Alejandro Crespo, el dirigente sindical de izquierda que tiene en vilo a la industria automotriz

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En el centro, Alejandro Crespo, el jefe del Sutna y militante del PO
En el centro, Alejandro Crespo, el jefe del Sutna y militante del PO

Alejandro Crespo tiene 47 años y desde 2016 es el secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna). Desbancó del poder a Pedro Wasiejko, quien tuvo al gremio en un puño casi 17 años, fue el número dos de la CTA que comanda Hugo Yasky y preside hoy el Astillero estatal Río Santiago. El desembarco de Crespo en el Sutna fue algo novedoso en el rompecabezas sindical : es militante del Partido Obrero (PO) y forma parte de lo que se denomina el gremialismo clasista y combativo o la izquierda sindical.

El Sutna está hoy en el centro de un conflicto que no tiene visos de aflojar. Mantiene una pulseada con Fate, Bridgestone y Pirelli por el aumento de un 200% del pago extra por trabajar el fin de semana y por la revisión de la paritaria de 2021. Habrá hoy una reunión clave en el Ministerio de Trabajo después de casi un mes de conciliación obligatoria. Las empresas temen que si el desacuerdo persiste se pare la producción por tiempo indeterminado y se complique la provisión a automotrices y al mercado de reposición. Esa es la amenaza sindical, que mantiene en pie una protesta prevista para mañana que contaría con una tropa de piqueteros y militantes camioneros como posibles aliados.

El Sutna tiene 5000 afiliados. La raíz del conflicto con las empresas el pago de las jornadas de fin de semana. El régimen laboral es de siete días de trabajo de corrido y dos de descanso. El gremio exige un pago doble para los sábados y domingos. Los empresarios argumentan que acceder a ese pedido les restará competitividad y les aumentaría en un 15% los costos laborales, según precisaron a LA NACION. En paralelo, se negocia el cierre del acuerdo salarial 2021-2022, cuyo trato está avanzado para firmar en 66%, pero todo está atado a lo que se resuelva sobre los fines de semana. La disputa sigue abierta.

Tanto en la charla con el hombre cualquiera como en los ámbitos políticos y gremiales, Crespo habla con naturalidad de “la patronal”, para referirse a los empresarios, y de “la burocracia”, para referirse a los gremios peronistas que se anidan bajos las siglas de la CGT. Surgido de la fábrica de Fate, adonde ingresó a trabajar en 2004, Crespo se convirtió hoy en un referente del sindicalismo clasista. Comulga con los dirigentes Néstor Pitrola y Juan Ferro, ambos del PO. Mantiene, además, lazos estrechos con otros gremialistas díscolos, como el Suteba combativo de La Matanza, cuya líder es Romina Del Plá, que se opone al liderazgo de Roberto Baradel, o los delegados de la Línea 60 o del ramal Sarmiento que se oponen a las conducciones nacionales de la UTA y la Unión Ferroviaria, respectivamente.

“Somos un gremio nacional en el que hay un amplio espectro político: hay militantes de izquierda, peronistas, radicales, de todo... Lo que sí, somos clasistas: cuando decimos que vamos a un conflicto, lo hacemos”, se diferenció Crespo hace unos años, en una charla con LA NACION.

Con la izquierda sindical al mando, surge una incógnita: ¿cómo negociar con los empresarios sin perder su esencia? “Nosotros no queremos cooperativas. Entendemos el rol capital-trabajo. Las cooperativas son únicamente válidas ante el cierre de una fábrica, pero no es lo ideal”, dicen cerca de Crespo. La misma fuente agrega: “El camino político es la alternativa para que los trabajadores lleguemos al poder. Otro, no”.

Con esta sentencia, Crespo derriba un mito. Desmiente que haya alguna vez desafiado a Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate y Aluar, para hacer de la fábrica una cooperativa. “No es nuestra idea y tampoco la del resto de los compañeros que integran el consejo directivo del Sutna”, aseguró .

El apoyo de Moyano

Crespo sumó un inédito espaldarazo a su demanda por una mejora en el pago de las horas extras. La semana pasada fue recibido por Pablo Moyano en el despacho que ocupa el camionero en el tercer piso de la CGT. “Le damos nuestro apoyo al legítimo reclamo del compañero Crespo”, dijo uno de los tres jefes cegetistas en un comunicado por redes sociales. Crespo valoró el apoyo. “Es importante. Somos parte del movimiento obrero y es un respaldo muy importante”, dijo hoy el dirigente sindical a LA NACION.

El acercamiento de Crespo a la CGT no es reciente. Durante la pandemia también había tendido puentes con Héctor Daer, otro de los miembros del triunvirato de mando, que lo había recibido por el Preventivo de Crisis por el que pasó la empresa Fate, que estuvo al borde de despedir a 500 personas. Ahora, además del conflicto salarial que tiene en vilo a la industria automotriz, Crespo encontró otro motivo para construir un vínculo con el sindicalismo peronista. El Sutna abandonó en abril pasado la CTA que encabeza Yasky y activó gestiones para incorporarse a la CGT. “Lo votamos por mayoría en asamblea”, explicó Crespo el giro.

Detrás del trámite y la letra chica de los estatutos, la posible mudanza abre un debate: ¿la CGT le abriría las puertas a la izquierda, que califica a sus dirigentes como la burocracia sindical? ¿El Sutna, el único sindicato industrial en manos del trotskismo, estaría dispuesto a virar hacia el sindicalismo peronista? Preguntas que por ahora no tienen respuesta, pero que despiertan interés y preocupación en el mundo sindical y empresario.

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