Otra actriz relató su calvario trabajando con Dustin Hoffman: "Me manoseaba cada noche"

LA NACION

La actriz Kathryn Rossetter, que compartió escenario con Dustin Hoffman entre 1983 y 1985 en la puesta teatral Muerte de un viajante, aseguró que trabajar con él fue una "experiencia horrible y desmoralizadora".

Rosetter era muy joven al momento del estreno de la obra de Arthur Miller en Broadway, y dijo haberse sentido muy halagada por haber sido elegida por el actor para sumarse al elenco. Sin embargo, el comportamiento inapropiado de Hoffman hizo que todo se volviera una pesadilla para ella.

Según le contó a The Hollywood Reporter, en una escena en la que ella debía aparecer en ropa interior y portaligas, el ganador del Oscar por Rain Man introdujo sus manos por debajo de las prendas. Fue en Chicago, durante la gira que la compañía emprendió por los Estados Unidos.

"Los manoseos se repitieron de forma cada vez más agresiva, en casi todas las actuaciones, de seis a ocho veces por semana. No podía decirle nada porque tenía el micrófono abierto", aseguró Rosetter. "Una noche, de hecho, comenzó a meterme los dedos". Su inexperiencia y el hecho de estar en plena función no hizo más que paralizarla ante esa desagradable situación.

"Noche tras noche, volvía a casa llorando. ¿Por qué el hombre que se había esforzado para que yo obtuviera el papel, que había valorado mi trabajo y lanzó mi carrera, que me benefició con sus conocimientos de actor, podía también abusar sexualmente de su poder? ¿Era mi culpa?", dijo que se preguntaba por entonces.

En la columna, Rosetter también contó que el actor solía acercarse a su camarín para pedirle "reiteradamente que le masajeara los pies", y que ella se negó a hacerlo una y otra vez. De hecho, dijo haber estado a punto de denunciar a Hoffman frente al sindicato de actores, pero que fue persuadida por "profesionales respetados" de no hacerlo. "Me dijeron que si lo hacía, seguramente perdería mi trabajo y, por tratarse de una estrella tan poderosa, mi carrera no tendría esperanzas", apuntó.

"El acoso continuó. En las fiestas después de los shows, cada vez que él se tomaba una foto conmigo, pasaba su brazo sobre mi hombro y me tocaba un pecho justo antes de que tomaran la imagen. Así evitaba que su comportamiento quedara registrado", contó. Sin embargo, su "habilidad" falló en una oportunidad, y Rosetter aportó la prueba a The Hollywood Reporter.

El testimonio de Rosetter se suma al de otras dos mujeres, que contaron cómo en el pasado sufrieron el acoso del actor.

"Esta es una historia que he contado tantas veces que me sorprendo cuando alguien que conozco no la escuchó. Comienza así: 'Dustin Hoffman me acosó sexualmente cuando tenía 17 años'. Luego doy los detalles: cuando estaba en los últimos años de mi secundario en Nueva York, hice una pasantía como asistente de producción en el set de Muerte de un viajante, él me pidió que le diera un masaje en los pies el primer día que estuve en el set. Lo hice. Él abiertamente me coqueteaba, me agarró la cola, me habló de sexo enfrente de otros", relató la escritora estadounidense Anna Graham Hunter en noviembre, justo cuando las denuncias contra Harvey Weinstein eran un tema ineludible.

Días después, se sumó el testimonio de la guionista Wendy Riss Gatsiounis, quien contó cómo el actor le hacía comentarios fuera de lugar durante algunas reuniones de trabajo que mantuvo con él en 1991. "Antes de que comiences dejame preguntarte una cosa, Wendy. ¿Alguna vez has tenido relaciones íntimas con un hombre de más de 40 años?", fue una de las incómodas preguntas que le hizo Hoffman en aquél momento.

El actor fue duramente interpelado por el periodista John Oliver la semana pasada, durante una entrevista abierta para celebrar los 20 años del estreno de la película Wag the dog. En ese punto, el anfitrión le recriminó su defensa frente a las acusaciones de Graham Hunter. "Esa es la parte de tu respuesta que más me molesta. Refleja quien fuiste. No estás dando ninguna evidencia de que eso no sucedió. Hubo un momento en el que fuiste asqueroso con las mujeres. Se siente como un escape para decir 'bueno, ese no soy yo'. ¿Entendés que suena a que no querés hacerte cargo?", dijo Oliver, incomodando notablemente a Hoffman.