Adolescencia: polémica por los efectos en la salud de los bloqueadores de la pubertad

En Estados Unidos, algunos médicos ya recetaron los bloqueadores a chicos de ocho años
En Estados Unidos, algunos médicos ya recetaron los bloqueadores a chicos de ocho años - Créditos: @Shutterstock

Emma Basques, de 11 años, se había identificado como niña desde que pudo caminar. Pero ahora que manifiesta una incipiente pubertad masculina, su pediatra de la ciudad de Phoenix le recetó inmediatamente una medicación para frenar el desarrollo.

A los 13 años, Jacy Chavira empezó a sentirse cada vez más incómoda con el desarrollo de su cuerpo y empezó a sentir que era un niño varón. Y el endocrinólogo que consultaron en el Sur de California recomendó una droga para dejar en pausa la pubertad.

Una niña de 11 años de Nueva York con depresión profunda manifestó su deseo de dejar de ser una chica. Un terapeuta le dijo a los padres que la mejor opción para los preadolescentes era la medicación, y el pediatra coincidió.

“Los bloqueadores de la pubertad realmente ayudan a los chicos así”, les dijo el terapeuta, según recuerda la madre. “Lo presentaron como un torniquete que frenaría la hemorragia.”

A medida que fue creciendo la cantidad de adolescentes que se identifica como transgénero, los fármacos conocidos como bloqueadores de la pubertad se convirtieron en la primera opción de tratamiento para los jóvenes que buscan ayuda médica.

El uso de esas drogas suele ser descrito como una forma segura, y reversible, de comprar tiempo para evaluar la transición médica y evitar la angustia de crecer en un cuerpo que se percibe equivocado. Un índice desproporcionado elevado de adolescentes transgénero sufren depresión y otros trastornos psicológicos. Los estudios muestran que en algunos pacientes los bloqueadores del desarrollo han aliviado la inadecuación del sexo de nacimiento con la identidad de género.

“La medicación los libera de la ansiedad”, dice el doctor Noman Spack, pionero norteamericano en el uso de bloqueadores de la pubertad en jóvenes trans y uno de los muchos médicos que creen que esa droga salva vidas. “El enorme alivio que sienten esos chicos es evidente.”

¿Daños?

Pero como cada vez son más los adolescentes que se identifican como transgénero —en los Estados Unidos, se estima que son 300.000 de entre 13 y 17 años y que hay un número no calculable de otros de menor edad—, también son más los profesionales médicos preocupados por las consecuencias de esas drogas. Y esos cuestionamientos están obligando a los gobiernos de Europa a revisar sus políticas e impulsar más investigaciones sobre el tema, y también a algunos destacados especialistas a reconsiderar a qué edad prescribirlas y por cuánto tiempo. Y existe un reducido número de médicos que no recomendarían su uso en absoluto.

Hace tres décadas, los médicos holandeses empezaron a sugerir a los adolescentes transgénero el uso de bloqueadores de la pubertad, seguidos normalmente de un tratamiento hormonal para ayudar a los pacientes en la transición. Desde entonces, la práctica se ha extendido a otros países, con protocolos variados, poca documentación de los resultados y ninguna aprobación gubernamental de los medicamentos para ese uso.

Pero hay incipientes evidencias del daño potencial del uso de bloqueadores, según revisiones de artículos científicos y entrevistas con más de 50 médicos y expertos académicos de todo el mundo.

Los bloqueadores de la pubertad suprimen el estrógeno y la testosterona, hormonas que ayudan a desarrollar el sistema reproductivo, pero que también tienen efectos en los huesos, el cerebro y otras partes del cuerpo.

Durante la pubertad, la masa ósea del cuerpo suele aumentar, lo que determina la salud de nuestros huesos de por vida. Cuando los adolescentes usan bloqueadores, el crecimiento de la densidad ósea se estanca en un promedio de los casos, según un análisis encargado por The New York Times de estudios observacionales que examinan sus efectos.

Muchos médicos que tratan a pacientes transgénero creen que esa pérdida se recupera cuando se abandona el uso de bloqueadores. Pero dos estudios que monitoreó la densidad ósea de los pacientes trans mientras usaban bloqueadores y durante los primeros años de tratamiento con hormonas sexuales revelaron que muchos no se recuperan por completo y se quedan rezagados en relación con sus pares.

