Almagro: agente polarizador de América Latina

Por Ingrid Sánchez

Washington, 20 Mar (Notimex).- El recién reelecto secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha sido cuestionado durante su gestión, iniciada en 2015, por gran parte de las decisiones que ha tomado en el contexto de una región cada vez más polarizada por las diferencias ideológicas y políticas entre los distintos gobernantes.

Durante el tiempo que representó diplomáticamente al gobierno del expresidente uruguayo José Mujica, Almagro fue considerado como un funcionario progresista que finalmente sorprendió por el giro de 180 grados que significó su posicionamiento posterior frente a situaciones como la de Venezuela.

Al investigar más sobre su carrera política resulta sencillo entender el cambio que parecía radical, pero que es consistente con su tradición diplomática personal: Antes de ser canciller de Mujica, era "blanco", es decir, militante del Partido Nacional de Uruguay, que alberga posiciones de centro-derecha y abierta derecha.

Para 1999 se afilió al Frente Nacional, agrupación progresista que alberga incluso a exguerrilleros tupamaros, y desde donde empezó a representar a Uruguay en el extranjero.

Su viraje político frente a Venezuela no fue completamente extraño; ya en 2014, poco antes de asumir la secretaría general de la OEA, el gobierno venezolano fue merecedor de sus críticas.

"Cuando fui en la misión de la Unasur de 2014 ya fui duro con Venezuela", declaró en una entrevista al medio El Observador.

Las críticas recibidas por su antiguo compañero de partido, José Mujica, fueron la cúspide de la oleada de cuestionamientos que recibió cuando no descartó la opción de una intervención militar estadounidense para "regresar a Venezuela a la democracia".

"Lamento el rumbo por el que enfilaste... por eso formalmente te digo adiós y me despido", publicó Mujica en un mensaje en el que afirmaba que el principio de no intervención no era negociable.

Los señalamientos de ser alfil en la política intervencionista estadounidense no se quedarían ahí y terminarían con la expulsión de Almagro del Frente Amplio, votada por unanimidad en 2018 por violar "los principios partidarios, al sugerir una posible intervención militar en Venezuela, donde entiende que existe una dictadura", como publicó el medio uruguayo Ámbito.

Para Almagro, su posicionamiento no cambió, sino que lo que ha cambiado son las circunstancias. Concretamente, la situación de Venezuela bajo el gobierno de Maduro. Prueba de eso sería que poco antes de sus primeras críticas al venezolano, había defendido a Hugo Chávez.

La situación venezolana se agudizaría aún más cuando, luego de que la Asamblea Nacional fuera ganada por la oposición al gobierno de Maduro, Juan Guaidó, presidente de ésta, fuera reconocido como "presidente encargado" por la OEA.

Una vez que fue elegido secretario general de la OEA, la arremetida contra Venezuela no sólo no paró, sino que aumentó y se diversificó contra los diversos regímenes progresistas de la región. Uno de los momentos más delicados fue el informe preparado por el organismo internacional en el que se afirma que el Movimiento al Socialismo boliviano organizó un fraude para garantizar la reelección de Evo Morales.

Pocas horas después de la publicación del informe, causante de una crisis política sin resolver hasta el momento, el exlíder cocalero e indígena renunció a la presidencia boliviana y salió apresuradamente del país hacia el exilio en México, para posteriormente refugiarse en Argentina, donde actualmente reside.

Unos meses después, un estudio realizado por dos investigadores que trabajan en el Massachusetts Institute of Technology demostraría con datos que la elección boliviana no estaba siendo víctima de un fraude sino de la brecha entre campo y ciudad, así como de problemas técnicos durante la transmisión de las boletas electorales.

Los resultados del estudio, como las propias elecciones, fueron descalificados por Almagro con adjetivos como "defectuoso", con "múltiples falsedades, inexactitudes y omisiones", por lo que reafirmó que hubo "manipulación intencional” en los comicios bolivianos.

Como para agregar una raya más al tigre, el conflicto nicaragüense también ha recibido la atención almagrista y, con ello, la crítica de las posiciones progresistas.

Durante la crisis política del país centroamericano, la OEA no ha asumido una posición conciliatoria con miras a detener el conflicto interno, sino que ha arremetido en contra del gobierno de Daniel Ortega, acusándolo de violar en diversas ocasiones los derechos humanos de los nicaragüenses.

Sin embargo, el mismo gobierno de Nicaragua se puso en la picota de la OEA al impulsar una feroz represión contra la oposición a partir del 18 de abril de 2018, por medio de la policía y grupos paramilitares afines a Ortega y su esposa, la vicepresidente del país, Rosario Murillo.

La represión en Nicaragua, criticada por Almagro, ha dejado un saldo de al menos 300 opositores muertos, centenares de heridos, decenas de desaparecidos y miles que huyeron al exilio ante las amenazas gubernamentales.

Al mismo tiempo, Almagro ha visto con buenos ojos la participación de los Carabineros chilenos en la contención de las protestas que hay en el país sudamericano desde octubre de 2019.

En contraposición, diversos organismos de derechos humanos como el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile han denunciado el excesivo uso de la fuerza por parte de la agrupación policial, cuya participación ha dejado ya varios muertos, centenares de ciegos por bala y centenares de presos políticos.

Sin embargo, y a pesar de que durante su gestión no ha hecho más que agudizarse la situación de una región de por sí dividida por diferencias ideológicas y políticas entre los gobernantes, Almagro ha sido reelecto este viernes como secretario general de la OEA para estar al frente del organismo durante los próximos cinco años.

En el contexto actual de crisis económica derivada de la pandemia de Covid-19, sin contar la que vaticinan economistas en todo el mundo este 2020, la postura belicista de Almagro con los gobiernos progresistas no parece que vaya a lograr más unidad latinoamericana, gran proyecto histórico de la región, sino una mayor polarización.

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