Adultos mayores desempaquetan la esperanza de volver al trabajo en supermercados

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Adultos mayores desempaquetan la esperanza de volver al trabajo en supermercados
Adultos mayores desempaquetan la esperanza de volver al trabajo en supermercados

Esta semana, adultos mayores de la Ciudad de México y el Estado de México regresaron a trabajar como empacadores voluntarios en supermercados, después de más de un año sin poder acudir, debido a las restricciones por la pandemia, tiempo que han tenido que sobrevivir a costa de sus familias o con apoyos de organizaciones sociales.

María Imelda, de 66 años, vive en Chalco, Estado de México. Cuenta que no tiene pensión, debido a que trabajó poco tiempo de manera formal, por lo que los “centavos” que gana empacando bolsas en Bodega Aurrera son su única fuente de ingresos.

Los primeros meses de la pandemia sobrevivió con un apoyo de mil pesos y dos despensas que les dio la cadena de supermercados a los adultos mayores, y los últimos tuvo que atenerse a sus hijos y sus hermanas, quienes le regalaron dinero y alimentos.

“Estaba acostumbrada a trabajar, a tener un ritmo de vida diferente y ganar unos centavos. Ha sido difícil… ese dinerito que gano de las propinas como empacadora me falta y también influyó mucho el hecho de estar encerrada, porque el trabajo también es una distracción”, cuenta.

Es por eso que recibió tan emocionada la noticia de que con el semáforo verde y la aplicación de la vacuna contra la COVID-19 los supermercados estaban listos para recibir nuevamente a los empacadores voluntarios.

“Ya me pusieron la segunda dosis. Cuando pasen las dos semanas para que pueda volver voy a ir corriendo. La verdad sí tengo necesidad de trabajar, porque supuestamente luego dicen que no somos útiles, pero pues todavía comemos”.

Imelda dice que, en caso de volver a quedarse sin ingresos porque el semáforo epidemiológico cambie a amarillo o naranja -lo cual impide que estén en los supermercados-, buscará otro empleo, aunque es consciente de que no será sencillo por su edad, que de por sí era obstáculo para que le dieran trabajo antes de la pandemia. Pero ahora que los adultos mayores son población de riesgo por la COVID-19 la situación se endureció.

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De acuerdo con el informe ‘Pobreza y personas mayores en México’, elaborado por el Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social (Coneval), las personas mayores están expuestas al riesgo de estar en situación de pobreza como cualquier otro sector de la población, sin embargo la reducción de las capacidades físicas, pero principalmente el retiro del mercado laboral en esta etapa de la vida, así como las condiciones específicas de salud y educación, pueden significar mayor probabilidad de encontrarse en esta situación y más dificultades para enfrentarla.

Entre 2008 y 2014, entre el 45 y 46% de las personas mayores de 65 años se encontraban en situación de pobreza. Para 2018 esta disminuyó ligeramente, a 41.1%. El 6.8% de ellos vivía en condiciones de pobreza extrema.

Los estados en los que se reportó una mayor brecha de pobreza entre personas mayores de 65 años y el resto de la población fueron San Luis Potosí, Guanajuato, Oaxaca y Nuevo León, mientras que en la Ciudad de México, Estado de México y Veracruz la incidencia fue menor.

Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz fueron las entidades donde se registró mayor cantidad de personas mayores de 65 años en situación de pobreza.

Miles perdieron su “empleo”

Raúl tiene 65 años y vive en la Ciudad de México. Hasta hace unos meses era uno de los miles de adultos mayores que trabajaban empacando bolsas en Superama, una de las tiendas de la cadena Walmart. En total, el consorcio cuenta con 2 mil 599 unidades en todo el país, mismas que a partir de este año prescindieron de los servicios de los empacadores voluntarios.

“Afortunadamente soy pensionado, la verdad no me preocupa tanto estar sin empleo, pero de todas formas sí me hace falta el ingreso que tenía, porque ya me había acostumbrado a ciertas cosas que hoy en día no puedo consumir”, explica en entrevista.

No obstante, recibir la noticia de que Walmart ya no los dejaría trabajar, aún con semáforo epidemiológico en verde y que ya se han aplicado las dos vacunas contra la COVID-19, fue “decepcionante y triste”.

“Teníamos la esperanza de regresar a laborar ahí, incluso cuando nos dijeron que era necesario ponernos las dos vacunas yo sentí a todos bien emocionados, algunos fuimos por eso a inyectarnos y al final nos dijeron que ya no”, recuerda.

