La agenda urgente de los gremios, entre la emergencia sanitaria y los despidos

Nicolás Balinotti

Antonio Caló es el jefe de la UOM desde 2004 y hasta hace apenas cuatro años fue el líder de una de las vertientes de la CGT que se reunificó en forma de triunvirato. Caló no utiliza WhatsApp ni tampoco el e-mail. Se comunica con llamados de voz o mensajes de texto. O prefiere el cara a cara. Hasta hace poco, apelaba al fax para enviar documentación o recurría a la ayuda de uno de sus asesores para enviar un correo electrónico desde la casilla de la secretaría general del gremio metalúrgico. Como él, hay muchísimos otros sindicalistas que se rehúsan al uso de la tecnología. La anécdota de Caló tal vez sea el reflejo de una dirigencia gremial oxidada, surgida en un tiempo lejano.

La pandemia de coronavirus, sin embargo, empujó a la CGT a un forzado aggiornamiento. La central obrera suspendió esta semana la reunión presencial de consejo directivo y llamó a participar de un encuentro virtual. Firmaron la iniciativa los dos cosecretarios generales, Héctor Daer y Carlos Acuña, y el secretario de prensa, Jorge Sola. Asumen dentro de la CGT que la participación virtual será muy acotada, si es que finalmente se realiza. Al margen de quiénes participen vía Skype, sobrevuelan hoy tres temas calientes en la agenda sindical en medio de la emergencia sanitaria: el reintegro de fondos a las obras sociales por parte del Estado, los alcances del home office o teletrabajo y el impacto negativo que dejaría el coronavirus en material económica y laboral.

Fondos y hospitales

El Gobierno negocia desde antes de la pandemia con la CGT el reintegro de 18.000 millones de pesos para las prestadoras médicas. Un porcentaje del monto (unos $4000 millones) será distribuído a partir de la semana próxima por la Superintendencia de Servicios de la Salud, según confirmaron fuentes gremiales. Con ese gesto, la gestión de Alberto Fernández se garantiza la ayuda de los gremios en caso de un colapso en la salud pública. Son cada vez más los dirigentes gremiales que ofrecen sus clínicas o sus hoteles para evitar un desborde en los hospitales públicos y privados.

Activaron ya su ayuda los gremios de Sanidad, Comercio y el de los gastronómicos, que acondiciona contra reloj uno de sus mejores hoteles en el centro porteño. "Es mentira eso de montar un hospital de un momento a otro. Lo que podemos hacer es recibir a la gente y darles de comer durante la cuarentena. Tenemos que evitar lo de Italia y España", dice Dante Camaño, el jefe de los gastronómicos en la ciudad de Buenos Aires.

A fin de cuentas, la caja donde se atesora el dinero de las obras sociales se llama Fondo Solidario de Redistribución. Siempre fue una caja que la política utilizó de manera discrecional para guiar su relación con los gremios. Lo hizo el kirchnerismo, también Mauricio Macri y ahora Fernández.

Los alcances del home office

La pandemia obligó a muchas a empresas a apelar al home office, una práctica que mucho antes del coronavirus generaba ruido y poco adhesión entre los sindicalistas. ¿La razón? Su poder de representación podría diluirse, además de significar un alivio importante en los bolsillos del empleador, ya que se ahorrarían los gastos por el lugar de trabajo, insumos, viáticos y hasta el pago de la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART).

Un jerárquico de uno de los bancos más importantes de la city porteña se opuso hace algunas semanas a que instalen en el corazón de las oficinas una sala de música y entretenimientos. "Que se diviertan en sus casas, acá se viene a trabajar", rechazó tajante la iniciativa. Y añadió: "Para eso vendemos el edificio, dejamos de pagar los aportes y seguros, y contratamos a miles de monotributistas. No es lo ideal". Sergio Palazzo, el jefe del gremio bancario, encontró así en este gerente un aliado inesperado en su pelea contra las fintech (sistema financiero tecnológico) por el encuadramiento del personal.

El home office, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que circuló por la CGT, produce una baja en la calidad y en la productividad. Sin embargo, la situación actual de emergencia convenció a los jefes sindicales de que hoy es la salida más viable para aquellas industrias que lo puedan implementar.

Caída del empleo

En un informe del miércoles pasado, la OIT advirtió que el coronavirus podría destruir 25 millones de empleos en todo el mundo. Y la Argentina no será la excepción. La CGT y las dos vertientes de la CTA asisten asombrados a la emergencia y evalúan una estrategia común, y hasta acordada con la Casa Rosada, para evitar una sangría laboral y una caída en los ingresos. Dio el primer paso Ricardo Peidro, de la CTA Autónoma, al plantear la suspensión de todos los despidos por 30 días. Es posible entonces que el decreto presidencial que establece el pago de una doble indemnización se extienda más allá de junio. En la misma línea fueron las medidas oficiales de reactivar el subsidio Repro para empresas en problemas y la reducción de las cargas patronales.

Sin embargo, el sector empresarial, según denuncian algunos gremios, prevé apoyarse en el artículo 247 de la ley de contrato del trabajo. La normativa dice lo siguiente: "En los casos en que el despido fuese dispuesto por causa de fuerza mayor o por falta o disminución de trabajo no imputable al empleador fehacientemente justificada, el trabajador tendrá derecho a percibir una indemnización equivalente a la mitad de la prevista en el artículo 245 de esta ley". Es decir, la emergencia sanitaria los eximiría del pago adicional y habilitaría un procedimiento de crisis. Es una pulseada que se dará en las próximas semanas, cuando se espera que el coronavirus alcance su cima de contagios en el país.