La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos afirma que el cambio climático va muy mal y está empeorando

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Michael Regan, administrador de la Agencia de Protección Ambiental, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, en Washington, el 11 de mayo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
Michael Regan, administrador de la Agencia de Protección Ambiental, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, en Washington, el 11 de mayo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

WASHINGTON — Los incendios forestales son más grandes y comienzan más pronto en el año. Las olas de calor son más frecuentes. Los mares son más tibios y las inundaciones más comunes. El aire se está calentando. Incluso la temporada de polen de ambrosía está comenzando antes.

El miércoles, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por su sigla en inglés) señaló que el cambio climático ya está llegando a todo el país. Y en muchos casos, ese cambio se está acelerando.

La información recién recopilada, hasta ahora la más actualizada y completa del gobierno federal, muestra que un mundo que se está calentando les está dificultando la vida a los estadounidenses en modos que amenazan su salud, su seguridad, sus hogares y sus comunidades. Y eso está sucediendo al tiempo que el gobierno de Biden está intentando promover medidas enérgicas dentro y fuera del país a fin de reducir la contaminación que está aumentando las temperaturas a nivel global.

“No existe ningún pueblito, megaciudad ni comunidad rural que no se vea afectado por la crisis del cambio climático”, comentó el miércoles Michael Regan, administrador de la EPA. “Los estadounidenses estamos viendo y sintiendo de cerca los impactos con cada vez mayor frecuencia”.

La información publicada el miércoles llegó después de un intervalo de cuatro años. Hasta 2016, la EPA actualizaba de manera periódica los indicadores del clima. Pero bajo el mandato del expresidente Donald Trump, quien en repetidas ocasiones cuestionó si el planeta en verdad se estaba calentando, la información se congeló en el tiempo. Estaba disponible en el sitio web de este organismo, pero no se mantenía actualizada.

El gobierno de Joe Biden reanudó las labores este año y añadió algunas medidas nuevas al obtener información de los organismos gubernamentales, universidades y otras fuentes. La EPA usó 54 indicadores independientes que, en conjunto, nos presentan un panorama atroz.

Explora desde la enfermedad de Lyme, que se está volviendo más prevalente en algunos estados a medida que se dispersa el clima más caliente en las regiones donde pueden sobrevivir las garrapatas del venado, hasta las crecientes sequías en el suroeste que amenazan la disponibilidad de agua potable, aumentan la probabilidad de que se produzcan incendios forestales y reducen la capacidad de generar energía hidroeléctrica.

Según Katharine Hayhoe, una científica del clima de la Universidad Tecnológica de Texas, los datos de la EPA pueden ayudar a que la gente comprenda los cambios que ya está viendo en su vida cotidiana. Eso es útil en particular porque muchos estadounidenses tienden a ver el cambio climático como un problema que afecta a otras personas o a otras partes del mundo más remotas, señaló.

“Tener indicadores pertinentes es un modo en verdad importante de mostrarle a la población que el clima ya está cambiando y que lo está haciendo de maneras que nos afectan”, comentó Hayhoe. “Nos ayuda a relacionar el cambio climático con las experiencias que hemos vivido”.

Los nuevos datos muestran que la temperatura está aumentando y que este incremento se está acelerando. Desde 1901, la temperatura de la superficie en los 48 estados más bajos ha aumentado un promedio de 0,08 grados Celsius cada década; desde la década de 1970, esa cifra ha llegado hasta 0,27 grados Celsius por década.

Este incremento ha sido incluso más pronunciado en Alaska. En algunas partes del estado, las temperaturas promedio han aumentado más de 2 grados Celsius desde 1925. Este aumento está afectando el permafrost: entre 1978 y 2020, las temperaturas del permafrost aumentaron en 14 de 15 zonas.

Los científicos dicen que, con el fin de evitar daños irreversibles al planeta, el mundo tiene que impedir que las temperaturas promedio globales aumenten más de 2 grados Celsius por sobre los niveles de la era preindustrial.

Conforme las temperaturas de la superficie han aumentado, las olas de calor se han vuelto más comunes. De acuerdo con los nuevos datos, desde la década de 1960, la frecuencia de las olas de calor en las grandes ciudades de Estados Unidos se ha triplicado, de dos a seis cada año. También las noches se han vuelto más calurosas, lo cual a las plantas, los animales y los seres humanos les dificulta enfriarse.

Las temperaturas en aumento también están afectando los niveles del hielo. Los nuevos datos señalan que, en 2020, la cubierta de hielo del océano Ártico fue la segunda más reducida de la historia. Al mismo tiempo, los océanos se están calentando y, en 2020, alcanzaron una temperatura récord.

Esa combinación del derretimiento del hielo polar con las temperaturas del agua en aumento está provocando que suba el nivel del mar en la costa este y la costa del golfo. En algunos lugares, el nivel del mar aumentó más de 20 centímetros en relación con la tierra.

A medida que sube el nivel de los mares, las inundaciones se vuelven más comunes. Según los datos, están aumentando tanto el número de días en que el agua ha inundado las comunidades de las costas del este y del golfo como la velocidad de las inundaciones. De acuerdo con la EPA, en muchos lugares “las inundaciones ahora son al menos cinco veces más comunes de lo que eran en la década de 1950”.

El aumento de las temperaturas también está empeorando los incendios forestales. Las extensiones de tierra que se incendian cada año se están incrementando y la temporada de incendios forestales se está prolongando.

Además de actualizar los cálculos, la última versión de los indicadores del clima de la EPA añade nuevos tipos de datos. Entre ellos está el área de superficie de los glaciares del Parque Nacional de los Glaciares, en Montana, la cual disminuyó un tercio entre 1966 y 2015.

“Estos cálculos están estableciendo cifras récord o muy por encima del promedio histórico”, señaló Michael Kolian, un científico medioambiental de la agencia que presentó parte de los nuevos datos.

Desde que asumió el cargo, el presidente Joe Biden ha considerado prioritarias las medidas en torno al cambio climático en el gobierno federal. Ha regresado a Estados Unidos al Acuerdo de París; el Día de la Tierra organizó una cumbre virtual sobre el cambio climático con los dirigentes del mundo y ha prometido reducir, al menos a la mitad, las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos para fines de la década.

Kristina Dahl, una científica medioambiental sénior de la Unión de Científicos Preocupados, señaló que la EPA podría ampliar todavía más sus datos y no solo rastrear los efectos físicos del cambio climático, sino lo que esos efectos implican para los desastres.

Por ejemplo, comentó, la EPA podría mostrar el número de personas que cada año se ven obligadas a huir de sus hogares por culpa de los huracanes en Estados Unidos, o la cantidad de personas que solicitan ayuda para reconstrucción.

Pese a que Dahl elogió al gobierno de Biden por actualizar y ampliar sus datos sobre el cambio climático, señaló que lo importante es trabajar para transformar esas tendencias.

“Lo mínimo indispensable es que este tipo de datos sean actualizados de manera periódica y que se pongan a disposición de la población” comentó Dahl. “Tenemos un largo y arduo camino frente a nosotros para legislar políticas que propicien un cambio”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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