Acusan a Benedicto XVI de haber encubierto a un cura pedófilo cuando era arzobispo de Munich

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Ratzinger, en junio pasado en Bavaria, con ayuda para movilizarse
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ROMA.- Un artículo del semanario alemán Die Zeit interrumpió la calma del Monasterio Mater Ecclesiae, enclavado en los Jardines del Vaticano, donde Benedicto XVI, papa emérito, vive en gran reserva desde que renunció al trono de Pedro, el 11 de febrero de 2013.

En la nota, que tuvo enorme repercusión, se acusó a Joseph Ratzinger, que el 16 de abril próximo cumplirá 95 años, de haber encubierto a un sacerdote pedófilo cuando fue arzobispo de Munich y Freising. Su secretario privado, el arzobispo Georg Gänswein, desmintió categóricamente esta reconstrucción en un correo electrónico al medio alemán, en el que aseguró que Ratzinger nunca supo nada y que por lo tanto no tenía ninguna responsabilidad.

Benedicto ordenó sacar su firma de un libro sobre el celibato que nunca autorizó
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Benedicto XVI, junto a Francisco

Lo cierto es que un decreto extrajudicial del tribunal eclesiástico de la arquidiócesis de Munich de 2016, en el que Die Ziet basa su acusación, criticó a la jerarquía de esta diócesis por no haber detenido el espantoso comportamiento de padre Peter H., acusado de 23 casos de abusos sexuales de menores de entre 8 y 16 años cometidos entre 1973 y 1996. Entre los altos prelados denunciados aparece Ratzinger, que fue arzobispo de Munich y Freising entre 1977 y 1982.

Como era el modus operandi de las altas esferas de la Iglesia católica en ese entonces, para defender la imagen de la institución y silenciar el escándalo y sin pensar en las víctimas y que el cura en cuestión iba a seguir abusando de menores, en 1980 Peter H. fue trasladado de la diócesis de Essen a la de Munich. El decreto en cuestión menciona varias veces a Ratzinger explicando que, si bien conocía la historia del sacerdote pedófilo, “lo aceptó y lo instaló en su propia arquidiócesis”, donde siguió abusando. Según el documento, Ratzinger y los vicarios generales de la arquidiócesis no estuvieron “a la altura de sus responsabilidades hacia los jóvenes y niños encomendados a sus cuidados pastorales”.

Benedicto ordenó sacar su firma de un libro sobre el celibato que nunca autorizó
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El papa emérito Benedicto XVI

Consultado por Die Zeit, Gänswein aseguró que la reconstrucción de los hechos “es falsa” ya que el hoy papa emérito en ese momento no sabía nada del pasado oscuro del sacerdote.

En verdad, ya en 2010 el pontificado de Benedicto XVI se vio sacudido por sendos artículos del semanario alemán Der Spiegel y del diario The New York Times que lo acusaron de lo mismo: haber estado al tanto, siendo arzobispo en su patria, de que el sacerdote Peter Hullerman, que con su visto bueno había iniciado una terapia psicológica en los años ‘80 después de haber cometido abusos sobre niños en Essen, iba a regresar a sus tareas pastorales. Entonces el Vaticano salió en defensa del papa alemán y aseguró que “el entonces arzobispo nunca se enteró de la decisión de reintegrar al sacerdote H. en la actividad parroquial”.

La novedad, ahora, es que el caso justo reflotó a días de que, el 17 de enero próximo, se publique un informe sobre abusos del clero cometidos en la arquidiócesis de Munich y Freising realizado por el estudio legal WestpfahlSpilker Wastl por encargo del cardenal Reinhard Marx, titular del arquidiócesis desde noviembre de 2007. El informe puso bajo la lupa los años que van de 1945 a 2019 y probablemente volverá a salpicar al papa emérito.

En junio pasado, el cardenal Marx presentó repentinamente su renuncia al arzobispado de Munich y Freising por su “corresponsabilidad en la catástrofe de los abusos”. Pero el papa Francisco no aceptó su dimisión, en una carta en la que, tras coincidir con él que el escándalo de abusos es una “catástrofe”, aseguró que había que asumirla y ponerse en crisis.

En esa carta, Francisco -que siempre puso en primer lugar a las víctimas- recordó que la Iglesia hizo más de una vez y ante muchas situaciones “mea culpas” por errores históricos del pasado. “Y esta misma actitud es la que se nos pide hoy. Se nos pide una reforma que, en este caso, no consiste en palabras, sino en actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia”.

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