En Alemania, EU y Reino Unido: Mexicanos cuentan cómo han vivido la epidemia en otros países

Redacción Animal Político
·9  min de lectura

Mónica Rodríguez tiene 37 años, es infografista y trabaja en Berlín, Alemania. Lo primero que cuenta sobre cómo se ha vivido la epidemia en ese país es que por momentos hubo cierta disparidad entre las restricciones que aplicó cada uno de los 16 estados de Alemania. Sin embargo al llegar el verano, como en otras naciones, hubo cierta relajación en las medidas, gente que salió de fiesta o a vacacionar, y claro, hubo rebrotes, lo que llevó a los estados a unificar medidas.

“Ahora ya se unieron todos, porque se dieron cuenta que no había otra manera de frenar las cosas”, señala.

En general, Mónica ha percibido que la gente en Berlín acata las medidas sanitarias para prevenir contagios, además observó que hubo apoyos para comercios y trabajadores, afectados por cierres o baja de ventas en medio de la epidemia.

Lee: De Canadá a Corea del Sur: Mexicanos cuentan cómo han vivido la epidemia en otros países

En su caso, de mayo a agosto estuvo en una modalidad en la que la empresa en la que labora, antes de despedirla, le quitó horas de trabajo. A la par, se activó un seguro de desempleo, que cubrió un porcentaje de su sueldo al trabajar menos horas. De ese modo, pudo solventar gastos en la primera ola de Covid, aunque ahora tiene la incertidumbre de que debido a la ‘segunda ola’ de nuevo haya recortes en sus ganancias, en enero.

Como en el caso de Corea del Sur, ella notó que incluso la cultura o la ‘personalidad’ alemana les ayudó para evitar cierto número de contagios, ya que en general les gusta guardar sana distancia. “Los alemanes son como muy muy solos, muy solitarios”, relata.

Otro punto que genera inquietud entre los alemanes, según cuenta Mónica, es que en 2021 habrá elecciones y termina el mandato de Angela Merkel como canciller. A nivel mundial, ella ha sido reconocida como una de las líderes que valoró de forma adecuada la magnitud del desafío, diciendo desde marzo que la pandemia de Covid era la mayor amenaza para Alemania desde la Segunda Guerra Mundial.

La forma en que encaró la epidemia contrasta con la actitud de mandatarios como Donald Trump y Jair Bolsonora, que menospreciaron el peligro para la salud pública por el nuevo coronavirus.

Hasta el 24 de diciembre, según los datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins, en Alemania habían muerto por Covid 28 mil 909 personas, una tasa de 34.86 muertes por cada 100 mil habitantes; en comparación, en esa fecha Estados Unidos tenía una tasa de 99.68 y México de 95.34.

Juan Pablo Garduño, de 30 años e ingeniero de software que vive en Múnich, coincide en señalar que los alemanes son disciplinados y acatan las reglas de distanciamiento social o confinamiento, de cierres de ciertos establecimientos y de no hacer fiestas, aunque también refiere que las multas por no cumplir esas medidas son muy altas, lo que disuade a muchos.

La historia de Nelia, trabajadora esencial en EU

Nelia Pao se queda en casa, pero no está en aislamiento. Desde que inició la pandemia por coronavirus, su labor consiste en cuidar a los hijos pequeños de otras personas que deben acudir a sus centros de trabajo en Estados Unidos.

Hace tres años obtuvo una licencia para brindar el servicio de cuidado de infantes en el estado de Maryland, pero en marzo tuvo que cambiar su dinámica y adoptar nuevas medidas de salud porque su actividad fue considerada como esencial.

Nelia, como pide que se le nombre, explica en entrevista con Animal Político que, en primer lugar, tramitó un permiso especial para atender a los hijos de personas que están en el frente de la pandemia, lo que le exigió mayores medidas de limpieza, utilizar cubrebocas y restringir el paso de los padres en el lugar.

Este nuevo permiso establece que solo puede recibir a niños que eran hijos de trabajadores esenciales, por lo que algunos de ellos tuvieron que dejar de asistir. “Al principio sí fue un poco fuerte porque me quedé sin dos niños, dos entradas de dinero”, dice.

Sin embargo, tiempo después acudieron más niñas y niños que sí entraban en la categoría. Además, el gobierno asumió el pago para el cuidado de los niños y usó una tarifa general por zona, por lo que “a mí me pagaba más de lo que normalmente cobro”.

“Soy una de las pocas personas que fue beneficiada por la pandemia, sí podríamos decirlo así. Porque aparte de que el gobierno me estaba pagando, posteriormente ayudó a las personas como yo que teníamos guarderías y negocios pequeños”, señala.

Los congresistas de Estados Unidos aprobaron a finales de marzo, durante la primera ola de la pandemia, un plan de apoyo económico por 2.2 billones de dólares que incluía beneficios de desempleo por 600 dólares a la semana y el envío de 1,200 dólares a cada adulto.

A pesar de este aspecto que Nelia considera positivo, reconoce que fue difícil para las personas en su comunidad. “Cerraron guarderías, escuelas, cines, salones de belleza. Solamente se quedaron los esenciales”.

