Por qué los adultos jóvenes son uno de los mayores obstáculos para la inmunidad colectiva

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Un puesto de vacunación vacío en Kansas City, Misuri, el 23 de junio de 2021. (Chase Castor/The New York Times).
Un puesto de vacunación vacío en Kansas City, Misuri, el 23 de junio de 2021. (Chase Castor/The New York Times).

KANSAS CITY, Misuri — Bridget Burke, de 22 años, estudiante universitaria de Míchigan, afirmó que le inquietaban los rumores de que las vacunas contra el COVID-19 podrían afectar su salud reproductiva. Bryson Hardy, de 19 años, empalmador de cables de fibra óptica originario de Georgia, aseveró que no le preocupaba contraer el virus y que no tenía planes de vacunarse; y Cinda Heard, de 27 años, asistente sanitaria a domicilio en Misuri, comentó que les temía a los posibles efectos secundarios de la vacuna y que se inoculó solo porque su empleador se lo exigió.

A medida que la campaña de vacunación del país se ralentiza y las dosis se quedan sin utilizar, de repente ha quedado claro que uno de los mayores obstáculos para la inmunidad masiva será convencer a los adultos jóvenes escépticos de todos los contextos para que se vacunen. En los últimos días, las autoridades federales han expresado su alarma por los bajos índices de vacunación entre los estadounidenses que se encuentran en los últimos años de la adolescencia y los veintitantos, y los han culpado del fracaso casi seguro del país para alcanzar el objetivo del presidente Joe Biden de administrar al menos una dosis inicial al 70 por ciento de los adultos antes del 4 de julio.

No obstante, el sencillo argumento de convencimiento para las personas mayores (que una vacuna podría salvar su vida) no siempre funciona con los veinteañeros sanos que saben que tienen menos probabilidades de enfrentarse a las consecuencias más graves del COVID-19.

Mientras los funcionarios públicos se apresuran a encontrar maneras de atraer a los adultos jóvenes para que se vacunen, las entrevistas realizadas en todo Estados Unidos sugieren que no hay una solución única, ni sencilla, que pueda persuadir a estos reticentes. Algunos se oponen con firmeza, otros solo muestran desinterés y otros más muestran un escepticismo influenciable, pero casi todos los que deseaban vacunarse ya lo hicieron y los funcionarios de salud pública se enfrentan ahora a una mezcla superpuesta de inercia, miedo, falta de tiempo y desinformación, mientras intentan convencer a la generación Z (en ocasiones a una persona a la vez) de vacunarse.

“Si estás ocupado, si tienes problemas en todos los aspectos de la vida diaria y no estás seguro de querer vacunarte, entonces te aferras a una cosita que puede no ser cierta en absoluto y te da un pretexto”, señaló Rex Archer, director de salud en Kansas City, mientras inspeccionaba un punto de vacunación en una tienda donde solo una persona, un hombre de 38 años, acudió a vacunarse en un periodo de 30 minutos la mañana del miércoles.

Los expertos en salud pública aseguran que la vacunación de los adultos jóvenes es fundamental para mantener las cifras de contagio bajas y prevenir nuevos brotes, en especial a medida que la variante Delta, que es más contagiosa, se propaga por Misuri y otros estados.

Desde que las vacunas estuvieron disponibles hace seis meses, los departamentos de salud se han centrado, con distintos grados de éxito, en animar a los grupos identificados como renuentes (entre ellos las personas que viven en comunidades rurales, los residentes afroamericanos y los conservadores) a vacunarse. Sin embargo, en días recientes, los funcionarios de salud pública han identificado a los adultos jóvenes como un reto importante para un país en el que menos de un millón de personas al día reciben una vacuna, lo que supone un descenso respecto al pico de abril de más de 3,3 millones.

Poco más de una tercera parte de los adultos de entre 18 y 39 años declararon estar vacunados, según los informes federales nuevos. (Chase Castor/The New York Times).
Poco más de una tercera parte de los adultos de entre 18 y 39 años declararon estar vacunados, según los informes federales nuevos. (Chase Castor/The New York Times).

