"En América latina tenemos una gran habilidad para progresar en el desprestigio del otro", lamentó el Papa

Elisabetta Piqué
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ROMA.- "En gran parte de América Latina tenemos una habilidad muy grande para progresar en el desprestigio del otro", lamentó hoy el papa Francisco, al llamar a los dirigentes políticos de su continente a estar a la altura del desafío impuesto por la pandemia de coronavirus y a aprender el arte del encuentro y "levantar la mirada y dirigir y orientar las legítimas diferencias en la búsqueda de soluciones viables para nuestros pueblos".

"El desprestigio del otro lo único que logra es dinamitar la posibilidad de encontrar acuerdos que ayuden a aliviar en nuestras comunidades, pero principalmente a los más excluidos, los efectos de la pandemia", dijo, al advertir que "es el pueblo el que paga ese proceso de desprestigio". "Progresamos en el desprestigio del otro a costa de los más pobres, a costa del pueblo", subrayó.

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Francisco habló así en un videomensaje enviado al seminario virtual América Latina: Iglesia, Papa Francisco y los escenarios de la pandemia, organizado por la Pontificia Comisión para América latina, la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales -que dirige el arzobispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo- y el Consejo Episcopal Latino-Americano (CELAM). En el seminario, que comenzó hoy, participa como panelista, entre otros, el Secretario de Asuntos Estratégicos del gobierno de Alberto Fernández, Gustavo Béliz, que mañana disertará sobre "Reprogramación o condonación de la deuda en América Latina".

En su videomensaje, el Papa subrayó que la pandemia "amplificó y puso en mayor evidencia los problemas y las injusticias socio-económicos que ya afectaban gravemente a Latinoamérica toda y con mayor dureza a los más pobres". "Sabemos que junto con la pandemia del Covid-19, existen otros malestares sociales -la falta de techo, la falta de tierra y la falta de trabajo, las famosas tres "T"- que marcan como el nivel y estos requieren una respuesta generosa y una atención inmediata", dijo, al llamar de todos modos a tener esperanza y a responder al desafío con solidaridad. "Por favor, ¡no nos dejemos robar la esperanza! El camino de la solidaridad como justicia es la mejor expresión de amor y de cercanía. De esta crisis podemos salir mejores, y así lo han testimoniado tantas hermanas y hermanos nuestros en la entrega cotidiana de su vida y en las iniciativas que el Pueblo de Dios fue generando", agregó.

Como hizo en su reciente encíclica, Fratelli Tutti, sobre fraternidad social, el exarzobispo de Buenos Aires volvió a llamar a rehabilitar la política, que "es una altísima vocación, que es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común", recordó. En este marco, invitó a todos los que tienen una función de liderazgo a "aprender el arte del encuentro y no propiciar ni avalar o utilizar mecanismos que hagan de la grave crisis una herramienta de carácter electoral o social".

"La profundidad de la crisis reclama proporcionalmente la altura de la clase política dirigente capaz de levantar la mirada y dirigir y orientar las legítimas diferencias en la búsqueda de soluciones viables para nuestros pueblos. El desprestigio del otro lo único que logra es dinamitar la posibilidad de encontrar acuerdos que ayuden a aliviar en nuestras comunidades, pero principalmente a los más excluidos, los efectos de la pandemia", advirtió.

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"Y nosotros tenemos en América Latina, no sé en todo, pero en gran parte de América Latina, tenemos una habilidad muy grande para progresar en el desprestigio del otro. ¿Quién paga ese proceso de desprestigio? Lo paga el pueblo, progresamos en el desprestigio del otro a costa de los más pobres, a costa del pueblo", lamentó. "Es tiempo que la nota distintiva de aquellos que fueron ungidos por sus pueblos para gobernarlos sea el servicio al bien común y no que el bien común sea puesto al servicio de sus intereses. Todos conocemos las dinámicas de la corrupción que va por este lado", denunció. "Y esto vale también para los hombres y mujeres de Iglesia; porque las internas eclesiásticas son una verdadera lepra que enferma y mata el Evangelio", agregó, haciendo autocrítica.

Francisco invitó finalmente a todos a abrazar a los más débiles y a construir una nueva civilización, pues, "el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día". Y concluyó rogándole a la Virgen de Guadalupe, patrona del continente, "que nuestra tierra latinoamericana no se desmadre, es decir: que no pierda la memoria de su madre". "Que la crisis lejos de separarnos nos ayude a recuperar y valorar la conciencia de ese mestizaje común que nos hermana y nos vuelve hijos de un mismo Padre. Una vez más nos hará bien recordar que la unidad es superior al conflicto".