Un acuerdo de gobierno en España cuarenta y ocho horas... Y 196 días después

Agencia EFE

Madrid, 12 nov (EFE).- El pacto de izquierdas que firmaron hoy el líder socialista, Pedro Sánchez, y el de Unidas Podemos (UP), Pablo Iglesias, puede que haya batido algún récord por firmarse dos días después de los comicios, pero pasará a la historia por no haberse rubricado seis meses antes y sin una repetición electoral de por medio.

El pasado domingo, el electorado los castigaba a ambos -760.000 votos menos para el Partido Socialista y medio millón menos para UP- y hacía más complicadas las sumas para la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno, cargo que ahora ejerce en funciones.

Pero además, el mapa político cambiaba -y mucho- por la derecha, con el desplome de Ciudadanos (liberales) y, sobre todo, con el auge de Vox (extrema derecha) hasta colocarse como tercera fuerza política.

Toda una sacudida que hizo reaccionar, esta vez sí, tanto al presidente en funciones Sánchez como al líder de Podemos.

Este martes en el Congreso se fundieron en un abrazo tras firmar el acuerdo para formar un gobierno de coalición y aseguraron que dejaban atrás sus desencuentros.

Mucho van a tener que olvidar ambos, porque mucha fue la tensión y muy sonado el fracaso del diálogo tras las elecciones del 28 de abril, que llevó a la repetición de comicios este domingo. Muchos sapos y culebras -sobre lo que han dicho uno del otro- se van a tener que tragar.

Pedro Sánchez nunca quiso un Gobierno de coalición. Y sólo cedió a negociarlo cuando Iglesias renunció a estar en el Consejo de Ministros. Pero tampoco entonces hubo acuerdo.

Y cuando la repetición electoral era ya una realidad, el líder socialista soltó aquella reflexión difícil ahora de olvidar, la de que "no dormiría tranquilo" presidiendo un Gobierno con ministros de Podemos.

Iglesias, por su parte, siempre insistió en que la coalición era la única vía de acuerdo, y no se cansó de decir que tenía que estar en el gabinete porque no se fiaba de Sánchez.

Y con estas tarjetas de presentación volvieron a pedir el voto. El resultado ya lo sabemos. El PSOE perdió tres diputados para quedarse con 120 de los 350 del Congreso, y UP pasó de 42 a 35.

El pasado domingo por la noche, solo había fiesta de verdad en la sede de un partido político: Vox, que subió a 52 escaños.

Mientras, en Podemos, Pablo Iglesias lanzaba un mensaje claro a Sánchez: "Creo que se duerme peor con más de cincuenta diputados de extrema derecha que con Unidas Podemos en el Gobierno".

Y el ganador de las elecciones, Sánchez, saludaba a la militancia con mucha menos euforia que en abril, aunque prometiendo que "esta vez" habría, "sí o sí", un Gobierno progresista.

Es posible que en ese momento, Sánchez ya tuviera claro que tocaba ceder y dejar a Podemos entrar en el Gobierno, o incluso ya lo había asumido antes, porque en campaña prometió que 48 horas después de las elecciones del domingo pondría sobre la mesa una propuesta.

Pues bien, hoy la propuesta es un preacuerdo de Gobierno firmado que ya cuenta con el apoyo de 155 escaños (los de PSOE y Unidas Podemos). Ahora Sánchez e Iglesias tienen que buscar los votos que faltarían para que el Congreso lo respalde.

Y todo pasa por lo que puedan hacer tanto los independentistas catalanes de ERC como los liberales de Ciudadanos, porque unas y otras cábalas hacen decisiva la abstención o el voto favorable de una u otra formación en Parlamento.

El pacto hoy, en cualquier caso, da aire a sus firmantes. Se lo da a Sánchez porque le permitirá seguir al frente del Ejecutivo de España si al final salen las cuentas.

Y se lo da a Iglesias porque, pese a la pérdida de votos, salva su liderazgo en Podemos, ya que ahora puede presumir de haber conseguido el gobierno de coalición, una exigencia que puso a Sánchez desde las elecciones de abril pasado.

Así que después de tantos desencuentros y reproches, de acusaciones mutuas de bloqueo, de dos elecciones y una investidura fallida de Sánchez en julio pasado, ambos quieren mostrarse ahora como dos socios ejemplares.

Por eso no es un pacto logrado en dos días. Ha llegado cuarenta y ocho horas y otros 196 días después del 28 de abril.

Como bien dijo hoy el líder opositor conservador Pablo Casado, "para este viaje no hacían falta alforjas", es decir, no habrían sido necesarias unas segundas elecciones.

Patricia de Arce

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