Aeropuertos ofrecen asistencia en salud mental conforme aumenta la ansiedad de los pasajeros

Katja Ridderbusch, Kaiser Health News
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ATLANTA — Robin Hancock hizo sonar suavemente su tambor metálico de lengüetas con un par de mazos, produciendo un conjunto de tonos calmantes y místicos. Se mezclaban con el suave sonido del piar de los pájaros y el burbujeo de los arroyos que salía de un altavoz Bluetooth. Su cálida voz invitó a los dos visitantes que se encontraban en la sala poco iluminada a sumergirse en un entorno natural de su elección.

La meditación guiada de 20 minutos tuvo lugar en un lugar insólito: El Hartsfield-Jackson International Airport de Atlanta, que hasta 2020 era el centro de pasajeros más concurrido del mundo. El director ejecutivo de la capilla interreligiosa del aeropuerto, Blair Walker, introdujo las sesiones de meditación el pasado otoño en medio de la pandemia del COVID-19.

La gente estaba notablemente más estresada durante el año pasado, dijo Walker mientras salía de su oficina a la galería del segundo piso, que da al atrio principal del aeropuerto. Walker es un ministro ordenado que anteriormente trabajó en educación superior y salud pública. Dijo que la gente ha sido más rápida en perder los estribos, perder la paciencia o perder todo junto.

"Había una tensión que nunca había visto antes", dijo.

Por eso incorporó a Hancock, una guía de meditación natural, para que se uniera a su equipo de 40 capellanes voluntarios del aeropuerto. Dijo que su objetivo es proporcionar a la gente "un poco de calma en cualquier tormenta que esté ocurriendo en ese momento" y dejarles una herramienta que puedan utilizar la próxima vez que se sientan abrumados.

"Viajar es pesado", afirma Jordan Cattie, psicólogo clínico y profesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Emory University de Atlanta. Los aeropuertos, en particular, desencadenan el pánico y la ansiedad debido al ritmo frenético, el ruido y las pantallas deslumbrantes, dijo, pero el COVID amplifica la ansiedad de viaje.

Los capellanes de los aeropuertos se han convertido en testigos cercanos del empeoramiento del estado mental de las personas. "Sin duda, la pandemia aceleró la necesidad de nuestros servicios a un nuevo nivel", dijo el reverendo Greg McBrayer.

McBrayer, sacerdote anglicano, es el capellán corporativo de American Airlines y director de la capilla interreligiosa del Dallas/Fort Worth International Airport, la mayor capilla de aeropuerto del mundo. Durante la pandemia, dijo, ha visto aumentar la depresión, la ansiedad y la adicción entre los viajeros y trabajadores atendidos por él y su personal de 20 capellanes.

"Nos hemos encontrado con una enorme cantidad de dolor y miedo", dijo McBrayer, especialmente entre los empleados del aeropuerto. En el último año, registró más de 300 sesiones de asesoramiento a través de Zoom y más en persona.

Muchos lucharon no solo con los problemas económicos, las preocupaciones de salud y las muertes por el COVID-19, sino también con sentimientos de culpa por estar bien y con empleo cuando algunos de sus antiguos compañeros no lo estaban. "Hemos visto a muchos trabajadores venir a la capilla porque necesitan un espacio tranquilo para sentarse, relajarse y tal vez llorar", dijo Walker.

En los primeros meses de la pandemia, el Hartsfield-Jackson también se convirtió en un refugio para hasta 300 personas sin hogar por noche, muchas de ellas con problemas de salud mental como adicción y esquizofrenia. Fueron redirigidos a hoteles alquilados por la ciudad. Pero ahora, con una subvención de 400 mil dólares de la Transportation Research Board, el aeropuerto está trabajando con investigadores para estudiar la situación de las personas sin hogar en los aeropuertos de todo el mundo, incluida la forma de organizar intervenciones de salud mental.

"Reuniremos las mejores prácticas de lo que los aeropuertos pueden hacer para ayudar a estas poblaciones vulnerables", comentó Steve Mayers, director de experiencia del cliente del aeropuerto.

Los capellanes suelen encontrarse con personas en apuros mientras caminan por los vestíbulos en lo que llaman "el ministerio de la presencia". Walker y McBrayer dijeron que han visto más crisis nerviosas y ataques de pánico durante la pandemia. Muchos de estos sucesos se desencadenan por la polémica cuestión del uso de mascarillas, explicó Walker. Hace unas semanas, un agente de la puerta de embarque llamó cuando una pasajera se negó furiosamente a llevar un protector facial y luego se derrumbó mientras la aerolínea la sacaba del vuelo.

"Era obvio que había mucho más que el problema del tapabocas", dijo Walker.

La mediación guiada en Hartsfield-Jackson está diseñada para "ayudar a la gente a respirar, a centrarse de nuevo, a alejarse", dijo Hancock, que heredó la afición a volar de su padre piloto y es voluntaria en el aeropuerto una vez a la semana. En un día ajetreado, cada sesión tiene hasta cinco participantes para adaptarse a las pautas de distanciamiento físico.

"Puedo leer a la gente bastante bien", dice. "Muchos de ellos cargan con mucha vulnerabilidad y angustia en este momento".

La mayoría de las personas están calladas cuando entran, y sus cuerpos están tensos. Hancock recuerda a una pareja mayor que se dirigía a Texas por una emergencia familiar. Después de la meditación, la pareja se volvió más platicadora. "Tenían miedo de lo que les esperaba. Tenían miedo de viajar", dijo Hancock. "Tenían miedo simplemente de estar entre la gente".

Cattie, la psicóloga clínica, agrega que prácticas como la atención plena, la meditación, el yoga y la respiración controlada pueden ser muy eficaces para frustrar los desencadenantes de la ansiedad inherentes a los viajes en avión.

La salud mental y el bienestar estaban en el radar de los administradores de los aeropuertos mucho antes del COVID, pero algunos servicios se interrumpieron a causa de la pandemia. Ahora, sin embargo, están reapareciendo. Varios aeropuertos cuentan con zonas de yoga, estiramientos y meditación silenciosa. La música en directo y los programas de terapia con mascotas también pretenden calmar a los viajeros estresados.

A medida que más personas se vacunan, el volumen de pasajeros sigue aumentando y más viajes son para vacaciones y otras ocasiones alegres. Aun así, Cattie espera que las consecuencias de la pandemia para la salud mental duren un tiempo más. "El COVID se ha colado en todas las grietas y en todos los cimientos y ha creado muchas pérdidas y cambios y miedo", dijo. "Habrá un enorme eco".

En su práctica clínica, ha visto a muchos pacientes ansiosos por reincorporarse a la vida, con sus lugares abarrotados y su gente en movimiento. "Este último año, muchos de nosotros hemos vivido en una burbuja de seguridad", comentó. Para la mayoría, viajar es un músculo social que no se ha ejercitado en un tiempo. "Está bien tener miedo", señaló. "Es normal sentirse incómodo".