Cómo “El agente topo” se infiltra en ancianato, y Hollywood

SIGAL RATNER-ARIAS
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NUEVA YORK (AP) — “El agente topo” se infiltró en una residencia para ancianos en Chile y en innumerables corazones, incluso el de Hollywood.

El conmovedor documental sobre un octogenario contratado como espía novato para investigar si la madre de una clienta es maltratada en el asilo compite este domingo por un Premio de la Academia, pero su realizadora Maite Alberdi dudó constantemente si tendría una película durante los tres meses y medio que duró el rodaje a fines de 2017.

“Yo creo que el principal reto era estar pisando huevos todo el tiempo”, dijo Alberdi, quien por un lado temía que su protagonista Sergio Chamy se cansara y renunciara, que los dirigentes de la institución descubrieran que él no era un inquilino más, o que ella no estaba filmando realmente un documental sobre la tercera edad, como les había dicho. La directora entró unos días antes que él, y ambos fingieron todo el tiempo que no se conocían.

Alberdi, quien afirma que su pieza de cinéma verité es documental pese que pueda parecer ficción o montaje, conversó reciente con The Associated Press sobre los riesgos y desafíos de la producción, su uso del humor para abordar temas tan sensibles como la soledad y el abandono en la vejez, y cómo la experiencia la afectó.

Las respuestas fueron editadas para mayor brevedad y claridad.

AP: ¿Cómo surgió la idea para este documental?

ALBERDI: Surge desde otro lugar, desde la intención de filmar a un detective privado y tratar de entender por qué la gente investiga, qué hace un infiltrado, cuál es la vida de un infiltrado. Viendo el caso de la residencia me di cuenta de que era un lugar en el que podía hablar de otros temas y un lugar al que me podía infiltrar yo misma para filmar sin matar la investigación del detective. Unas semanas antes de empezar, el detective que trabajaba usualmente con (el jefe detective) Rómulo Aitken en estos casos, que era un señor mayor, se quebró la cadera, entonces por eso Rómulo pone el aviso en el diario y aparece Sergio, que es finalmente el que me regala la película.

AP: La cinta muestra el proceso de entrevistas a los distintos candidatos. ¿Cómo supiste que don Sergio era el indicado?

ALBERDI: Yo creo que fue amor a primera vista. En el fondo yo lo vi, me enamoré, y ahí empecé a buscar las razones lógicas, como que justificas. Pero fue una cosa como de estómago. Era espontáneo, encantador, divertido, inteligente, un hombre que hablaba de las emociones porque la primera entrevista contó que estaba viudo, contó lo que estaba pasando. Comunicativo, finalmente. Como que inmediatamente resaltaba.

AP: La señora por la cual contratan a don Sergio termina siendo un personaje menos relevante. ¿Te frustró en ese momento no tener la historia que buscabas, o descubriste de inmediato que tenías otras más grandes?

ALBERDI: Yo creo que me di cuenta en el montaje. Yo la grabé mucho y también era importante porque era como la figura de la “femme fatale” que iban a investigar, un personaje que tiene que estar súper presente para entender la intriga, que en el fondo tiene que ver con lo que nos han impuesto desde Hollywood sobre la importancia de la historia y el guion, como moverse desde una lógica argumentativa, desde las pruebas y desde el hecho. Entonces creo que eso lo tuve que soltar totalmente ya en la sala de edición, porque en el rodaje estuve muy obsesionada filmándola a ella.

AP: Para poder realizar este documental, tuviste que mentir a los dirigentes del asilo. ¿Tuviste cargo de conciencia? ¿Cuándo les dijiste la verdad y cómo reaccionaron?

ALBERDI: Yo entré a grabar al lugar con el juicio de que el lugar era malo y que algo malo estaba pasando, y de alguna manera como que me producía alivio decir “lo estoy haciendo por una buena causa, se justifica”. Pero cuando me empecé a dar cuenta de que el lugar era bueno, moralmente tenía yo una carga y fue como, ¿en qué momento les digo? Al final decidimos decirles la verdad cuando la película estaba terminada. Fueron los primeros a los que se las mostramos y estaban felices, sentían que los representaba súper bien.

AP: ¿Cuáles fueron los mayores retos, más allá del tema moral?

ALBERDI: Yo creo que el principal reto era que esta película era estar pisando huevos todo el tiempo, nunca sentimos que teníamos una película hasta el último día de rodaje porque era muy arriesgado. Sergio entró el primer día, y cuando le dijeron que iba a ser uno más y vio a la gente se quería ir; eso no está en la película. Después cuando lo veía hablar en alta voz yo decía “ok, lo van a descubrir mañana, nos van a descubrir a todos”. De ahí cuando se pelea con Rómulo, “hasta acá no más llegamos”. Entonces era un constante “no sé hasta cuándo va a durar este señor, no sé cuánto voy a poder grabar”. Estábamos todo el tiempo muy nerviosos de no tener película. Fue muy difícil de filmar, como muy poco tranquilo ese rodaje.

AP: ¿Cómo manejaron la situación cuando don Sergio dijo al principio que se quería ir?

ALBERDI: No la podía manejar yo porque como estaba adentro y nosotros teníamos que actuar como si no nos conocíamos, fueron Rómulo y sus hijos los que hablaron con él. Sergio siempre cuenta que su hijo fue a tomarse un café con él en el hogar y le dijo: “Tú no te vais a transformar en uno más porque tú viniste a trabajar acá; tú vais a volver y vais a vivir con nosotros”. Los hijos finalmente fueron los que lo convencieron.

AP: Qué suerte que estuvieron del lado de ustedes...

ALBERDI: Sí, totalmente. Tanto Rómulo como nosotros habíamos hablado con los hijos porque también imagínate la locura para un hijo de que su papá acaba de enviudar, un señor que toda la vida fue comerciante, que jamás fue policía, y dice: “Mira, me voy a ir tres meses a un hogar de ancianos porque hoy día me transformo en detective privado y además me van a grabar”. O sea, ¡papá se pegó en la cabeza! (risas).

AP: A pesar de lo fuerte y conmovedora de la historia, el humor prevalece. ¿Era importante esto para ti desde el comienzo?

ALBERDI: Yo creo que es una exploración que a mí me interesa mucho en documental que tiene que ver con la vida. Para mí la vida es así. La vida puede ser muy dura y podemos estar viviendo un duelo tremendo, pero igual te puedes reír, nada está en blanco y negro. El cine nos ha acostumbrado a los géneros tan marcados como el drama, la comedia, como que la ficción nos ha llevado a eso. Acá el único género es como un género negro, pero las emociones están todas cruzadas porque en la vida están todas cruzadas.

AP: Es muy conmovedor ver a los ancianos en su día a día, de fiesta, soñando con un amor, perdiendo la memoria e incluso falleciendo. ¿Qué momentos dirías que te marcaron más como directora y como ser humano?

ALBERDI: Hay una escena en la que Sergio le dice a la Rubira (una señora que está perdiendo la memoria y luce angustiada) que llore (para desahogarse). “Llore”, le dice. Ahí me pasó algo que dije “Ok, la película está acá y estoy viviendo una experiencia”. Siento que va más allá del dolor específico de ella; es como el rodaje de una confianza y de un cariño tan profundo y rápido que se puede dar en los encuentros y en las relaciones y que a mí me abrió los ojos a nivel de la película. Somos testigos de alguien que sólo necesita compañía. Creo que nos pasa a todos.

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Sigal Ratner-Arias está en Twitter como https://twitter.com/sigalratner.