Cómo es que las ambiciones climáticas de Biden podrían cambiar la huella global de Estados Unidos

Somini Sengupta
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John Kerry habla en un evento en Wilmington, Delaware, el 24 de noviembre de 2020, donde el entonces presidente electo Joe Biden lo presentó como su elección para ser el representante mundial en materia de cambio climático. (Anna Moneymaker/The New York Times)
John Kerry habla en un evento en Wilmington, Delaware, el 24 de noviembre de 2020, donde el entonces presidente electo Joe Biden lo presentó como su elección para ser el representante mundial en materia de cambio climático. (Anna Moneymaker/The New York Times)

El miércoles, el presidente Joe Biden dijo que el cambio climático debe considerarse “un elemento esencial de la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos”. Es probable que esto traiga consigo grandes cambios en el rol de Estados Unidos en el mundo.

Según los expertos en política exterior, el hecho de que el gobierno de Biden se haya reincorporado al Acuerdo de París, el pacto mundial adoptado por casi 200 países para frenar el cambio climático, es solo el primer paso. Hacer frente al cambio climático requerirá una reevaluación de todo, desde la postura militar de Estados Unidos en el Ártico hasta la asistencia a los países frágiles para abordar las consecuencias de los riesgos climáticos.

“Cambia la postura de defensa, cambia la postura de política exterior”, afirmó John D. Podesta, un exfuncionario del gobierno de Barack Obama. “Empieza a impulsar muchas decisiones en política exterior, diplomacia y política de desarrollo”.

Una orden ejecutiva de la Casa Blanca nos dejó vislumbrar ese cambio. Biden instruye a las agencias de inteligencia de la nación a que evalúen los riesgos que plantea el calentamiento global en todo el mundo y también instruye a todas las agencias gubernamentales a que averigüen cómo es que las “consideraciones climáticas” pueden incluirse en sus prioridades internacionales.

“Atender el cambio climático puede ser, y será, un pilar central de la política exterior del gobierno de Biden”, señaló Meghan O’Sullivan, quien fungió como viceconsejera de seguridad nacional durante la presidencia de George W. Bush y ahora dirige el Proyecto de Geopolítica de la Energía en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. “Significa infundir la cuestión del clima y el medioambiente en nuestras políticas comerciales, nuestros programas de ayuda exterior, nuestros debates bilaterales e incluso nuestra preparación militar”.

John Kerry, experimentado político-diplomático que es el nuevo enviado de Estados Unidos para el cambio climático y miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Biden, es el encargado de dirigir ese cambio. He aquí cuatro cosas importantes a las que hay que estar atentos en las próximas semanas y meses.

¿Estados Unidos puede enfrentar su propio problema climático?

En su primer día en el cargo, Biden inició el proceso de reincorporación al Acuerdo de París. Ahora viene la parte difícil: Estados Unidos, responsable de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que han calentado el planeta desde la era industrial, debe establecer objetivos específicos para reducir sus propias emisiones de aquí a 2030 y poner en marcha políticas internas para alcanzarlos.

Greenpeace ha abogado por una reducción del 70 por ciento de las emisiones respecto a los niveles de 2005, mientras que el Instituto de Recursos Mundiales y otros defensores de Estados Unidos han presionado para que sea de alrededor del 50 por ciento.

Esto coloca a Kerry en una posición delicada. Unos objetivos más ambiciosos le darían más influencia sobre otros países antes de las próximas conversaciones mundiales sobre el clima, previstas para noviembre en Glasgow. Sin embargo, el establecimiento de objetivos para reducir las emisiones nacionales no será tan sencillo desde el punto de vista político, en especial con un Senado dividido.

Funcionarios de la Casa Blanca dijeron el miércoles que esperan que los nuevos objetivos de reducción de emisiones se anuncien antes del 22 de abril, fecha en que se celebrará la cumbre mundial del Día de la Tierra.

