La amenaza del covid no empaña la vuelta de las fiestas populares de Portugal

Lisboa, 10 jun (EFE).- La amenaza de los contagios por covid, que expertos cifran en más de 350.000 casos potenciales durante las fiestas populares y la vuelta de macro-festivales a Portugal, en especial en grandes ciudades como Lisboa y Oporto, no empañan unas celebraciones que este año viven su ansiado regreso a la normalidad.

"Todas las fiestas populares del país pueden dar como resultado un total de contagios directos de al menos 350.000 y pueden alcanzar valores superiores si entran nuevas variantes en Portugal", señala el informe divulgado esta semana por el Instituto Superior Técnico (IST) de Lisboa.

Las fiestas de los santos de junio podrían dejar 60.000 contagios en Lisboa y 45.000 en Oporto, mientras que eventos como el festival Rock in Rio, con cuatro jornadas previstas, podría derivar en 40.000. Por ello, los especialistas recomiendan el uso de mascarillas en grandes convocatorias, aunque sean al aire libre, en actos cerrados y en los transportes públicos.

Pero, pese a las advertencias de los expertos, la realidad que se vive en las calles portuguesas es otra. Después de dos años sin celebraciones por causa de la pandemia, se ha recuperado la normalidad y no hay ni distanciamiento, ni mascarillas.

En los "bailaricos", como se conoce a las verbenas con música, los grupos se relacionan y bailan congas para animar un ambiente donde reina la alegría.

UN ANSIADO REGRESO

En Lisboa, las laberínticas calles y las pequeñas plazas de barrios como Graça, Alfama o Bairro Alto quedan abarrotadas por personas que celebran el regreso de los "arraiais" (fiestas populares al aire libre) con decenas de barracas (puestos de venta de bebida y comida) y multitud de guirnaldas y banderines de colores.

"Estábamos a la espera de que esto ocurriera después de dos años parados", dice a Efe con una sonrisa Cláudia Loureiro, trabajadora de la Barraca do Nando, en el barrio de Graça.

Desde el mediodía hasta más de medianoche trabajará durante 11 días en la barra, en la cocina o limpiando las mesas. Piensa que la covid afecta sobre todo a los más mayores, "pero las personas están con tantas ganas de fiesta que va a haber siempre mucha gente".

Las fiestas durarán todo el mes de junio, aunque la celebración más importante es San Antonio, patrón de los lisboetas, que se celebra el próximo lunes.

"Las personas están con sed de fiesta, de salir, y el tiempo está ayudando bastante", continúa Loureiro sobre unas fiestas con mayoría de portugueses pero también con muchos turistas.

"Es un cambio enorme, porque por lo general los portugueses son más calmados, no tienen tanta energía o tanta alegría, y a mí me está chocando que todo el mundo está aquí de fiesta con su buen humor", comenta a Efe la española Ana Ramos, que llegó a la capital hace dos años y vive por primera vez esta celebración.

"Se viven como las fiestas de pueblo", resume su compañero Álvaro Liners.

SARDINAS, BIFANAS Y MUCHA PIMBA

Las cosas han cambiado desde 2019. "Las personas están menos tolerantes, pero queriendo consumir mucho y poco les importa el precio de las cosas. Viven el día a día como si se fueran a morir mañana", cuenta a Efe Marcia Fontinha desde dentro de la barra de su puesto.

Sus abuelos comenzaron a vender en las fiestas hace 40 años y con su muerte, hace tres, su madre tomó el relevo. Ahora es ella la que sirve feliz al ver a tanta gente.

Venden de todo, como el resto de puestos. Desde caracoles hasta chorizo o pasteles de bacalao, pero los platos estrellas son las sardinas asadas y las bifanas, los bocadillos de filete de cerdo más célebres de Portugal. Y no faltan cervezas y sangrías de medio litro que se reparten sin parar.

La música es la otra protagonista, en especial la pimba, un ritmo popular desde hace décadas con poder para desinhibir desde ancianos a adolescentes.

El repertorio incluye a Queen o ABBA, canciones españolas como "La Macarena" y el "Obi Oba" y el ritmo brasileño. "La música ayuda", reconocen en las barracas.

Nadie quiere perderse estas fiestas.

Brian Bujalance

(c) Agencia EFE

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