ADN antiguo demuestra que los humanos se asentaron en el Caribe en dos oleadas distintas

Carl Zimmer
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Una fotografía proporcionada por Menno Hoogland/Universidad de Leiden, de vasijas de cerámica taínas del este de República Dominicana, alrededor del año 1400 d. C. (Menno Hoogland/ Universidad de Leiden vía The New York Times)
Una fotografía proporcionada por Menno Hoogland/Universidad de Leiden, de vasijas de cerámica taínas del este de República Dominicana, alrededor del año 1400 d. C. (Menno Hoogland/ Universidad de Leiden vía The New York Times)
Una fotografía proporcionada por la Misión Arqueoantropológica Sapienza de un hacha de piedra afilada de un sitio arqueológico en El Francés en Samaná, República Dominicana. (Misión Arqueoantropológica Sapienza vía The New York Times)
Una fotografía proporcionada por la Misión Arqueoantropológica Sapienza de un hacha de piedra afilada de un sitio arqueológico en El Francés en Samaná, República Dominicana. (Misión Arqueoantropológica Sapienza vía The New York Times)

Cuando Juan Avilés fue a la escuela en Puerto Rico, los profesores le enseñaron que los habitantes originales de la isla, los taínos, desaparecieron poco después de que España la colonizara. Los profesores afirmaron que la violencia, las enfermedades y los trabajos forzados los aniquilaron, destruyendo su cultura y su idioma, y que los colonizadores repoblaron la isla con esclavos, entre ellos indígenas centroamericanos, sudamericanos y africanos.

No obstante, en casa, Avilés escuchó otra historia. Su abuela le decía que eran descendientes de antepasados taínos y que algunas de las palabras que usaban también provenían del idioma taíno.

“Pero, ya sabes, mi abuela tuvo que abandonar la escuela en segundo grado, así que al principio no confié en ella”, comentó Avilés, que ahora es médico en Goldsboro, Carolina del Norte.

Avilés, quien estudió genética en la facultad de posgrado, ha comenzado a usar esta área de estudio para ayudar a los caribeños a conectar con su historia genealógica, y la reciente investigación de campo le ha llevado a reconocer que su abuela tenía algo de razón.

Por ejemplo, un estudio publicado el miércoles en la revista Nature, demuestra que, en promedio, alrededor del 14 por ciento de la ascendencia de los habitantes de Puerto Rico se remonta a los taínos. En Cuba, es aproximadamente el cuatro por ciento, mientras que en República Dominicana es más bien un seis por ciento.

Estos resultados, y otros similares basados en muestras de ADN encontrado en antiguos esqueletos caribeños, están proporcionando un panorama más detallado de la región. Por ejemplo, muestran que las islas del Caribe se poblaron en dos oleadas distintas y que la población humana de las islas también era más reducida de lo que se creía. Sin embargo, los habitantes de las islas antes del contacto colonial no se extinguieron por completo; millones de personas que viven hoy en día heredaron su ADN, junto con rastros de sus tradiciones e idiomas.

Antes de la llegada de los estudios genéticos del Caribe, los arqueólogos proporcionaron la mayoría de las pistas acerca de los orígenes de los pobladores de la región. Al parecer, los primeros habitantes humanos del Caribe vivieron principalmente como cazadores-recolectores, cazando en las islas y pescando en el mar, a la vez que cuidaban pequeños jardines.

Los arqueólogos han descubierto algunos entierros de esos pueblos antiguos. A principios de la década de 2000, los genetistas lograron extraer algunos rastros de ADN conservado en sus huesos. Los avances significativos de los últimos años han hecho posible extraer genomas enteros de esqueletos antiguos.

“Pasamos de no tener ningún genoma completo hace dos años a más de 200 en la actualidad”, señaló María Nieves-Colón, antropóloga genetista de la Universidad de Minnesota quien no participó en el nuevo estudio.

Los genes de los habitantes del Caribe más antiguos conocidos hasta ahora los vinculan con las primeras poblaciones que se asentaron en Centro y Sudamérica.

“Por supuesto, es una población de indígenas nativos, pero es un linaje profundo muy característico”, aseguró David Reich, autor del estudio y genetista de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

No obstante, aún no está claro desde qué lugar específico del continente se embarcaron en canoas esos primeros indígenas nativos para llegar a las islas del Caribe.

“No creo que estemos tan cerca como pensábamos de una respuesta”, dijo Nieves-Colón, autora de otro estudio genético a gran escala en julio.