Independientemente de los ingresos que dejó de percibir al quedarse sin “empleo”, para Raúl lo más difícil ha sido dejar la rutina que lo hacía sentir “que soy una persona útil, fuerte. Tengo que estar ocupado, y para mí estaba muy bien que esa ocupación fuera un trabajo”.

Ahora, dice que intentará dedicarse a la panadería. “Estuve tomando varios cursos y sé hacer pan, aunque entrar al mercado de las ventas está complicado, porque luego la gente no quiere consumir y tampoco sé mucha variedad… solo sé preparar conchas, bisquets, cubiletes y pan de muerto”. Hasta ahora ese es el plan.

Por su parte, Walmart informó que la decisión de sacar de las tiendas a los adultos mayores que prestaban servicios de empacadores voluntarios se debió a que los clientes “buscan evitar que terceros tengan mayor contacto con la mercancía que compran”.

A través de un comunicado, la empresa señaló que, apegándose a la legislación han dejado de otorgar bolsas de plástico de un solo uso, “en apoyo del medio ambiente, por lo que nuestros clientes ahora llevan sus propias bolsas reutilizables y se han habituado a empacar ellos mismos la mercancía adquirida”.

Al no haber sido empleado formal de Walmart, Raúl no fue despedido ni recibió ningún tipo de pago en compensación. Lo único que le dio la empresa durante los meses de la pandemia que no le permitieron laborar fue una tarjeta de regalo con mil pesos que tenía que gastar en la misma tienda y tiempo después una despensa.

Durante el primer trimestre de 2021, 65 mil 105 personas de 60 años y más perdieron su empleo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Otros 20 mil 146 señalaron haber renunciado a su trabajo y 10 mil 050 dejaron o cerraron un negocio propio. 2 mil 880 dijeron haberse quedado desocupados por otras causas y 945 señalaron no tener experiencia laboral.

Además, 821 mil 449 adultos mayores señalaron en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que en el mismo periodo de tiempo se encontraban “subocupados”, es decir, que tenían un empleo, pero contaban con disponibilidad de tiempo y necesidad de ofertar más trabajo que lo que su situación en ese momento demandaba.

Entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021 el número de adultos mayores subocupados tuvo un aumento de 238 mil 015 personas. Aunque esta cantidad continúa por debajo de la que se alcanzó el tercer trimestre del año pasado, cuando fueron un millón 38 mil 840 los mayores de 60 años en estado de subocupación.

En cuanto a población ocupada, el número de personas mayores de 60 años en el primer trimestre de 2021 fue de 4 millones 905 mil 910, cifra menor a los 5 millones 680 mil 061 que se reportaron en el mismo periodo de 2020.

Chedraui, La Comer y Soriana continuarán con el modelo de emplear a voluntarios empacadores, sin embargo no han informado qué acciones tomarán para prevenir brotes de COVID-19 ni qué medidas adoptarán para apoyar a los adultos mayores en caso de que el semáforo epidemiológico vuelva a cambiar y ellos nuevamente no tengan permitido estar en tiendas.

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Solidaridad como instrumento de supervivencia

Al igual que cuando trabajan como empacadores voluntarios, a los adultos mayores los sostuvo la solidaridad ciudadana durante la pandemia, ya sea por el dinero recabado por los supermercados o por organizaciones sociales que comenzaron a gestionar apoyos para ellos.

Tal es el caso de Desértica y Manahuia, la primera de ellas una organización legalmente constituida desde antes de la pandemia, pero que durante la crisis cambió el tipo de ayuda que gestiona para combatir enfermedades cardiovasculares para apoyar a adultos mayores, y la segunda, un grupo recién conformado para atender a esta población.

Ivonne Cannet, directora de Desértica, explica que a partir del inicio de las medidas de confinamiento por la pandemia emprendieron la campaña “Contágiate de solidaridad”, con la que apoyaron a hospitales y asilos con despensas e insumos médicos.

“En el caso de los adultos mayores iniciamos una campaña de seguridad alimentaria porque nos dimos cuenta que era una población no olvidada, pero sí desatendida en la pandemia, porque trabajaban como paqueteros, pero los mercados no los podían recibir por ser población altamente vulnerable, aún cuando ya están vacunados”, comenta.

Desértica trabaja directamente en Mexicali, Baja California, donde apoyan con despensas a adultos mayores que trabajan en la cadena de supermercados “Floridos”, sin embargo, desde ahí han gestionado apoyos para asilos de la Husteca Potosina, Estado de México y Ciudad de México.

