Las papillas, culpables de que hayas tenido que llevar ortopedia dental

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Hay bebés que comen demasiado blando, y lo mismo pasa con muchos niñas y niños, que mastican menos de lo necesario. Esto tienen más importancia de lo que parece; la forma de alimentarnos cuando éramos pequeños y los hábitos de consumo que adquirimos de mayores pueden haber alterado el desarrollo normal de nuestra boca, causando malformaciones y otros problemas de salud. (Foto: Getty)
Hay bebés que comen demasiado blando, y lo mismo pasa con muchos niñas y niños, que mastican menos de lo necesario. Esto tienen más importancia de lo que parece; la forma de alimentarnos cuando éramos pequeños y los hábitos de consumo que adquirimos de mayores pueden haber alterado el desarrollo normal de nuestra boca, causando malformaciones y otros problemas de salud. (Foto: Getty)

La boca, al igual que el resto del cuerpo, va formándose a medida que crecemos. Dormir bien y alimentarnos de manera correcta y equilibrada, son algunos de los factores que pueden favorecer su desarrollo y ayudar a prevenir maloclusiones, la incorrecta alineación de los dientes.

Por ejemplo, los especialistas destacan la importancia de la lactancia para el desarrollo craneofacial. “La lactancia materna contribuye de manera muy positiva a la sincronización de las funciones bucales: respiración, masticación, succión, deglución y fonación”, apunta la doctora Romina Vignolo.

Este tipo de alimentación estimula la acción muscular a través del trabajo mecánico que ejerce el bebé para succionar y deglutir la leche, y ayuda al desarrollo de los maxilares y la estructura de la mandíbula.

Esto contribuye notablemente al posicionamiento adecuado de la mandíbula y al crecimiento transversal de los maxilares, proporcionando el medio adecuado para un desarrollo apropiado de la oclusión dental. De hecho, existen estudios que muestran que un periodo de lactancia materna mayor de 6 meses se relaciona con un menor índice de maloclusiones. 

Los primeros meses de vida de los bebés, en los que la lactancia tiene un papel fundamental, son determinantes para la salud bucodental. Este tipo de alimentación favorece el desarrollo y maduración de las funciones de la cavidad bucal y contribuye en la prevención de anomalías dentales, bucales, maxilares y/o faciales.(Foto: Getty)
Los primeros meses de vida de los bebés, en los que la lactancia tiene un papel fundamental, son determinantes para la salud bucodental. Este tipo de alimentación favorece el desarrollo y maduración de las funciones de la cavidad bucal y contribuye en la prevención de anomalías dentales, bucales, maxilares y/o faciales.(Foto: Getty)

Pero no solo haber sido amamantado de pequeños es determinante para la salud de nuestra boca, aún es más importante la alimentación que hemos tenido a partir de los seis meses, cuando empezamos a ingerir alimentos sólidos. 

En esta etapa, es fundamental para el desarrollo de la dentadura y maxilares ingerir alimentos más duros que nos obliguen a masticar. De esta forma se reducen las posibilidades de necesitar aparatos ortopédicos dentales más adelante.

Sin embargo, en las últimas décadas ha habido un auténtica revolución en lo que a la alimentación infantil se refiere. Hemos pasado de dárselo todo triturado (en papilla o en puré), retrasando el momento de la masticación, a masticarlo nosotras primero, y luego dárselo a ellos. Es decir, dar de comer al bebé boca a boca. Según esta técnica, la madre mastica la comida para convertirla en un bolo alimenticio que va pasando a la boca del bebé en pequeñas cantidades.

Tanto lo uno como lo otro es un despropósito; al 'impedir' que el bebé mastique con sus encías los alimentos sólidos que hay que irle introduciendo poco a poco estaríamos provocando un problema a futuro.

Acostumbrar a los niños a consumir alimentos blandos todo el rato es un error ya que requieren menos trabajo muscular de lo normal lo que impide su correcto desarrollo dental y, en muchas ocasiones, provoca maloclusiones. 

Además, unos malos hábitos de masticación hacen que los niños sean más propensos a acumular sarro y placa bacteriana y, por lo tanto, a padecer enfermedades periodontales y caries.

