"No tenemos ni de qué alimentarnos", dicen chontales

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Alexis Ortiz, enviado

NACAJUCA, Tab., noviembre 16 (EL UNIVERSAL).- Una semana después de que las inundaciones en Tabasco se agravaron por el desbordamiento de ríos y presas, en el municipio de Nacajuca el desastre sigue igual y la gente exige ayuda de las autoridades.

"Nos está afectando bastante, no tenemos ni a dónde acomodarnos. Quisiéramos que realmente vean la situación que estamos viviendo, no tenemos de qué alimentarnos", lamenta María del Carmen de la O Cruz.

La mujer vive en la ranchería Cantemoc, junto con su madre e hijas, quienes no pierden la oportunidad de mostrar una cartulina donde informan su necesidades.

"Pedimos ayuda, despensa, ropa, colchas, botas de hule, lámpara de manos, cobertores, pabellones", se lee en el letrero que sostienen las jóvenes, quienes aún hablan el dialecto Yokot'an.

Para sobrevivir a las inundaciones, los chontales han tratado de proteger sus casas con trozos de madera y ladrillos, pero cualquier intento es insuficiente para contener la fuerza del río Samaria.

Los habitantes de la ranchería tienen otros problemas: sus viviendas se ubican en una zona rural a la que casi nadie entra, muchos animales que utilizaban para alimentarse se murieron ahogados y ya no hay tiendas abiertas para comprar víveres.

En esta pequeña comunidad los habitantes están acostumbrados a vivir con pocas pertenencias, pero ahora, por una decisión tomada por las autoridades, están en riesgo de perder esos bienes.

En los alrededores de la ranchería Cantemoc hay otras comunidades que luchan por cuidar las pocas pertenencias que tienen; por ejemplo, construyen casas con pedazos de lámina o han decidido salir del lugar para tratar de llegar a un albergue público o los levantados por organizaciones sociales.

"No tenemos nada, ni siquiera dónde bañarnos, porque los baños están entre el agua y en el refugio de nosotros no tenemos nada ni alimentos ni dónde cocinar", comenta Carmen.

Ayer domingo, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que, para salvar la ciudad de Villahermosa, se optó por desviar el agua del río Carrizal hacia el Samaria y eso provocó inundaciones en Nacajuca, Centla y Jalpa.

Justificó que "se tenía que tomar una decisión", mientras los chontales de la ranchería Cantemoc siguen lidiando con el agua dentro de sus casas, la escasez de comida y la falta de servicios básicos, como el agua y la atención médica.