En un informe federal publicado la semana pasada, poco más de una tercera parte de los adultos de entre 18 y 39 años declararon estar vacunados, y se presentan cifras especialmente bajas entre las personas negras, las de 24 años o menos y las que tienen niveles menores de ingresos, escolaridad, y no tienen seguro médico.

“El contenido de la vacuna me pone nerviosa”, aseveró Burke, estudiante de último año de la Universidad de Western Míchigan, quien proviene de Chicago. “Creo que en lo personal pospondré la vacunación hasta que sea absolutamente necesario”.

Burke dijo que su familia quería que se vacunara, pero que le preocupaba que las vacunas afectaran el sistema reproductor de las mujeres, una preocupación que surgió en múltiples entrevistas con mujeres jóvenes. Los científicos han dicho que no hay pruebas de que las vacunas afecten la fertilidad o el embarazo.

Aun así, los efectos secundarios, escasos pero reales, han surgido como una preocupación grave, en especial para los jóvenes que consideran que corren poco riesgo a causa del virus en sí mismo. Las vacunas de Johnson & Johnson se interrumpieron de manera breve en la primavera tras el descubrimiento de coágulos de sangre poco comunes en mujeres jóvenes, y las autoridades federales de salud señalaron la semana pasada que las vacunas Moderna y Pfizer-BioNTech podrían haber ocasionado problemas cardiacos en unos 1200 estadounidenses, muchos de ellos menores de 30 años, aunque dijeron que los beneficios de la vacunación seguían superando los riesgos con creces.

Los funcionarios de la Casa Blanca afirmaron que esperaban que el 70 por ciento de las personas mayores de 27 años recibieran al menos la primera dosis antes del 4 de julio, pero si se agregan los estadounidenses de 18 a 26 años, es probable que el país no alcance el objetivo de Biden para todos los adultos.

Muchos adultos jóvenes están relativamente sanos, y con frecuencia tienen que preocuparse por el trabajo, la escuela y los hijos pequeños. Los expertos y los adultos jóvenes afirmaron que vacunarse no siempre es una prioridad.

“No son personas que estén conectadas con el sistema de salud”, dijo Arthur Caplan, especialista en bioética de la Universidad de Nueva York que estudia las dudas relacionadas con las vacunas. “No tienen un médico que los atienda: acuden al médico de sus padres”.

A lo largo de la pandemia, el mensaje de salud pública ha hecho hincapié en que los habitantes de mayor edad eran los que corrían mayor riesgo. Jodie Guest, profesora de epidemiología de la Universidad Emory, dijo que eso “tuvo la consecuencia imprevista de hacer que los jóvenes sintieran que no habría mucho problema si se contagiaban de COVID-19”.

“Para empezar, hay cierto grado de inmortalidad en este grupo etario”, dijo Guest.

No obstante, también está la duda de si los organismos de salud pública han hecho lo suficiente para conectarse con los jóvenes reticentes o incluso si saben cómo hacerlo.

Jordan Tralins, de 20 años, quien será estudiante de tercer año en la Universidad de Cornell, dijo que pensaba que sus compañeros habían sido ignorados en gran medida y que las autoridades no entablaban diálogos con ellos en los espacios virtuales donde pasan el tiempo.

Desanimada por la cantidad de información errónea que encontraba en las redes sociales, Tralins fundó la Coalición Universitaria COVID, que ahora cuenta con miembros en más de 25 universidades que manejan cuentas de Instagram en las que desmienten los mitos y les indican a los estudiantes cómo vacunarse.

“Para captar realmente a la gente de mi edad y conseguir que nos concentremos y nos entusiasmemos, hay que usar la creatividad”, dijo Tralins. “Y creo que esto no es algo que los adultos, y quienquiera que esté a cargo del despliegue de la vacuna, hayan considerado”.

© 2021 The New York Times Company

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