Nuevas alarmas se encienden en el plan “vamos viendo”

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Roberto Feletti, Martín Guzmán, Julián Domínguez y Matías Kulfas, con varios desafíos por delante
Ministerio de Economía

Mientras la política celebra la evaluación que publicó el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el préstamo que se le otorgó a la Argentina durante el macrismo, en el Palacio de Hacienda los números de inflación vuelven a encender las alertas. La medición de diciembre no viene bien. Los datos preliminares dan cuenta de una aceleración de los precios, con un índice de inflación que, a juzgar por el comportamiento de estos días, podría ubicarse este mes en no menos de 3,5%. Incluso la canasta de alimentos que usa la Secretaría de Comercio para su propia medición arroja en las primeras semanas del mes un crecimiento de 2,9%, contra el 2,1% de noviembre. Más allá de las negociaciones con el FMI es evidente que la aceleración de la inflación volverá a ponerle presión a la agenda oficial.

Las mediciones privadas no vienen muy distintas. Existe un “Relevamiento de Expectativas (REM) blue” entre un puñado de economistas privados; un grupo de WhatsApp, bautizado “Medición IPC”, en el que adelantan y comentan sus números semana a semana. Hasta ayer, las estimaciones allí volcadas estaban entre el 3,6% y hasta 4%.

Como un volcán en actividad, la inflación es una amenaza constante para los planes del ministro Martín Guzmán. Por un lado, pone en riesgo la estrategia del Banco Central (BCRA) de ir acelerando el ritmo de devaluación, para así evitar que se acentúe el atraso del tipo de cambio. Por el otro, posa un enorme signo de interrogación sobre la política de desarme de los subsidios de los servicios públicos que tiene previsto implementar Guzmán para cumplir con el ajuste fiscal que le demandará el FMI. Si bien 2022 no es un año electoral, y está previsto que haya anuncios antipáticos, ni el oficialismo ni la oposición son frentes políticos en los que los consensos gocen de gran solidez.

Nadie está hablando igual de subir tarifas en el primer semestre más de un 15% o 20%”, se ataja un funcionario alineado al kirchnerismo. “Habrá una segmentación de las tarifas, pero el promedio estará en esos niveles. Nadie piensa en más que eso”, aseguró.

El consultor Daniel Gerold, probablemente uno de los principales referentes del sector energético, está señalando desde hace tiempo que, mantener sin cambios la política energética, será inviable para las cuentas públicas en 2022. Según sus estimaciones, bajo las condiciones actuales, la cuenta de subsidios energéticos podría abultarse hasta sumar unos US$ 16.000 millones el año próximo –lo que representa prácticamente la mitad de los dólares que ingresaron por el agro en un año récord, como 2021–, mientras que el déficit energético podría saltar de los US$1600 millones a US$4500 millones el año próximo.

Y es que no sólo las tarifas acumulan años de atraso en un entorno de alta inflación, sino que los precios de la energía se están encareciendo en todo el mundo. Y por más que la producción de gas en la cuenca neuquina viene creciendo, la capacidad de transporte en la Argentina es una limitante a futuro, por lo que no quedará otra que importar. En los mercados internacionales, el precio spot del gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) se estaba negociando en estos días a US$58,5 el millón de BTU (la unidad de medida más usada), mientras que los contratos a futuro para el segundo trimestre de 2022 se operaban a US$43 y a US$42,4, para los que vencen en el tercer trimestre. Este año, destaca Gerold, se pagó por lo mismo US$8,4 el millón de BTU. “El gasoil a importar es más barato, US$ 19,6 el millón de BT, aunque la logística no puede mantenerse para sustituir el LNG regasificado a centrales, menos en el interior”, agrega.

El secretario de Comercio, Roberto Feletti, por su parte, espera para enero poder consensuar una salida “ordenada” al plan de “+Precios Cuidados”, por el que que desde octubre pasado mantiene congelados los precios de unos 1400 productos. Las empresas involucradas tienen hasta el lunes para enviarle sus nuevas listas. Habrá que justificar los aumentos. Pese al golpe que significó la salida de su número dos, Débora Giorgi, Feletti se siente en estos días reivindicado en su interna. Después de todo, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, decidió avanzar en la creación de un fideicomiso con aportes privados para subsidiar las ventas de harina, fideos y pollo, una idea original suya. No se descarta que después del verano Feletti impulse también algún plan para proveerles maíz subsidiado a los feedlots. Ideas que sobrevuelan, por ahora, sin demasiada fuerza.