El gobierno local no adoptó medidas estrictas, pero sí hubo restricciones de movilidad en las noches, por lo que a su esposo, quien también es trabajador esencial, recibió un documento especial para poder ir a cubrir su horario: “Los que no estaban enfermos tenían que trabajar más, a ellos les daban una tarjeta por si la policía los paraba, con lo que podían argumentar que eran trabajadores esenciales”.

En su comunidad quebraron restaurantes, pero “otros se reinventaron y empezaron a hacer combos, envíos y promociones”. Una de las estrategias adoptadas fue que cada semana las personas procuraban hacer pedidos a un solo restaurante, mientras que los otros negocios apoyaban con envíos.

El restaurante variaba cada semana, con lo que ayudaban a mantener el flujo económico de la comunidad, “mucha gente es muy solidaria y puede hacerlo”.

Sobre el uso de cubrebocas, explica que la mayoría lo usa, “si no es que todos”.

“Al menos en mi colonia hay mucha gente deportista o que se preocupa mucho por la salud. Siempre los ves corriendo con su cubrebocas y a mí me tocó que un día salí sin él, caminando, y me dijeron que tenía que ponérmelo”.

“La mayoría de las personas hemos sido muy intensas. Tengo una amiga a quien no hemos visto desde que empezó la cuarentena. Ella sí, de plano, no sale. Pide comida para llevar, que los supers le lleven el mandado”.

Nelia dice que cuando disminuyeron los contagios, se reunió con un grupo de seis amigas, fuera de la casa, utilizando cubrebocas y manteniendo distancia. Durante el cumpleaños de su hija, comenta, decidieron hacer tres pijamadas pequeñas debido a que no se podía hacer una fiesta.

Durante la cena de Acción de Gracias, las autoridades pidieron que la población reportara reuniones con más de diez personas. “La gente fue muy cuidadosa, no vi a nadie haciendo fiestas grandes”.

Sin embargo, señala que entre los aspectos negativos del estímulo del gobierno es que hubo personas que solicitaron el apoyo “y ganaban más” que las personas que trabajan horas extra, arriesgándose.

Sobre la vacuna, tiene esperanza de que ayude a reducir el daño por la pandemia, pero dice que ella preferiría ser de las últimas personas a quienes se les aplique. A pesar de ello, cree que le tocará hacerlo pronto, debido a que es trabajadora esencial.

La desconfianza que tiene, comenta, es sobre los efectos secundarios, cuyo tratamiento podría ser costoso. “El servicio médico es de lo más caro, si te pasa algo ya te fregaste porque te endeudaste de por vida. Es lo peor en cuestión gastos”, dice.

En Reino Unido, contradicciones

En opinión de Pilar, comunicóloga de 23, las restricciones de Reino Unido han sido muy laxas y los ciudadanos han recibido mensajes contradictorios.

Para medir el nivel de riesgo, las autoridades sanitarias de Reino Unido crearon una clasificación llamada “Tier”, que les ayudaba a determinar las restricciones.

Mientras las autoridades le decían a la gente que debía estar en máximo resguardo, también se planteó dejar cinco días libres para viajar en Navidad…

“Pero luego encontraron la nueva cepa del coronavirus y crearon un nuevo nivel llamado Tier 4, que significa que nadie salga de su casa”, relata.

Pilar recuerda que al inicio todo mundo estaba en pánico y seguía las recomendaciones, pero en el momento en que dieron este anuncio, los parques estaban repletos.

Ella vive en una zona de jóvenes y parejas entre 20 y 30 años, por lo que sí ha visto que organizan fiestas, aunque por lo regular llega la policía a hacer un amable recordatorio de que no se debe hacer, y se van.

La joven explica que de manera general la gente sí usa cubrebocas, “aunque vuelvo a lo mismo, depende de dónde vivas, se puede ver de todo”.

Durante el confinamiento, agrega, hubo apoyo con recursos públicos, aunque le hubiese gustado que fueran de mejor alcance.

“A mí, por ejemplo, no sabía si me iban a pagar y me dijeron que darían el 50% de mi salario, pero la renta es muy cara, entonces la pagaba y me quedaba muy poco para lo demás, es algo que también vivieron muchas personas”.

Pilar tiene confianza en la vacuna que ya se está aplicando en Reino Unido. De momento no sabe la fecha exacta de cuándo le toca la vacuna, pero está tranquila, pues conoce personas que ya la tienen y sabe que en su momento le informarán.

“A todos nos llegó un mensaje de texto, donde dicen que nos avisará nuestro doctor de cabecera, porque acá, digamos, tienes que tener uno y estás registrado, entonces ahí te avisarán para proporcionártela, aunque puedes no acudir si no deseas”.

Con información de Lidia Sánchez, Samedi Aguirre, Siboney Flores y León Ramírez

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

El cargo En Alemania, EU y Reino Unido: Mexicanos cuentan cómo han vivido la epidemia en otros países apareció primero en Animal Político.