Alberto Fernández, entre el apoyo de los incondicionales y su confianza en “dar vuelta” la elección en noviembre

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Alberto Fernández hoy, junto a Santiago Cafiero y sergio Massa, en Almirante Brown
Alberto Fernández hoy, junto a Santiago Cafiero y sergio Massa, en Almirante Brown

“No queda otra que apretar los dientes e ir a pelear la hasta noviembre” , dice el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, pisando el asfalto de la avenida Argentina recién inaugurado y mientras su jefe, el presidente Alberto Fernández, ensaya repetidas selfies con militantes y vecinos de Almirante Brown. “¡Acá todos te queremos, Alberto!”, grita un muchacho de campera de gimnasia negra, mientras el Presidente intenta acelerar el paso y enfilar hacia el escenario desde el que inaugurará, junto a miembros de su gabinete y autoridades locales, una nueva obra pública en el vital territorio bonaerense, donde el oficialismo vivió el domingo una dolorosa derrota de sus candidatos a diputados.

Allí, en uno de los pocos reductos peronistas del conurbano en donde se evitó la debacle del Frente de Todos, hace solo dos días, el Presidente volvió a recostarse en el apoyo de sus incondicionales, convencido de poder dar vuelta la historia electoral el 14 de noviembre sin tener que ceder a las presiones y desmembrar su elenco más cercano, que además de Vitobello integran su vocero, Juan Pablo Biondi, y el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, todos presentes en distintos momentos de su recorrida.

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Todo comenzó pasado el mediodía, cuando el helicóptero presidencial arribó a la sede de la empresa Ball, multinacional productora de latas con capitales norteamericanos. Lo esperaba no solo el intendente local, Mariano Cascallares, sino también el ministro de Producción, Matías Kulfas, otro de los apuntados por el kirchnerismo duro a la hora de imaginar cambios de gabinete que, reiteran cerca del Presidente, no se producirán.

“Haga lo que haga, Matías siempre está en la lista”, bromeaba un colaborador mientras Kulfas matizaba la espera en charla con Victoria Tolosa Paz, la cabeza de lista que Fernández auspició, hoy cuestionada luego de la derrota a manos de Juntos. “La gente está enojada, sobre todo la clase media baja, que nos dice: gobernás, resolveme los problemas”, dice la candidata a LA NACION, con su cara detrás del barbijo con la imagen de Eva Perón. “Está todo bien, estábamos todos muy dolidos”, minimiza la postulante, en referencia al gélido saludo que le dedicó Cristina Kirchner cuando la derrota bonaerense ya era un hecho, en el centro cultural “C” del barrio de Chacarita.

La charla se termina cuando llega el Presidente. Junto a Vitobello, Biondi, el ministro de Obras Públicas Gabriel Katopodis, y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, Fernández recorre la fábrica y al salir elogia “una empresa tan pujante que sigue confiando en el país”. Su speech frente a los dueños de casa dura sorprendentes 50 segundos, y luego acepta posar para las fotos.

–Ahora, una foto final –ordena el número dos de Biondi, Marcelo Martín.

–Marcelo, lo que vos digas –lo chicanea con una amplia sonrisa Massa, que luego toma del brazo a Katopodis para conversar largo rato fuera del alcance de la prensa.

“Vamos a hacer todo, y más”, dice Katopodis a este diario luego de finalizada la recorrida, mientras Massa repasa en voz alta los próximos objetivos: la gente que no fue a votar, la decena de partidos bonaerenses que no superaron el mínimo para competir en las generales, el votante de Florencio Randazzo “que no quiere votar a (Diego) Santilli”.

Cerca del Presidente reconocen que no “vieron venir” la andanada de rechazo “en el primer cordón” del conurbano, ese que se proponen reconquistar con más obra pública (Katopodis habló de más de 2500 obras en ejecución) y beneficios “para que puedan llegar a fin de mes”, apuntado hacia los sueldos de menos de $70.000, jubilados y beneficiarios de planes como la AUH. “Hay que escuchar el mensaje de las urnas y recuperar el consumo”, dice Cafiero con rostro relajado, luego de bromear con Cascallares y con los periodistas que “vinieron de excursión al conurbano”. Nadie quiere hablar de cambios, que otros ven como inevitables. “¿Alguien va a cambiar un voto porque se cambia un ministro? Es ridículo”, se ataja un incondicional del Presidente en plena recorrida.

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A los enojados apuntará, precisamente, el Presidente en su discurso en plena calle, ante un millar de militantes, empleados municipales y vecinos. “Nada nos preocupa más que crear trabajo”, dice Fernández, antes de citar a Juan Perón y la “maravillosa música del pueblo”. Otra vez en campaña, encara: “A los que no nos votaron, les digo que la Argentina merece algo mucho mejor que lo que nos pasó hasta 2019”. Otra vez el latiguillo anti-Cambiemos que no dio resultado en la reciente elección. “No condenemos a este país al retroceso”, grita el Presidente, después de prometer “corregir errores” y “hacer lo que hasta ahora no pudimos hacer” antes de la próxima y decisiva cita electoral.

Pasadas las dos de la tarde, el Presidente corta con los saludos y los abrazos. Máximo Kirchner lo está esperando para un almuerzo y reunión conjunta con intendentes de la tercera sección electoral, y no quiere hacerlo esperar.

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