Malestar creciente

Entre los empresarios, el malestar es creciente (la suba de las alícuotas de Bienes Personales no sumó). La demora del Gobierno para alcanzar un acuerdo con el FMI es lo que más los inquieta. Salvo algunas excepciones, ya las empresas argentinas no tienen financiamiento en el exterior. Quienes importan sólo cuentan con líneas comerciales de sus proveedores históricos. Si no hay acuerdo con el FMI para marzo, y la Argentina cae en cesación de pagos, no habrá proveedor dispuesto a mantener abiertas estas líneas. “Después se van a quejar de que hay desabastecimiento, pero no va a haber forma de producir si se caen las líneas comerciales, y después las cartas de crédito”, advirtió el número uno de una de las más grandes empresas del país. “Al final del día, si la macro no se ordena, va a caer la actividad, o se va a devaluar o va a caer el salario real, o todo junto. Es insostenible”, sentenció.

La Asociación Empresaria Argentina (AEA) fue la única que esta semana se animó a plantear sus temores el público, en el marco de su Asamblea Anual. Pero entre los empresarios en general existe la convicción de que cualquier reclamo que se haga caerá en saco roto. Porque el problema es que no está claro en el Gobierno hoy dónde está el poder. No hace mucho, de hecho, se intentó volver a reunir a un puñado de hombres del mundo de los negocios para un almuerzo con el presidente Alberto Fernández. El último, en el que habían participado pesos pesados como Francisco De Narváez, Jorge Brito y Marcos Bulgheroni, había sido en octubre pasado, tras la dura derrota del oficialismo en las PASO. Sin embargo, esta nueva convocatoria nunca prosperó. También el rol del jefe de Gabinete, Juan Manzur, quedó desdibujado. “Sigue reuniéndose tempranísimo, pero no por ello son reuniones que sirvan. Manzur está corrido de la gestión”, se lamentó un empresario que en los últimos días se sentó frente al hasta hace poco hiperkinético tucumano.

Así las cosas, la macro y la micro está cada vez más sujetas al acuerdo con el FMI. Cerca de Guzmán confían en conseguir resultados para marzo. En el BCRA desearían que los tiempos se acorten. Es evidente que los dólares no sobran. Sólo en enero hay vencimientos por otros US$1700 millones.

En el Tesoro de los Estados Unidos, en principio, ahora pareciera haber una mayor predisposición para avanzar. Algunos interlocutores incluso se sorprenden con la actitud que el principal accionista del FMI tiene desde hace algunos días. Claro que hay discusiones en las que todavía no cede, como la velocidad en la que se llegaría al déficit cero. También duda el Tesoro sobre la vocación del oficialismo –sobre todo, del kirchnerismo– de acompañar un eventual plan. Lo mismo, el Fondo empezó a meterse en los números finos del Banco Central y ya les adelantó a los bancos que piensa en cambios para la política de encajes –la inmovilización de fondos regulatoria que deben hacer las entidades cada vez que captan un depósito del público–. Esto podría afectar algunos planes cercanos al corazón del kirchnerismo, como el Ahora 12 (que en principio vence el 31 de enero) o las líneas de crédito productivas. Dado que hoy el BCRA usa los encajes –que para los bancos son un costo– como política de incentivo: los baja si las entidades financian el Ahora 12, lo mismo que si dan préstamos a pymes a tasa subsidiada. Batallas que se darán en los primeros días de 2022.

“La economía está funcionando bien”, dijo ayer Alberto Fernández en su brindis de fin de año en Casa Rosada. No se sabe cuántos podrán coincidir. Empresarios que habían sido convocados por el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, para participar de una reunión en el país el lunes 20 con Yacov Arnopolin, vicepresidente ejecutivo de PIMCO, uno de los principales tenedores de títulos de la Argentina, se sintieron aliviados cuando el encuentro se supendió. La idea era que empresarios de sectores que están creciendo mostraran cuánto mejor está el país de lo que dicen los economistas.

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