Aisladas en el Pacífico, unas remotas islas británicas sufren las consecuencias del Brexit

Las remotas islas de Pitcairn, sin aeropuerto, con escasa población y entrega de suministros una vez cada tres meses, son la única posesión británica en el Pacífico pero su aislamiento del mundo no les impide sufrir los efectos del Brexit.

Este territorio de ultramar surgió de un modo original: fueron los amotinados de la fragata "Bounty", encabezados por Fletcher Christian contra el capitán Bligh, quienes se instalaron en 1790 en este archipiélago volcánico a medio camino entre Sudamérica y Nueva Zelanda para escapar de la armada británica.

Su población se limita ahora a 46 habitantes, todos concentrados en su capital, Adamstown, y se reducirá aún más en diciembre, con la partida de los tres últimos alumnos de la escuela --que continuarán sus estudios en Nueva Zelanda-- y de su profesor.

Para entonces, ningún menor vivirá en la isla y la mitad de la población tendrá más de 60 años, en un proceso de envejecimiento que parece imparable.

La isla dispone de un dispensario con un médico, pero si se precisa un especialista u hospital hay que tener paciencia. Pitcairn está a más de 2.000 kilómetros de Tahití, en la Polinesia Francesa, y a más de 5.300 kilómetros de Nueva Zelanda, donde se encuentra su sede administrativa y desde donde la única isla habitada recibe suministros cada tres meses mediante un buque de carga.

El Reino Unido financia la educación y la sanidad. Pero su salida de la Unión Europea ha socavado el equilibrio de la isla.

"El Brexit nos ha afectado mucho para ir a Tahití, pues ya no formamos parte de la Unión Europea, por lo que no podemos ir más de tres meses, mientras que algunos de los problemas de salud que padecemos pueden requerir más de tres meses", lamenta la alcaldesa, Charlene Warren.

En la actualidad, Pitcairn es autónoma del Reino Unido, aunque sus habitantes, los descendientes de los amotinados y sus parejas tahitianas, tienen pasaporte británico.

El rey Carlos III es su jefe de Estado y, como territorio británico de ultramar, Londres es responsable de sus relaciones diplomáticas y su defensa.

- Descendientes de los amotinados -

Con esta pequeña isla de tres kilómetros de largo y otros tres islotes deshabitados, el Reino Unido controla una zona marítima de más de 830.000 km2 y puede influir en la política regional.

Para los habitantes de Pitcairn, su nacionalidad británica se limita a un pasaporte. Confiesan su falta de interés por los recientes giros políticos en Londres, que ha tenido tres primeros ministros en los últimos tres meses.

"Soy polinesia porque nací aquí, seis generaciones después de Fletcher Christian", dice Brenda Lupton Christian, una mujer policía que reconoce no obstante vivir en una "isla británica".

"Aunque se ha hablado más de los amotinados ingleses que de los tahitianos, el asentamiento de Pitcairn fue principalmente polinesio, ya que había nueve ingleses con unos 15 polinesios", afirma Keao NeSmith, investigador hawaiano especializado en la vasta zona cultural situada en el Pacífico entre la isla de Pascua, Hawái y Nueva Zelanda.

Pitcairn fue autosuficiente hasta la década de 1990. La tienda de comestibles y la oficina de correos están abiertas tres días por semana, durante dos horas cada vez.

Pero hoy, la venta de sellos, de su famosa miel y de baratijas para los pasajeros del "Aranui", el barco de carga y turismo que llega de la Polinesia Francesa cada pocos meses, ya no basta para garantizar la supervivencia de los habitantes.

Antes del Brexit "recibíamos fondos de la Unión Europea, que se han dejado de transferir y, con el envejecimiento de nuestra comunidad, es una pena porque nos afecta", lamenta la alcaldesa. "Pero, ¿qué podemos hacer al respecto? En Pitcairn sólo vivimos 46 personas y nuestro voto no cuenta", agrega.

Los descendientes de los amotinados hablan inglés y "pitkern", una mezcla de inglés y tahitiano. Esta lengua vernácula corre un peligro de extinción aún más inmediato que el de la población, dado que los jóvenes la entienden pero ya no la hablan.

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