¿Podrían las algas ser el alimento sostenible del futuro?

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A medida que el mundo se va poblando y la crisis climática se agudiza, hay que encontrar la manera de comer de forma más sostenible. Y, desde la ingestión de insectos repletos de proteínas hasta la carne cultivada en laboratorio, se están explorando alternativas más ecológicas (y respetuosas con el bienestar animal), la última de las cuales son las algas.

No es de extrañar que, como ya hemos explotado todo lo que hay en la tierra, estemos destinados a adentrarnos más en el mar. Pero mientras los ecologistas advierten de los efectos devastadores de la sobrepesca, una experta afirma que debemos consumir los alimentos del fondo del océano, en lugar de los de la superficie.

Patricia Harvey, catedrática de bioquímica y jefa de investigación sobre bioenergía de la Universidad de Greenwich, afirma: “en tierra hemos aprendido a comer las verduras, en el océano aún no hemos aprendido a comer las verduras: las algas”.

¿Qué es el “flexitarismo oceánico”?

Es un nuevo concepto que pide que -al igual que el “flexitarianismo” o el “vegetarianismo casual”, en los que la gente lleva una dieta mayoritariamente vegetal pero se permite algo de carne de vez en cuando- comamos más verduras del océano que pescado.

Algas es el término que engloba a un enorme y diverso grupo de organismos acuáticos que realizan la fotosíntesis para generar oxígeno y que se encuentran tanto en el agua dulce como en el agua de mar. Una forma de algas con la que la mayoría de la gente está familiarizada son las algas marinas, como el nori y el kelp, y las dietas japonesas en particular incluyen varios tipos. Pero Harvey afirma que el potencial no explotado de las fuentes alimentarias sostenibles del océano es enorme.

¿Por qué es sostenible comer algas?

“Sabemos que tenemos que alimentar a mucha más gente de aquí a 2050, la población está creciendo, y también sabemos que si seguimos aplicando la agricultura intensiva en la tierra, vamos a arruinar completamente la biodiversidad”, dice Harvey. Pero no podemos recurrir al océano sin más, porque solemos comer peces carnívoros como el atún y el bacalao.

“Alrededor del 70% de la Tierra está cubierta de agua y aproximadamente el 97% de esa agua es el océano. Si nos sumergimos en el océano para alimentar a toda esa gente, si luego nos volcamos en el océano para [sólo] comer a los carnívoros, entonces estropearemos el océano. Por eso es increíblemente importante conseguir que más gente se dedique a comer algas, los vegetales, en el fondo del océano. Así podremos conseguir una explotación sostenible del océano para alimentar a más gente”.

¿A qué sabe?

“La gente tiende a pensar que las algas son esa cosa viscosa de la playa, así que hay que cambiar bastante la percepción”, dice Harvey.

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“En general, las algas tienen mucho sabor a umami, por lo que se utilizan cada vez más en alimentos salados, pero también se pueden consumir en alimentos dulces. Las algas se pueden comer como verduras, pero las microalgas se van a utilizar mucho más como ingredientes añadidos a los alimentos, para complementarlos o para una nutrición personalizada”.

La Dunaliella -un tipo concreto de microalga que se encuentra en los lagos salados y que Harvey y sus colegas estudian y cultivan en el laboratorio- “tiene un sabor floral”. Gracias a la presión de Harvey, el nuevo ingrediente podría estar disponible para su consumo en el Reino Unido dentro de unos años.

¿Y los beneficios para la salud?

“Hay entre 80 y 100 mil especies, de las que sólo conocemos 200, y probablemente sólo hemos consumido 70. Todas las algas tienen beneficios diferentes”, explica Harvey. La Dunaliella, por ejemplo, produce mucha pro vitamina A y ácido graso poliinsaturado omega 3.

De hecho, uno de los beneficios nutricionales por los que comemos pescado, el omega 3, se encuentra originalmente en las algas. Los peces consumen las algas y nosotros consumimos el pescado: comerlo directamente de la fuente elimina el intermediario.

Harvey afirma que se ha demostrado que algunos de los ingredientes, en cantidades muy pequeñas, tienen un impacto positivo sobre la psoriasis y las enfermedades oculares. “Lo que hemos estado haciendo en las universidades es impulsar la producción de esos ingredientes específicos en la biomasa, y eventualmente esa biomasa se incorporará a los alimentos”.

Así, podrías obtener una “oferta nutricional personalizada” en función de tus necesidades de salud. También podrías comprarla en forma de píldora o consumirla como bebida saludable.

Al igual que en los cultivos terrestres, los niveles de proteínas varían según la especie de algas. “En una especie puede haber un rango de 26%-70% de proteína, sólo dependiendo de cómo se cultive”, señala Harvey. “Pero, en general, cada vez entendemos mejor cómo producir estas algas para que tengan un alto contenido de proteínas”.

¿Por qué no las comemos ya?

El problema es doble: la falta de concienciación y el bloqueo de la legislación europea. “En China han estado cultivando algas y saben mucho más sobre cómo hacerlo. En Europa, no hemos llegado a conocer las diferentes especies que tenemos, no sabemos cómo cultivarlas adecuadamente y no sabemos cómo procesarlas correctamente. Las algas van a ser el alimento del futuro, pero necesitamos ayuda para conseguirlo”.

Se necesita inversión para poner en marcha un nuevo tipo de producción de alimentos a esta escala, y Harvey afirma: “Los inversores quieren invertir, la gente quiere algas, pero uno de los grandes obstáculos es que tenemos una legislación muy estricta”.

Básicamente, la mayoría de los tipos de algas no están reconocidos legalmente como “alimentos” en Europa. La Dunaliella “se consume en Estados Unidos y se come en Japón desde hace siglos, pero en Europa tiene que pasar por la categoría de nuevo alimento, y hasta que eso ocurra, no podemos comerla”.

Pero las actitudes cambian constantemente, y los millennials están liderando el camino, indica Harvey. “Hay un gran movimiento entre los jóvenes que quieren tener un estilo de vida saludable, que quieren pasarse a las algas; muchos trabajos muestran ahora que la gente es mucho más receptiva que antes”.

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