“La necesidad es grande para ellos, porque dependen del ingreso. Nosotros nos hemos dedicado a buscar abuelitos que tienen mucha necesidad, que no tienen quien vea por ellos, y pues les damos una despensa para que los 80 o 100 pesos que les dan de lo que juntan en propinas los supermercados lo puedan usar para pagar servicios de su casa como agua, luz o gas”, indica.

En el caso de la Ciudad de México, tres estudiantes de la Universidad Iberoamericana comenzaron con el proyecto Manahuia Mx que a la fecha apoya a 130 adultos mayores.

Marie, Kyara y Alejandra se conocieron a partir de que una publicación que pusieron en un grupo de Facebook de la comunidad Ibero, con la que llamaron a a apoyar a adultos mayores que habían quedado sin ingresos en la pandemia porque trabajaban como empacadores. De ahí crearon un grupo de WhatsApp en el que comenzaron a organizarse para darles despensas y medicamentos, y al final, de 80 interesados solo quedaron ellas tres.

“Empezamos a ver qué había que hacer y lo primero fue ir a ver qué necesitaban. Yo fui a verlos a Reforma, donde se reunían empacadores adultos mayores a protestar, y ahí me encontré con Rafa, quien me dijo que pedían que les regresaran su trabajo. Ya llevaban 10 meses sin poder volver y necesitaban solventar gastos, pagar renta, a muchos de ellos sus hijos no los apoyan y ya habían empeñado varias cosas de su casa”, señala Marie.

Ante esa situación, Marie creó un chat para mantenerse en contacto con los empacadores voluntarios, que pronto sumaron a otros conocidos que también necesitaban apoyos. Actualmente también brindan despensas y medicamentos a personas mayores que no trabajaban en supermercados, pero que con la pandemia se vieron en la necesidad de pedir ayuda.

Aunque varios de los adultos mayores que apoya Manahuia ya volvieron a trabajar o están a punto de, en cuanto se cumplan dos semanas después de su segunda dosis de la vacuna, las tres jóvenes están considerando la posibilidad de constituirse como una asociación civil que de manera permanente apoye a este grupo de la población con atención médica, legal y psicológica.

Raúl es una de las personas que fueron apoyadas por Manahuia a lo largo de este tiempo, y que continuará con ellas debido a que no contará con el empleo que tenía en Walmart, aunque hay otros adultos mayores que pese a que recuperarán su trabajo como empacadores también seguirán colaborando, como es el caso de Tere.

Tere tiene 65 años y es viuda. Está contenta porque en estos días volverá a su trabajo como empacadora en una tienda de La Comer ubicada en la alcaldía Álvaro Obregón de la Ciudad de México, aunque actualmente también colabora en Manahuia, donde se encarga de contactar a las personas que reciben despensas.

“Cuando salimos de las tiendas pensamos que quizá íbamos a regresar en unos 40 días, pero pasaron los meses y se fue alargando la situación. Para mí ser empacadora era una distracción, porque me quedé viuda… después salió lo de Manahuia y yo le dije a Marie que por salud mental me dejara ayudarles, y bien linda me dijo que sí. Para mi fue fabuloso”, narra.

Para continuar apoyando a los adultos mayores, Manahuia recaba víveres, pero también están considerando abrir una tienda en la que puedan vender productos que ellos mismos realizan y una cafetería para autoemplearse.

“Por ahora es lo que hacemos, pero nos gustaría poder hacer más. Estamos molestas y preocupadas porque hay supermercados donde ya no tendrán espacios para trabajar, y de por sí viven de propinas… necesitamos que las empresas volteen a verlos y entiendan que eso no debería ser así. Es necesario que tengan un sueldo, que tengan trabajo digno”, reclama Manahuia.

Alejandra Macías, analista del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), explica que aproximadamente el 40% de personas adultas mayores siguen trabajando porque viven en una situación de vulnerabilidad permanente.

“Ya tendrían que estar recibiendo una pensión solamente, pero como nuestro mercado laboral es básicamente informal, el 60% lo es, los adultos mayores no cotizan para tener una pensión a su edad de retiro y tienen que continuar trabajando”, señala.

Para la especialista, es importante que las autoridades miren a los adultos mayores y atiendan la insuficiencia de los apoyos que les otorgan, pero también es necesario que se tomen medidas para apoyar a la pobreza generalizada, pues el panorama para las siguientes generaciones es más precario, y eso es algo que también “se tendría que estar atendiendo ahorita”.

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