Alcaldes preparan el terreno para extrema derecha en Francia

Por ELAINE GANLEY

BEAUCAIRE, Francia (AP) — El alcalde Julien Sánchez retiró la bandera europea de la municipalidad de Beaucaire, llamó una calle "Brexit" y duplicó la cantidad de policías, todas medidas sacadas del manual de Frente Nacional de derecha al que pertenece.

Pero fue incluso más allá en esta ciudad pobre del sur de Francia.

Adoptó un programa en contra de la inmigración. Eliminó los subsidios de programas que afectan mayormente a residentes nacidos en el extranjero. Dispuso que se alimentase con comida enlatada barata a los estudiantes cuyos padres no pagan, en parte para demostrar que "la asistencia social no hay que usarla para comprar televisores".

"Manejo la ciudad como un buen padre", declaró Sánchez, quien tiene 33 años, en una entrevista en la que repitió las recomendaciones de la candidata presidencial de la extrema derecha Marine Le Pen acerca de cómo se deben administrar las ciudades y de cómo ella gobernaría el país.

Sánchez es uno de 11 cuadros del Frente Nacional elegidos alcaldes en el 2014 en el marco de una estrategia de Le Pen de sentar raíces en las comunidades para mejorar sus posibilidades a nivel nacional.

La estrategia funcionó: Le Pen se perfila con buenas posibilidades en la primera ronda electoral del domingo. Los dos más votados entre los 11 candidatos irán a una segunda vuelta el 7 de mayo.

Beaucaire, una ciudad pequeña de 16.000 habitantes a 30 kilómetros (19 millas) de Nimes, fue terreno fértil para el Frente Nacional, que hace hincapié no solo en la economía sino también en la defensa de la identidad nacional.

Cuenta con un castillo medieval y se encuentra junto al río Rin.

Abundan los negocios cerrados, la tasa de desempleo es del 20% y hay una numerosa población musulmana oriunda sobre todo de las antiguas colonias francesas del norte de África.

Con su herencia romana y su gusto por la cultura provenzal de hoy, Beaucaire encaja dentro de la "historia nacional" de una Francia otrora gloriosa que Le Pen quiere revivir.

Dice que dejará la Unión Europea, prohibirá los pañuelos de los musulmanes --lo mismo que los artículos que usan judíos y sijs en sus cabezas--, fijará un cupo de solo 10.000 inmigrantes por año y creará un sistema de servicios públicos que dará prioridad a los franceses.

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En las localidades gobernadas por el Frente Nacional, en negocios y restaurantes ondea la bandera tricolor de Francia, en una muestra de patriotismo que sería inusual en París.

Los residentes dicen que Sánchez generó esperanza y orgullo en algunos, inquietud en otros.

"Hace cosas por todos... si actúan como corresponde", opinó Christiane Perret. "Lamentablemente, tenemos un gobierno que hace más por los extranjeros que por los franceses", agregó la mujer, haciéndose eco de un mensaje que cala hondo entre los votantes de extrema derecha, que creen que el sistema de beneficios sociales sirve mejor a los extranjeros que a los nativos.

Los partidarios de Sánchez dicen que ha arreglado estacionamientos y pintado las escuelas, contrató otros diez agentes policiales, para llegar a 23; empezó a usar cámaras de vigilancia y combatió a los traficantes de drogas.

Al quedarse sin algunos subsidios, el alcalde suspendió varios programas que afectaban mayormente a residentes extranjeros, ofrecían actividades a los jóvenes y asesoría a los padres.

"Se queja de que los chicos están mucho en la calle", dijo Aziza Abid, cuyos hijos frecuentaban un centro para jóvenes. Ahora que está cerrado, "no tienen nada que hacer", añadió.

Abid asegura que los recortes se enfocaron en gente "de cierta clase social".

Sánchez se irrita cuando se le habla de discriminación e interrumpió abruptamente una entrevista cuando le hicieron una pregunta que no le gustó.

Seis comerciantes lo demandaron por discriminación porque obligó a cerrar restaurantes a las 11 de la noche al comienzo del Ramadán, debido al bullicio. Esos negocios perdieron dinero ya que los musulmanes suspenden su ayuno tarde en la noche durante el mes sagrado.

Un juzgado rechazó el sustento legal de los decretos, pero dijo que no eran discriminatorios.

Sánchez dice que hay que "reafirmar y confirmar" las raíces judío-cristianas de Francia, y que los extranjeros deben asimilarse a la cultura francesa, "no los franceses a la de ellos".

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Como presidenta, Le Pen impulsaría una enmienda a la constitución para anteponer los intereses de los franceses a los de los extranjeros, según Emmanuel Negrier, profesor de la Universidad de Montpellier experto en la ultraderecha.

Le Pen ha dicho que quiere dar prioridad a los nativos en relación con los trabajos y las viviendas sociales.

Algunos residentes afirman que sienten que les faltan el respeto por sus nombres o por el color de su piel.

"Duele mucho", dijo Driss Belquissi, un marroquí de 66 años que vino a Francia en 1970. "Cuando vas a la municipalidad, te tratan como si acabases de llegar".