Alberto Crescenti sobre la pandemia de coronavirus: "El nivel de agresión que recibimos es totalmente injustificable"

Alejandro Horvat
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Alberto Crescenti, director del SAME, cuenta que durante meses durmieron entre dos y tres horas por día para poder atender la demanda de pacientes.
Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

"Estamos con un incendio, pero tranqui, vengan, tomen asiento", dice Alberto Crescenti, director del Servicio de Atención Médica de Emergencias (SAME) de la ciudad de Buenos Aires. Al terminar la oración, su teléfono celular empieza a sonar, lo atiende y corta a los pocos segundos: "Bueno, otro incendio".

Casi sobre el final de este año signado por la pandemia de coronavirus, el titular del SAME afirma que nunca pensó que se iba a desbordar el sistema sanitario porque confiaban en el trabajo del ministro de Salud, Fernán Quirós, aunque durante meses durmieron entre dos o tres horas por día para poder atender la demanda de pacientes. Ahora espera con ansia una vacuna y duda de que haya margen para volver a modificar la conducta de la población y regresar a una cuarentena estricta.

Alberto Crescenti, director del SAME
Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Detrás de su escritorio, en una de las oficinas de la sede central del SAME, en Parque Patricios, hay reconocimientos, títulos, fotos y una ambulancia de juguete. Sobre la mesa tiene dos celulares y un handy con el que se puede comunicar hasta con el escuadrón aéreo de rescate. La entrevista podría terminar en cualquier momento.

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"Tenemos 1200 salidas diarias. A mí me notifican de todas las emergencias", relata Crescenti, que, junto a su equipo, atravesaron meses muy complejos. "Pasamos de tener 2700 a 12.000 llamados por día durante los primeros meses de pandemia. La gente nos preguntaba qué hacer si tenía síntomas, qué hacer si se habían hisopado, qué hacer con el aislamiento, con esto, con lo otro. El equipo respondió muy bien a esa demanda".

Él estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó en 1979. Fue director del SAME entre 1992 y 1997. En 2006 volvió a ocupar el cargo en el que se desempeña hasta la actualidad. A su cargo tuvo el operativo de rescate de las víctimas del atentado a la embajada de Israel (1992), el atentado a la AMIA (1994) y la Tragedia de Once (2012), entre otros episodios trágicos de la Argentina.

Pero este año fue muy particular. Además de la pandemia de coronavirus, que aún representa un desafío inédito, Crescenti atravesó dos episodios que casi le cuestan la vida. El primero fue el 17 de abril, en un accidente vial. Un auto embistió a la camioneta en la que él se trasladaba para acudir a una emergencia. Y el segundo fue en junio, cuando hubo una explosión en la perfumería Pigmento, ubicada en Villa Crespo, en donde murieron dos bomberos. Ahí Crescenti estaba a solo unos metros del estallido.

"Salí vivo de esos dos episodios, estoy bien, pero la pandemia dejó efectos colaterales en la gente y en nuestro equipo. Durante el año dormíamos dos o tres horas por día y salíamos de nuevo porque no queríamos que se nos muera la gente. Y gracias a eso trasladamos a 5700 pacientes con coronavirus que llegaron al hospital en relativamente buenas condiciones, ninguno llegó en una situación crítica y eso fue gracias a un muy buen trabajo de prevención", asegura Crescenti.

Agrega que, en lo personal, tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantenerse en condiciones de seguir trabajando en un contexto tan difícil: "Tenes que estar psicológicamente compensado para que no se te suelte ninguna cadena. No es fácil nuestro trabajo y las cosas que vemos".

Se lamenta que, en algunos casos, han recibido agresiones por parte de aquellos a los que van a ayudar, como también nota un nivel de agresión muy alto entre los ciudadanos. "El nivel de agresión que tenemos es totalmente injustificable. Así no podemos seguir, no es lógico el nivel de violencia que hay en la calle, lo único que no se soluciona es el cajón de madera, pero la gente no lo entiende ¿Qué nos pasa como sociedad? Todo radica en la educación".

Alberto Crescenti, director del SAME
Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Crescenti describe que en 2018 habían incorporado muchas de las ambulancias que hoy se ven en la calle, que están equipadas con luz ultravioleta y una pintura especial que facilita la desinfección de los móviles. Tanto es así que 10 minutos después de dejar a un paciente en el hospital, la ambulancia ya estaba lista para volver a salir.

"Desde un primer momento tuvimos a disposición equipos muy sofisticados, aún así se contagiaron 1300 personas del SAME y un médico falleció. Parecíamos astronautas con el equipo puesto. Incorporamos máquinas de ozono, amonio cuaternario. Todos elementos que a veces se discute si sirven o no, pero a nosotros nos fueron muy útiles", destaca Crescenti.

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El especialista en emergencias y situaciones de crisis, sostiene que, en marzo, cuando se decretó el aislamiento social obligatorio, no pensó que se fuera a desmadrar en los meses posteriores el sistema sanitario,

"Hay gente que la está pasando muy mal, es difícil volver atrás y hay lugares que no van a volver a abrir. Esperamos una vacuna, tenemos que esperar la información de nuestro Ministro para saber qué vacuna nos vamos a aplicar. Nuestro equipo está en la primera línea, no puede caer. Siempre que pase algo, nuestra mano va a ser la primera en brindar ayuda", concluye Crescenti.