Los alegatos del juicio político se proponen reavivar la indignación contra Trump por el ataque al Capitolio

Nicholas Fandos
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El senador de Kentucky, Mitch McConnell, líder de la minoría republicana, al centro, se dirige al pleno del Senado en el Capitolio en Washington, el martes 2 de febrero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)
El senador de Kentucky, Mitch McConnell, líder de la minoría republicana, al centro, se dirige al pleno del Senado en el Capitolio en Washington, el martes 2 de febrero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)
El senador republicano de Florida, Rick Scott, al centro, habla con reporteros en el Capitolio en Washington, el martes 2 de febrero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)
El senador republicano de Florida, Rick Scott, al centro, habla con reporteros en el Capitolio en Washington, el martes 2 de febrero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)

WASHINGTON — Cuando los gestores del juicio político en la Cámara de Representantes procesen esta semana al expresidente Donald Trump por incitar el ataque al Capitolio, planean presentar argumentos rápidos y cinematográficos destinados a reavivar la indignación que los legisladores vivieron el 6 de enero.

Con las lecciones que dejó el primer juicio de impugnación de Trump, del cual hasta los demócratas se quejaron por haber sido repetitivo y a veces tímido, los fiscales a cargo de su segundo juicio se están preparando para concluirlo en tan solo una semana, renunciar a las peleas de testigos que distraen y depender en gran medida de grabaciones de video, según seis personas que trabajan en el caso.

Necesitan que diecisiete republicanos se unan a todos los demócratas para declarar a Trump culpable, lo que hace improbable la condena. Sin embargo, cuando el juicio inicie el martes en el mismo lugar de la invasión, los fiscales tratarán de hacer que los senadores que vivieron el mortal alboroto mientras se reunían para formalizar la victoria electoral del presidente Joe Biden tengan que reconocer la totalidad de la campaña de Trump, que duró un mes, para anular las elecciones y su incapacidad para suspender el ataque.

“La historia de las acciones del presidente es a la vez fascinante y horripilante”, dijo en una entrevista Jamie Raskin , representante demócrata de Maryland, quien funge como el fiscal principal. “Creemos que todos los estadounidenses deben conocer lo que sucedió: que la razón por la que fue impugnado por la Cámara Baja y la razón por la que debe ser condenado e inhabilitado para ocupar futuros cargos federales es garantizar que nunca vuelva a suceder un ataque como ese contra nuestra democracia y Constitución”.

Los demócratas se han dado a sí mismos una nueva oportunidad sin precedentes, al convertir a Trump en el primer presidente de Estados Unidos en ser sometido a un juicio político en dos ocasiones. Cuando el representante demócrata de California Adam B. Schiff se preparaba para procesar a Trump la primera vez por llevar a cabo una campaña de presión sobre Ucrania, leyó de cabo a rabo el expediente de 605 páginas del juicio de destitución del presidente Bill Clinton en 1999 y les enviaba a sus asistentes hasta veinte mensajes al día mientras intentaba modernizar un procedimiento que solo había ocurrido dos veces antes.

En esta ocasión, el nuevo grupo de nueve gestores demócratas solo tiene que retroceder un año para estudiar las lecciones del proceso de Schiff: no generar antagonismo entre los republicanos, utilizar la mayor cantidad de videos posible y, sobre todo, exponer argumentos sucintos para evitar aburrir o distraer al jurado de legisladores.

Por su parte, los abogados de Trump han indicado que, una vez más, tienen la intención de montar una defensa en gran medida técnica, con el argumento de que el Senado “carece de jurisdicción” para juzgar a un expresidente después de haber dejado el cargo porque la Constitución no establece de manera explícita que pueda hacerlo. Aunque numerosos juristas y la mayoría de los integrantes del Senado no están de acuerdo, los republicanos han adoptado este argumento de manera sumaria como justificación para desestimar el caso sin opinar sobre la conducta de Trump.

Los abogados, Bruce L. Castor Jr. y David Schoen, también planean negar que Trump incitara a la violencia o pretendiera interferir en la formalización de la victoria de Biden en el Congreso, con el argumento de que sus denuncias infundadas de que la elección fue “robada” están protegidas por la Primera Enmienda. Además, Castor reveló a Fox News que su defensa también se basaría en videos, tal vez de disturbios en ciudades estadounidenses gobernadas por demócratas.

Los gestores tratarán de rebatirlos tanto con argumentos constitucionales como con un compendio de pruebas abrumador. El equipo de Raskin ha pasado decenas de horas seleccionando un buen conjunto de videos grabados por la turba, las propias palabras de Trump que no dejan lugar a la duda y los alegatos criminales de los alborotadores que dijeron haber actuado a instancias del exmandatario.

El material de fuentes primarias puede sustituir los testimonios en directo. El intento de llamar a nuevos testigos ha sido objeto de un extenso debate por parte de los gestores, cuyo expediente probatorio tiene varias lagunas que los funcionarios de la Casa Blanca o los militares podrían llenar. En el juicio anterior, los demócratas ejercieron presión sin éxito para hacer de los testigos un elemento central de su caso, pero esta vez, muchos en el partido dicen que son innecesarios para probar la acusación y que sencillamente le costarían a Biden tiempo valioso para hacer avanzar su agenda sin cambiar el resultado.

“No es que no deba haber testigos, más bien se trata de la realidad práctica de dónde nos encontramos con un expresidente”, afirmó Daniel S. Goldman, exabogado de la Cámara Baja que trabajó en el primer juicio político de Trump. “Esto también es algo que aprendimos del último juicio: este es un animal político y estos testigos no van a inclinar la balanza”.

Schiff dijo que su equipo trató de producir una “miniserie de HBO” que incluía videos de testigos para dar vida a la trama esotérica sobre la campaña de presión de Trump sobre Ucrania. La de Raskin más bien quizá parezca una película de acción taquillera.

“Cuanto más se documenten todos los trágicos acontecimientos que condujeron a ese día, la conducta indebida del presidente ese día y su reacción mientras se daba el ataque, más y más difícil será para cualquier senador esconderse detrás de esas falsas hojas de parra constitucionales”, afirmó Schiff, quien asesoró de manera informal a los gestores.

Para montar la presentación, el equipo de Raskin ha recurrido a la misma empresa externa que ayudó a montar la exposición multimedia de Schiff. No obstante, Raskin está trabajando con material mucho más completo para contar una historia de un mes de duración sobre cómo él y sus colegas creen que Trump preparó, reunió y provocó a una turba para tratar de anular su derrota.

Hay videos y tuits de Trump del verano pasado, en los que advertía que solo perdería si se cometía un “fraude” electoral en su contra; videos y tuits en los que afirma que ganó después de su derrota; y videos y tuits de funcionarios estatales que acudieron a la Casa Blanca mientras Trump buscaba “detener el robo”. Hay audios de una llamada en la que Trump presionó al secretario estatal de Georgia para que “encontrara” los votos que necesitaba para revertir la victoria de Biden en ese estado; así como tuits del presidente y recuentos de legisladores afines a él que dicen que una vez que esos esfuerzos fracasaron, Trump concentró toda su atención en la reunión del Congreso del 6 de enero para una última batalla.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company