Alrededor de los 6 meses, el bebé ya muestra las señales de desarrollo motor necesarias, a saber: se sienta (con apoyo) y mantiene la cabeza erguida, coordina ojos, manos y boca para mirar al alimento, puede cogerlo con las manos y llevárselo a la boca, y ha perdido el reflejo de extrusión (no empuja instintivamente hacia fuera con la lengua cualquier cosa que meta en la boca).

En la actualidad el estilo de vida moderno nos está llevando a seguir una tendencia de alto consumo de alimentos de consistencia blanda así como procesados, que pueden tragarse y digerirse rápidamente. Estos malos hábitos de masticación de los alimentos de la “dieta moderna” están relacionados con mal posiciones dentarías y escaso desarrollo de los maxilares. (Foto: Getty)
En la actualidad el estilo de vida moderno nos está llevando a seguir una tendencia de alto consumo de alimentos de consistencia blanda así como procesados, que pueden tragarse y digerirse rápidamente. Estos malos hábitos de masticación de los alimentos de la “dieta moderna” están relacionados con mal posiciones dentarías y escaso desarrollo de los maxilares. (Foto: Getty)

Por lo tanto, hay que dejarle hacer sin olvidarnos de supervisar y respetar las medidas de seguridad básicas para evitar el riesgo de atragantamiento. Pero hay que evitar esta maneta de 'sobreproteger' al bebé, llega un momento en que no ayuda estar triturarle todos los alimentos.

“Es muy importante elegir bien los alimentos que conforman la dieta de los niños ya que su consistencia es clave para favorecer la normalidad funcional y el correcto desarrollo craneofacial”, apunta la Dra. Vignolo.

Todo forma parte de un proceso de aprendizaje. Interferir demasiado en el proceso de desarrollo y maduración natural de los niños queriendo hacerlo casi todo por ellos, no solo les perjudica nutricionalmente hablando, sino que dificulta el normal desarrollo de la cavidad bucal. Entre las patologías dentales que se ven favorecidas por hábitos alimentarios inadecuados destacan la enfermedad periodontal y la maloclusión dental. 

La primera por las mismas causas que el desarrollo de caries, ya que el aumento de la placa bacteriana favorece la aparición de infecciones que afecten a las encías. En el caso de la maloclusión, luego requerirá un tratamiento de ortodoncia por la confluencia de dos factores: 

  1. Una función masticatoria inadecuada 

  2. una alimentación deficitaria en los nutrientes necesarios que puede comprometer el desarrollo de la mandíbula impidiendo que los dientes adquieran su posición correcta. 

Pero cuidado porque el problema no viene solo por haber tenido una alimentación inadecuada durante la infancia. En la actualidad, el estilo de vida moderno nos está llevando a seguir una tendencia de alto consumo de alimentos de consistencia blanda así como procesados, que pueden tragarse y digerirse rápidamente.

Estos malos hábitos de masticación de los alimentos de la “dieta moderna” también están relacionados con mal posiciones dentarías y escaso desarrollo de los maxilares.

Como te hemos contado, el cambio en la forma de consumo de muchos alimentos influye de manera determinante en la salud bucal, así como en la estructura y morfología cráneofacial. El escaso trabajo muscular que requieren estos alimentos supone la alteración de las funciones normales y hacen que se provoquen la mayor parte de las alteraciones en el desarrollo del sistema masticatorio. La función hace la forma, por lo tanto, al romperse ese mecanismo fisiológico se afecta el crecimiento y desarrollo facial.

Pero esto no es todo, tal y como se recoge en este artículo sobre 'La importancia de la masticación', en Criar con sentido común: "Comemos comida tan blanda que no necesitamos casi masticar y es suficiente con hacerlo por un lado. Este es el origen, muchas veces, de enfermedades que se presentan en la edad adulta como enfermedades de la evolución del aparato masticatorio humano: migrañas, vértigos, acúfenos, etcétera".

La elección de alimentos que obliguen a masticar, siguiendo una dieta de alimentos de consistencia menos blanda, seca y fibrosa, es clave para promover la normalidad funcional y establecer un desarrollo dental adecuado.

En definitiva, tanto la lactancia materna como una correcta alimentación especialmente en los primeros años de vida (pero también durante la adolescencia y la edad adulta) son de fundamental importancia no solo desde el punto de vista afectivo, nutricional e inmunológico, sino que también influye desde el punto de vista funcional.

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