019, se presentó el “Modelo de cuidados alternativos para niñas, niños y adolescentes migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en México: guía para su implementación”, elaborado junto con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El objetivo de esta estrategia es identificar las diferentes opciones de cuidados alternativos para niñas, niños y adolescentes no acompañados migrantes, solicitantes de asilo y refugiados que permita la creación de un modelo que atienda la necesidad de integrar a esa población al territorio mexicano.

Este modelo, que se puede descargar en este enlace, cuenta con cuatro etapas de atención: identificación, primera acogida, segunda acogida y egreso, reintegración o acompañamiento encaminado a la vida independiente, arquetipo que se asemeja al trabajo que se realiza en Aldeas Infantiles SOS.

El documento señala que, en México, al ser un país de origen, destino y tránsito de personas migrantes, se detectaron más de 18,000 niñas, niños y adolescentes (NNA) provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador que fueron detenidos por autoridades migratorias mexicanas. De estos, más de 7,000 eran no acompañados.

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Sin embargo, las cifras se incrementaron con el surgimiento de las caravanas de migrantes en octubre de 2018. Números oficiales señalan que, en solo cuatro meses, es decir, de octubre de 2018 a febrero de 2019, se detectaron más de 14,000 menores y adolescentes. De esa cifra se estima que casi 4,000 viajaban sin compañía.

María Teresa Gómez, de Aldeas Infantiles SOS en Comitán, Chiapas, explica que cuando una niña, niño o adolescente llega a integrarse al modelo que esta organización tiene para dar acompañamiento a las infancias se procura darles un recibimiento cálido que les haga saberse en ‘un hogar’ seguro.

En el caso de las infancias y jóvenes migrantes acompañados y no acompañados, explica Gómez Guillén que los menores suelen llegar sin agujetas puestas o con los celulares decomisados. Algunos traen una mochila, y otros más solo llegan con la vestimenta que llevan en ese momento.

“La bienvenida se las doy en la oficina. Les digo que si traen las agujetas en la bolsa que se las pongan, que se pongan cómodos y se sientan tranquilos. La primera pregunta que les hacemos es si sus familiares saben dónde están. Eso, muchas veces, les genera angustia, ya que no han podido avisar a sus familiares dónde están. Otra situación es si están informados de cuál será su proceso a seguir porque hay niños o adolescentes que no saben qué pasará con ellos y eso les genera angustia, desesperación y ansiedad”, comenta.

“SI TIENES FAMILIARES POLICÍAS, TE MATAN”

Aunque el compromiso de este refugio en la Frontera Sur del país es atender a 25 infantes y adolescentes mensualmente, en los últimos seis meses han atendido a más de 65. Lo mismo ha sucedido con la sede que la organización tiene en la Frontera Norte de México, según datos de la directora de Aldeas Infantiles SOS en Chiapas.

José salió solo de El Salvador el 11 de febrero de 2021. Huyó de su país debido a la violencia y amenazas de muerte que recibió su madre por parte de un grupo pandillero que quería reclutarlo y que de negarse lo matarían. José juntó 1,000 dólares para escapar mientras su mamá se quedó en su país.

“Yo tenía dinero ahorrado. Tenía como 900 dólares y me dieron 100 más para juntar los 1,000 dólares. Cuando llegaron a decirle a mi mamá que si no pagaba el dinero me iban a matar, me tocó agarrar el dinero. No junté nada. Me salí y ya”, cuenta José en entrevista con Newsweek México.

En su tránsito a México, cuenta José que no fue víctima de alguna violencia que amenazara su llegada al cruce de fronteras. El 19 de febrero de 2021 ya se encontraba en territorio mexicano. A pesar de la violencia que se vive en su país, él solo extraña a su familia y no quiere volver a El Salvador.

Niños y adolescentes migrantes han llegando en grandes cantidades a la frontera norte de México para cruzar a Estados Unidos y solicitar asilo político. (Foto: Christian Serna/Cuartoscuro)

“La situación es un poco más peligrosa. No puedes andar porque ya están preguntando los de las pandillas qué es lo que hablan con uno y todo eso. Si tienes familiares policías lo matan a uno”, cuenta.

Para Itzel, una joven guatemalteca de 16 años, la necesidad de salir de su país era inminente. En Guatemala vivió maltrato familiar por parte de su padre. Tuvo dos intentos de secuestro por las actividades ilícitas que su madre realizaba. Empero, lo que más la impactó fueron los intentos de extorsión y amenazas después de emprender su propio negocio con ventas por internet.

La primera amenaza llegó con una llamada de extorsión por 10,000 quetzales (casi 1,300 dólares), de la que hizo caso omiso. En una segunda llamada la suma de la extorsión fue por 50,000 quetzales o “algo sucedería”, le advirtieron.

“Ahí sí lo tomamos en serio porque mi primita nos decía que cuando venía de la escuela siempre se le pegaba un carro negro, eso nos dio miedo porque mi prima siempre iba solita y como trabajábamos nadie la podía cuidar. Mi tía accedió a pagar con sus ahorros. Todo lo que ella tenía lo dio. No nos dimos cuenta de que me conocían y sabían de quién era hija”, cuenta Itzel en entrevista con este medio.

“NO QUISIERA REGRESAR A MI PAÍS”

Al igual que José, Itzel tampoco fue víctima de ningún delito en el cruce de fronteras que realizó. Incluso cuando la llevaron a la estación migratoria todo estuvo bien, a pesar de que el pollero que su padre contrató falsificó sus documentos de identidad para que pasara como ciudadana oaxaqueña.

Al final, ya con las autoridades migratorias, Itzel se identificó como ciudadana guatemalteca menor de edad. “Cuando atienden a los niños fue como un ‘cuidado no lo toquen’”, añade.

De acuerdo con la directora de Aldeas Infantiles SOS en Comitán, a los polleros solo les interesa el dinero que puedan obtener al traficar con las personas en el cruce de fronteras y, muchas veces, han hecho que menores y adolescentes no acompañados se queden a medio camino.

Para José e Itzel el haber llegado a este refugio fue como encontrar un nuevo hogar, después de haber permanecido algunos meses en un albergue. Ambos quieren quedarse en México, regularizar su situación migratoria y tener la oportunidad de continuar sus estudios y trabajar para solventar sus gastos.

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Ni Itzel ni José quieren volver a sus países donde la violencia se recrudece, y con la pandemia por covid-19 consideran que la estabilidad en sus hogares es incierta. Por ahora, solo tienen contacto con sus familias por medio de llamadas telefónicas.

“No quisiera regresar a mi país. Quisiera quedarme en México trabajando. Aquí —en la Aldea— lo ayudan a uno a salir adelante en lo que sea. Te dan estudio, alimentación, techo. La verdad, aquí lo tratan bien a uno y, primeramente Dios, salir adelante con mis estudios y quedarme en México”, describe José.

En cambio, Itzel dice extrañar solo a su abuelita. Para ella, su futuro lo ve en México y se visualiza en cinco años como dueña de su propia estética o, tal vez, con su tía en Estados Unidos.

El pasado 30 de agosto, el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano documentó que agentes del Instituto Nacional de Migración y elementos de la Guardia Nacional agredieron a personas migrantes en su intento por detener su paso en la caravana que se formó para partir de Tapachula. De acuerdo con el colectivo, las personas migrantes, entre las que se encuentran menores de edad, solicitan el compromiso de las autoridades mexicanas para el respeto a sus procesos de regularización migratoria. N

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