Los aliados fracasan en convencer a Biden de demorar la retirada y presionan a los talibanes

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Biden y Johnson durante la cumbre del G7 de junio pasado
Biden y Johnson durante la cumbre del G7 de junio pasado

PARÍS.– Los occidentales no tendrán ningún plazo suplementario para terminar con las operaciones de evacuación en el aeropuerto de Kabul. La cumbre virtual del G-7, reunida hoy por iniciativa del primer ministro británico, Boris Johnson, no consiguió convencer al presidente Joe Biden de prolongar la partida de sus tropas de Afganistán, más allá del 31 de agosto.

Johnson reconoció su fracaso –y el de otros socios europeos de Estados Unidos–, prefiriendo insistir en “la hoja de ruta que condicionará el diálogo con los talibanes”. Sobre ese punto, los dirigentes de las siete principales potencias del mundo llegaron a un acuerdo.

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“La primera condición que ponemos como G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), es que deben garantizar hasta el 31 de agosto y más allá la seguridad del ingreso al aeropuerto para todos aquellos que quieran partir”, dijo. Casi simultáneamente, los nuevos amos de Kabul anunciaban que solo los occidentales serían autorizados a entrar en la terminal aérea.

El primer ministro británico advirtió que otra de las condiciones para que el nuevo régimen pueda obtener ayuda financiera internacional será el compromiso de que Afganistán “no volverá a ser terreno fértil para el terrorismo”, que eviten relanzar el comercio de la droga y que permitan a las jovencitas ir a la escuela hasta la edad de 18 años.

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La cumbre se realizó en un momento crítico para los occidentales, superados por la rapidez con la cual los talibanes se apoderaron del país. El G-7 debía demostrar hasta qué punto los aliados son capaces de responder a la crisis que amenaza su unidad y podría permitir un avance considerable de la influencia de Rusia y de China en la región.

“Juzgaremos a los talibanes por sus actos y no por sus palabras”, indicó el comunicado del G-7 al término de la reunión. “En particular, deberán rendir cuentas de sus acciones para prevenir el terrorismo, preservar los derechos humanos, sobre todo de las mujeres, las jóvenes y las minorías”, agrega el texto.

Después de la cumbre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó sin embargo que el reconocimiento del régimen talibán “no está sobre la mesa” para el G-7.

“No mantenemos negociaciones políticas, solo conversaciones operacionales” necesarias para la evacuación, explicó.

Un efectivo de la fuerza especial ayuda a la evacuación en el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul, Afganistán.
Un efectivo de la fuerza especial ayuda a la evacuación en el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul, Afganistán.


Un efectivo de la fuerza especial ayuda a la evacuación en el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul, Afganistán.

Apoyado por Francia y Alemania, Johnson quería aprovechar la cumbre para convencer a Biden de atrasar la partida de las tropas norteamericanas de Afganistán. Ambos habían hablado por teléfono el lunes por la noche por segunda vez desde la caída de Kabul. Tanto como Estados Unidos, los británicos están sometidos a una carrera contra reloj para repatriar a la mayor cantidad de ciudadanos y de colaboradores afganos antes del 31 de agosto, fecha fijada por los acuerdos de Doha el año pasado entre Washington y la cúpula talibana.

En un principio de acuerdo con esa posibilidad, pocas horas antes de la reunión del G-7 la Casa Blanca dio marcha atrás.

“No veo disonancia entre las declaraciones públicas de Estados Unidos y los contactos con los talibanes. (…) Estos fueron muy claros sobre sus expectativas”, declaró el vocero del Pentágono, John Kirby. Eso significa que los ejércitos occidentales que realizan evacuaciones deberán dejar territorio afgano antes del fin de la semana.

Estados Unidos evacuó 58.700 personas desde el 14 de agosto y se fijó como objetivo repatriar otras 100.000. Los británicos pudieron evacuar unas 9000 personas y, según Johnson, “otros miles” se podrían sumar. Presente militarmente en Afganistán desde 2001 hasta 2014, Francia sacó de Afganistán más de 2000 personas desde que cayó Kabul, que se agregaron a 623 afganos que viajaron entre mayo y julio, todos empleados de ONG e instituciones francesas, así como 800 colaboradores del Ejército francés, recibidos en París entre 2013 y 2019.

Johnson también pretende lanzar un proceso en Naciones Unidas “para ayudar a Afganistán a avanzar sin que el país tenga la impresión de haber delegado su poder a potencias extranjeras”. Esto implica ampliar la respuesta fuera del marco del G-7, grupo del cual no forman parte ni Rusia ni China.

Italia, que actualmente preside el G-20, también quiere organizar “una cumbre ad hoc” sobre la crisis, según anunció su ministro de Relaciones Exteriores, Luigi Di Maio, ante el parlamento.

Entre sus requerimientos, el G-7 pidió a los talibanes “actuar de buena fe”, organizando “un gobierno inclusivo y representativo”, con una significativa participación de mujeres y de grupos minoritarios”.

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