El sábado, en un discurso dirigido a los alcaldes estadounidenses, Kerry señaló que este gobierno trataría de alcanzar el equilibrio entre lo ambicioso y lo realista. “Tenemos que ir a Glasgow con la realidad y tenemos que ir a Glasgow con fuerza", dijo.

El miércoles, en un discurso ante el Foro Económico Mundial, describió la reunión de Glasgow como “la última oportunidad” para que el mundo se encamine a evitar los peores efectos del cambio climático. “El mundo espera mucho de todos nosotros”, dijo.

¿Qué hará Estados Unidos con China?

El clima puede ser una de las pocas áreas de cooperación en una relación cada vez más tensa entre Washington y Pekín. Los dos países son los mayores emisores y las mayores economías del mundo y, sin medidas ambiciosas por parte de ambos, no hay forma de que el mundo pueda frenar el calentamiento.

Podesta señaló que el gobierno de Biden tendría que crear “una vía protegida en la que los otros temas no obstaculicen la conversación sobre el cambio climático”.

China también se ha adelantado en algunos aspectos. Su presidente, Xi Jinping, declaró en septiembre pasado que Pekín aspiraba alcanzar la neutralidad de emisiones de carbono para 2060, lo que significa que planea capturar sus emisiones de carbono o compensarlas mediante la compra de créditos para proyectos verdes, como los programas de reforestación.

Kerry señaló el miércoles que China había revelado poco sobre cómo planeaba alcanzar su meta para 2060 —“no tenemos ni idea”, dijo—, pero advirtió que otras cuestiones entre Estados Unidos y China no deberían impedir las conversaciones sobre el clima. “Es urgente que encontremos una forma de compartimentar para avanzar”, declaró en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

No en vano, a los primeros a los que Kerry se ha acercado como representante en cuestiones climáticas son los gobernantes europeos. Su mejor oportunidad de presionar a Pekín es hacerlo junto a la otra gran economía del mundo: la Unión Europea.

¿Qué influencia tiene Estados Unidos?

Kerry ha dicho en repetidas ocasiones que se propone “aumentar las ambiciones” de todos los países. Estados Unidos tiene a su disposición algunos premios y castigos diplomáticos.

El nuevo representante climático podría utilizar un acuerdo comercial bilateral entre Estados Unidos y México, por ejemplo, para convencer a este país de que se abra a la inversión estadounidense en proyectos de energía limpia. Podría fomentar la inversión privada estadounidense para animar a India a abandonar el carbón y acelerar las energías renovables.

También podría canalizar la asistencia para el desarrollo de Estados Unidos a fin de ayudar a los países a adoptar una economía verde, algo por lo que Washington no es conocido, como señaló Kelly Sims Gallagher, exfuncionaria de la presidencia de Obama.

“Que Estados Unidos sea visto como un país que ayuda a los países vulnerables a ser resilientes y que permite un desarrollo con bajas emisiones de carbono, mediante el fomento real de un desarrollo con bajas emisiones de carbono, nos daría mucha buena voluntad”, señaló Gallagher, quien en la actualidad es profesora de la Escuela de Derecho y Diplomacia Fletcher de la Universidad de Tufts. “Sería un giro importante”.

¿Cómo cambiarán las alianzas de Estados Unidos con los países productores de petróleo?

El gran problema pendiente hasta ahora en una Casa Blanca centrada en el clima es qué hacer con las relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudita.

La geopolítica de la energía ya había estado cambiando. Estados Unidos se había vuelto cada vez menos dependiente del petróleo del Medio Oriente, gracias al auge del esquisto en suelo estadounidense. Una Casa Blanca centrada en el clima podría acelerar el cambio.

“Tenemos la oportunidad de reformular y restablecer nuestras relaciones en el Medio Oriente por eso”, afirmó Gallagher. “El cambio climático es un factor adicional”.

Poco después de la victoria de Biden, el príncipe heredero de Arabia Saudita reveló sus planes para crear una ciudad sin autos.

This article originally appeared in The New York Times.

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