Según los especialistas, eso podría acarrear mayor riesgo de fracturas por debilitamiento óseo antes de lo esperable por el envejecimiento normal —a los 50 años, en vez de a los 60— y un daño más inmediato para los pacientes que comienzan el tratamiento con huesos que ya son débiles.

“Todo tiene un precio”, dice el doctor Sundeep Khosla, director del laboratorio de investigación ósea de la Clínica Mayo. “Y en este caso, el precio probablemente sea un déficit en la masa esquelética”.

Decisiones cruciales

Muchos médicos en los Estados Unidos y en otros lugares recetan bloqueadores del desarrollo a pacientes en la primera etapa de la pubertad, incluso desde los 8 años, y les permiten con tratamientos de sustitución hormonal incluso desde los 12 o 13 años. Esos profesionales creen que comenzar con el tratamiento a temprana edad ayuda a los pacientes a alinearse mejor físicamente con su identidad autopercibida de género y ayuda a proteger sus huesos.

Pero otros profesionales advierten que eso podría forzar decisiones cruciales que cambian la vida para siempre antes de que los pacientes sepan quiénes son en realidad. Esos especialistas señalan que, de hecho, atravesar la pubertad justamente puede ayudar a aclarar el género: para algunos adolescentes, será reconfirmar su sexo de nacimiento, y para otros, confirmar que son transgénero.

“La pregunta más difícil es si los bloqueadores de la pubertad realmente regalan un tiempo valioso para que los niños y los jóvenes consideren sus opciones, o si efectivamente ‘encierran’ a los niños y los jóvenes en una vía de tratamiento”, escribió la pediatra Hilary Cass en una revisión independiente realizada en Inglaterra sobre los tratamientos médicos que reciben los adolescentes que se presentan como transgénero.

Siguiendo su recomendación, el mes pasado el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra propuso restringir el uso de los medicamentos para jóvenes trans al campo de la investigación. Países como Suecia y Finlandia también han puesto límites al tratamiento: los preocupa no solo el riesgo de los bloqueadores, sino el fuerte aumento de pacientes jóvenes, los problemas psiquiátricos que muchos presentan y hasta qué punto se debe evaluar su salud mental antes de ofrecerles la posibilidad del tratamiento.

Polarización

En Estados Unidos, sin embargo, no existe una política universal y la discusión pública está polarizada.

Los gobernadores y legisladores republicanos en más de una docena de estados están trabajando para limitar o incluso criminalizar el tratamiento, como parte de otras políticas que impulsan, como prohibir la discusión sobre género en las escuelas públicas, y algunos incluso cuestionan si la identidad transgénero realmente existe. Este mes, por ejemplo, la junta médica de Florida prohibió medicamentos y cirugías para nuevos pacientes menores de 18 años. Por su parte, el gobierno demócrata del presidente Joe Biden considera la medicina transgénero como un derecho civil. Y algunos defensores critican a cualquiera que cuestione la seguridad a largo plazo de esos tratamientos.

Muchos pacientes jóvenes y sus familias han llegado a la conclusión de que los beneficios de aliviar el trauma superan con creces los riesgos de tomar bloqueadores. Pero otros opinan que los datos de la ciencia todavía son limitados, y que la politización de la “medicina transgénero” pueden dificultar una evaluación abarcadora de esa decisión. Un análisis hecho por la Agencia Reuters de una variedad de tratamientos transgénero también reveló que hay pocas investigaciones sobre los efectos de esos fármacos a largo plazo.

Tres años después de empezar con las drogas, Emma Basques cree que está en el camino correcto. Jacy Chavira ahora tiene 22 años, pero decidió que no necesitaba tratamiento médico y retomó su identidad femenina.

Y después de más de dos años con bloqueadores de la pubertad, la adolescente de Nueva York tuvo una pérdida de densidad ósea tan significativa que los padres suspendieron el uso de las drogas.

“Nos embarcamos en esto para ayudarla”, dice la madre. “Ahora me preocupa que nos hayamos metido con una droga muy potente, y sin entender del todo los efectos a largo plazo”.

Por Megan Twohey y Christina Jewett

(Traducción de Jaime Arrambide)

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