Los altos precios de la luz llevan a la pobreza a algunos pacientes en España

MADRID, 18 ene (Reuters) - Los 2.700 euros mensuales que percibe José María Casais en concepto de pensión y prestaciones por incapacidad deberían dejarlo en mejor situación que a la mayoría de sus conciudadanos españoles.

Pero Casais, un ingeniero jubilado que vive en Barcelona, dice que se ve obligado a agotar sus ahorros cada mes, después de que sus facturas de la luz se dispararan debido a su dependencia de una máquina de oxígeno para aliviar su enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Durante los dos últimos años, Casais ha estado enchufado al concentrador de oxígeno hasta 24 horas al día. Su factura de la luz casi se ha triplicado desde que Rusia invadió Ucrania en febrero, ya que el acontecimiento desencadenó una crisis energética en Europa por su dependencia del gas ruso.

Casais forma parte de un grupo de ciudadanos españoles de clase media arrastrada a la pobreza por la crisis. Según una encuesta de Oxfam, casi el 4% de los hogares españoles del cuarto decil (sistema de división estadística mediante nueve valores en diez partes iguales) de renta, un segmento considerado normalmente de clase media, gasta más de la mitad de sus ingresos en energía desde la subida de precios del año pasado.

Mientras que antes de la crisis energética casi la mitad de los hogares españoles tenían capacidad de ahorro, Oxfam calcula que ahora sólo tres de cada 10 hogares pueden hacerlo.

Casais gasta entre 300 y 400 euros al mes en energía, casi el triple de lo que gastaba antes de la crisis, lo que le deja poco o nada para otros artículos de primera necesidad después de sus otros gastos médicos, que incluyen una persona cuidadora a domicilio. A mediados de mes, tiene que empezar a echar mano de sus ahorros, dice.

"Llega un momento en que no puedes pagarlo. He tenido que coger ahorros que tenía y gastarlos. Tengo que cogerlos, porque llega el día 10 o el 15 y ya no queda nada. Me quedo sin pensión", dijo a Reuters Casais, antiguo ingeniero de la empresa estatal de ferrocarriles Renfe, en su apartamento de Barcelona.

El concentrador de oxígeno de Casais hace pasar el aire por un compresor, elimina el nitrógeno y filtra el oxígeno para suministrárselo al paciente. Dependiendo de la dificultad para respirar que tenga Casais en un día determinado, estará conectado entre 17 y 24 horas.

No es el único. Se calcula que en España cinco millones de personas padecen EPOC, según el doctor Sergi Pascual, coordinador de la unidad de neumología del Hospital del Mar de Barcelona. Es la tercera causa de muerte en el mundo y la cuarta en España, según la Asociación de Pacientes con EPOC (APEPOC).

Los pacientes de otros países también la sufren. Una encuesta realizada por la organización Asthma + Lung UK entre más de 3.600 personas con afecciones pulmonares reveló que uno de cada cinco británicos encuestados con asma declaraba haber sufrido ataques que pusieron en peligro su vida, ya que redujeron el gasto en medicamentos, calefacción y alimentos debido al aumento del coste de la vida.

Los enfermos de otras dolencias, como la insuficiencia renal, que dependen de máquinas que consumen mucha electricidad para sobrevivir, también están pasando apuros, según afirman dos grupos médicos que representan a los enfermos renales.

Sin su máquina de oxígeno, Casais dijo que tendría que estar permanentemente conectado a una máquina en el hospital, perdiendo su independencia y costando más al Estado.

UNA ENFERMEDAD IRREVERSIBLE

La EPOC es "una enfermedad crónica" y "no reversible", dijo Pascual, "por lo que son pacientes cuyo gran objetivo es que puedan hacer una vida autónoma y una vida plena, por tanto necesitan todos los recursos necesarios".

No sólo las máquinas de oxígeno acumulan facturas. Los enfermos pulmonares deben regular cuidadosamente la temperatura ambiente de sus hogares, lo que significa depender del aire acondicionado en los calurosos veranos españoles y de la calefacción central en los fríos inviernos.

"Si cambia el tiempo de golpe, está haciendo buen tiempo y de repente empieza a llover, se nubla, ya te pones fatal", dice Casais.

Fernando Uceta, de 61 años, que fue sometido a un doble trasplante de pulmón en agosto y también padece EPOC, dice que evita el aire acondicionado y confía en calefactores eléctricos más fáciles de controlar para controlar sus gastos.

"Hay una 'pobreza energética', que le llaman, que es la invisible, o la escondida, que lo que haces es como lo que he hecho yo: poner menos calefacción y no usar el aire acondicionado. O la gente que tiene el concentrador de oxígeno, se lo quita y no lo tiene las horas que lo necesitaría. ¿Cómo? Pues quedándose quieto, porque al quedarse quieto no se consume tanto oxígeno", explica Uceta.

ENTRE COMER Y RESPIRAR

Según Nicole Hass, portavoz de APEPOC, muchos españoles que dependen de la electricidad se enfrentan a duras decisiones: "Se tienen que plantear ante este incremento de precio de la electricidad si comen o si respiran".

APEPOC quiere que los ayuntamientos españoles subvencionen las facturas de energía de todos los enfermos de EPOC, independientemente de sus ingresos.

El Servicio Nacional de Salud español cubre el coste del oxígeno, pero no el de la electricidad, dijo Hass. "¿Para qué nos sirve el oxígeno si no tenemos la electricidad para poder enchufar el aparato del oxígeno?".

APEPOC quiere que España emule a países como Argentina, que en 2017 hizo gratuita la electricidad para las personas que dependen de ella. En Nueva Zelanda, las comercializadoras de electricidad están obligadas por ley a ofrecer descuentos a los llamados consumidores médicamente dependientes.

La política sanitaria en España la determinan sus 17 comunidades autónomas. El año pasado, una iniciativa del partido catalán Esquerra Republicana para incluir a los pacientes dependientes de dispositivos médicos en una lista de consumidores vulnerables que reciben ayuda con sus facturas eléctricas se estancó en el Congreso de los Diputados.

En respuesta a las preguntas de Reuters, el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña señaló un protocolo aprobado por el Gobierno regional en 2020, que garantiza que a nadie se le corte la electricidad. La medida no ofrece subvenciones para ayudar a los pacientes con facturas elevadas.

Casais ya ha modificado su dieta para recortar gastos. Ahora vive a base de paquetes de un euro de carne procesada y latas de atún. Se está planteando volver a hipotecar su piso para cubrir los gastos médicos y energéticos.

"En mi caso yo creo que tendrían que hacer un descuento en la factura de la luz a todos los electrodependientes, y hacer el descuento directamente, sin mirar ni el nivel de renta, ni donde vives, ni nada. Sólo por estar enfermo y por necesitar esa electricidad", afirma.

(Reporte de Nacho Doce y Horaci Garcia; escrito por Charlie Devereux; edición de Daniel Flynn; editado por Darío Fernández)