El adiós al arzobispo Desmond Tutu

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Desmond Tutu, fallecido el pasado domingo a los 90 años y cuyo funeral se celebraba este sábado, fue considerado como la conciencia moral de Sudáfrica, por su contribución al fin del apartheid, por poner toda su energía al servicio de la reconciliación de su país y por su lucha constante a favor de los derechos humanos.

Hasta su último aliento, este arzobispo anglicano emérito, distinguido con el Premio Nobel de la Paz en 1984, impuso su silueta exigua y su franqueza para denunciar las injusticias y los excesos del poder, sin importar de quien se tratara.

Jamás se privó de criticar al gobierno sudafricano, aun cuando se tratara del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), el principal movimiento que combatió al régimen racista del apartheid y que gobierna hasta hoy el país.

Los grandes temas de política internacional tampoco escaparon a sus críticas, fustigando a su propia Iglesia para defender los derechos de los homosexuales, abogando por un Estado palestino o señalando en septiembre de 2012 que el expresidente estadounidense George Bush y el exlíder británico Tony Blair deberían ser juzgados por la Corte Penal Internacional de La Haya por la Guerra de Irak.

Pero fue en su propio país donde sus comentarios calaron más hondo. A fines de 2011, cuando Pretoria no otorgó a tiempo una visa para el Dalai Lama, a quien él había invitado cuando cumplió 80 años, acusó al poder de haber cedido a las presiones de China.

"Nuestro gobierno es peor que el gobierno del apartheid", dijo. "Es escandaloso que aquellos que han sufrido bajo un régimen de opresión hagan ahora este tipo de cosas", agregó.

"Si Nelson Mandela viese ésto lloraría", deploró.

Con la AFP


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