Un alud de votos que dejó herida a la política tradicional chilena

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Un centro de votación en el estado Monumental en Santiago, Chile, el 14 de mayo de 2021
MARTIN BERNETTI

SANTIAGO, Chile.- Con dos gobiernos de derecha y una alternancia frustrada, bien vale la pena una revisión histórica de lo que viene ocurriendo en Chile. Hay dos miradas con bastantes años de diferencia. La derecha consiguió el 26% en la primera elección presidencial de la transición en 1989, mientras que ayer en las elecciones constitucionales sacó un resultado del 25%. Una votación bastante más inesperada de lo que pasó hace 32 años, pero que refleja un estancamiento contundente.

Mientras la derecha económica gobernó a sus anchas con Augusto Pinochet, la derecha política regresó al poder cuando Sebastián Piñera asumió en 2010. Su última experiencia había sido con Jorge Alessandri en 1964, y la llegada de un empresario de trayectoria generó ciertas esperanzas en la sociedad chilena. Piñera, para muchos, era la promesa y el reflejo de la derecha “de centro”, “moderada” y “no pinochetista”.

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Se pensó, entonces, que esa alternancia en el poder sellaba la consolidación de la democracia chilena. Sin embargo, las crisis económicas engendraron las protestas en vez de la consolidación de un modelo, y todo culminó en 2019 con un estallido social que llevó a dos millones de personas a las calles del país y a emplazar a una clase política que no supo interpretar los cambios.

Así, y con las fuerzas políticas amenazadas, y con el pueblo levantado en medio de un estallido social sin parangón, se selló un pacto que calmaría las aguas y abriría el camino para redactar una nueva Constitución. El 80% del pueblo chileno ratificó ese impulso con un plebiscito y el mandato fue claro: a partir del 25 de octubre de 2020 el camino para elaborar una nueva Carta Magna.

Y se llegó a este 15 y 16 de mayo, donde se eligieron a los constituyentes que redactarán la Constitución y en otro contexto: en la misma elección que se terminaron eligiendo alcaldes, concejales y gobernadores.

Pero hay algo en el proceso que no puede dejarse de lado. En esta elección, declarada por toda la clase política como la “más importante de nuestros tiempos”, votaron sólo cuatro de cada 10 chilenos, lo que significa el primer fracaso de un estado incapaz de informar a la gente. Fuimos testigos de una negligencia al no saber y no poder comunicar un hecho político de esta magnitud y aún mantenemos un voto voluntario que sangra la democracia chilena.

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De todas maneras, el 41% que votó dio vuelta el tablero. Desapareció el centro político y la derecha quedó reducida a la nada misma. Son los independientes que ganaron 48 escaños de 155, y una izquierda llamada “del pueblo”, que eligió a 27 representantes, los que se transformaron en los nuevos protagonistas de la política chilena, mientras los partidos de la transición murieron: el Partido Democrata Cristiano, de Frei y Aylwin; el Partido por la Democracia, de Ricardo Lagos, y el Partido Radical. El único sobreviviente fue el Partido Socialista, el mismo que catapultó a Michelle Bachelet.

Ahora comienza una nueva época política que coincide con el período que se avizora de pospandemia y el inicio de la nueva época civilizatoria que vemos por la ventana: más pluralidad, más equidad, más transparencia, más respeto y más dignidad.

Los electores en Chile, como en Perú y Ecuador, buscan desesperadamente representantes que defiendan los intereses del pueblo y no los intereses de unos pocos. Todo ello tumba partidos, viejos conglomerados y poderes establecidos. Es el signo de los tiempos, el de la que la palabra “reemplazar” adquiere mayor fuerza.

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En Perú, la primera vuelta de las elecciones presidenciales sepultó 16 partidos políticos, y aquí en Chile la elección de la Convención Constituyente liquidó al menos cuatro conglomerados. Surgió el poder de los pueblos originarios y aumentó el poder femenino. Las elecciones que vienen en la región, como la de Brasil, marcará la pauta de cómo se conformarán las demandas de mayor pluralidad.

Esto no es una lucha de izquierdas y derechas aunque la agenda informativa la siga llamando así. Lo que pasó en Chile refleja un nueva cosmovisión: es la lucha por la representación de la pluralidad de lo que cada país es y la lucha de la representación de la soberanía para la instalación de las verdaderas democracias soberanas.

La autora es economista y directora de Latinobarómetro

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