Parte del problema es que los científicos aún no han encontrado ADN en el Caribe que tenga más de 3000 años de antigüedad. “Hay muchas cosas que no podemos ver porque no tenemos ADN antiguo”, dijo Nieves-Colón.

De acuerdo con los registros arqueológicos, hace unos 2500 años hubo un cambio drástico en la vida cultural del Caribe. Las personas comenzaron a vivir en asentamientos más grandes, donde cultivaron principalmente cosechas como el maíz y el camote. Su cerámica se volvió más sofisticada y elaborada. Para los arqueólogos, el cambio marca el final de lo que llaman la Era Arcaica y el inicio de una Edad de la Cerámica.

Nieves-Colón y otros investigadores han descubierto que el ADN de los isleños del Caribe también cambió al mismo tiempo. Los esqueletos de la Edad de la Cerámica compartían en gran medida una nueva firma genética. Su ADN los relaciona con pequeñas tribus que incluso en la actualidad viven en Colombia y Venezuela.

Es posible que los migrantes de la costa caribeña de Sudamérica llevaran consigo los idiomas que todavía se hablaban cuando Colón llegó 2000 años después. No sabemos mucho acerca de estas lenguas, aunque algunas palabras han logrado sobrevivir. Por ejemplo, la palabra huracán viene de hurakán, la palabra taína que designa al dios de las tormentas.

Estas palabras tienen un parecido sorprendente con las de una familia de lenguas de Sudamérica llamadas lenguas arahuacas. El ADN de los caribeños de la Edad de la Cerámica se parece más al de los hablantes vivos del arahuaco.

En el registro de la Edad de la Cerámica, se vuelve difícil encontrar personas con mucha ascendencia arcaica. Al parecer sobrevivieron en algunos lugares, como el oeste de Cuba, hasta que desaparecieron hace unos mil años. Las personas con ancestros de la Edad de la Cerámica llegaron a dominar el Caribe, casi sin ningún mestizaje entre los dos grupos.

Por ejemplo, en el transcurso de la Edad de la Cerámica, cada tantos siglos surgieron estilos de cerámica nuevos y sorprendentes. Los investigadores han supuesto durante mucho tiempo que esos cambios reflejan la llegada de nuevos grupos de personas a las islas. Sin embargo, el ADN antiguo no respalda esa idea. Hay una continuidad genética a través de esos cambios culturales drásticos. Al parecer, el mismo grupo de personas en el Caribe pasó por una serie de grandes cambios sociales que los arqueólogos aún no han explicado.

Reich y sus colegas genetistas también descubrieron lazos familiares que abarcaban todo el Caribe durante la Edad de la Cerámica. Descubrieron diecinueve pares de personas en diferentes islas que compartían segmentos idénticos de ADN, señal de que eran parientes bastante cercanos. En un caso, encontraron primos a larga distancia de las Bahamas y Puerto Rico, separados por más de 1300 kilómetros.

Ese hallazgo va en contra de teorías influyentes de la arqueología.

“La idea original era que la gente empieza en un lugar, establece una colonia en otro, y luego simplemente corta todos los lazos con el lugar de donde provenía”, afirmó William Keegan, arqueólogo del Museo de Historia Natural de Florida y coautor de la nueva investigación, “pero la evidencia genética sugiere que estos lazos se mantuvieron durante un periodo largo”.

En otras palabras, en lugar de estar formado por comunidades aisladas, el Caribe era una red bien cargada de larga distancia que la gente recorría por lo regular en canoa. “El agua es como una autopista”, dijo Nieves-Colón.

Las variaciones genéticas también les permitieron a Reich y a sus colegas calcular el tamaño de la sociedad caribeña previo al contacto con Europa. El hermano de Cristóbal Colón, Bartolomé, envió cartas a España mencionando una cifra de millones. El ADN sugiere que fue una exageración: las variaciones genéticas implican que la población total se reducía a decenas de miles.

La colonización produjo un gran impacto en el mundo caribeño y cambió enormemente su perfil genético, pero aun así la población de la Edad de la Cerámica se las arregló para transmitir sus genes a las generaciones futuras. Ahora, con una población de unos 44 millones de personas, es probable que el Caribe contenga más ADN taíno que en 1491.

“Ahora tenemos esta evidencia para demostrar que no nos extinguimos, solo nos mezclamos y seguimos existiendo”, concluyó Avilés.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company