Activistas de Rusia presionan para que la violencia doméstica sea un tema electoral

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Las luces encendidas de un complejo habitacional de la era soviética en el vecindario de Pervomayskaya en Moscú, el 12 de septiembre de 2021. (Emile Ducke/The New York Times).
Las luces encendidas de un complejo habitacional de la era soviética en el vecindario de Pervomayskaya en Moscú, el 12 de septiembre de 2021. (Emile Ducke/The New York Times).

MOSCÚ — Sentada en la estrecha cocina de su sede suburbana en Moscú, Alyona Popova apuntó hacia el complejo de edificios de ladrillo de cinco pisos que tiene al lado y explicó por qué la violencia doméstica está en el centro de su campaña por una curul en la Duma, la Cámara Baja del Parlamento de Rusia.

“En cada puerta de entrada, tenemos una historia de violencia doméstica”, dijo Popova. “Justo ahí, tenemos a dos abuelas a las que acaban de golpear sus parientes. En la que viene después, tenemos a una madre con tres hijos. A ella la golpea su marido. Y allá, tenemos a una madre a la que golpea su hijo”.

Mientras hace campaña por todo el ducentésimo quinto distrito electoral, un área de clase trabajadora en la periferia oriental de Moscú, Popova les implora a las mujeres que se rebelen contra el partido en el poder, Rusia Unida, del presidente Vladimir Putin, el cual ha reducido las protecciones para las mujeres a lo largo de varios años. En la antesala de las elecciones de este fin de semana, Popova ha presentado el asunto en términos urgentes y en el primer lugar de su plataforma de campaña se encuentra una propuesta para que todas las leyes relacionadas con la violencia doméstica estén sujetas a sanciones penales.

De acuerdo con el análisis que Popova realizó de datos que recabó la agencia nacional de estadística de Rusia, hay más de 16,5 millones de víctimas de violencia doméstica cada año. Entre 2011 y 2019, más de 12.200 mujeres murieron a manos de sus parejas o parientes, es decir dos terceras partes de las mujeres asesinadas en Rusia, según un estudio.

“Esta es nuestra realidad; el único término que podemos usar es ‘epidemia’”, opinó Popova, abogada y activista de 38 años que se está postulando por el partido liberal Yablojo, aunque no es una de sus miembros.

Hay evidencia de que muchos rusos coinciden con ella. Una encuesta de 2020 que realizó el Centro Levada, una organización independiente, reveló que casi el 80 por ciento de los encuestados cree que es necesaria una legislación que frene la violencia doméstica. Una petición que inició Popova para apoyar esa ley obtuvo un millón de firmas.

Sin embargo, ¿los simpatizantes votarán? Y en una Rusia autoritaria, donde los resultados de las elecciones en esencia están predestinados, ¿hará una diferencia?

Oksana Pushkina posa para un retrato en un hotel de Moscú, el 14 de septiembre de 2021. (Emile Ducke/The New York Times).
Oksana Pushkina posa para un retrato en un hotel de Moscú, el 14 de septiembre de 2021. (Emile Ducke/The New York Times).

Incluso en un país en el que las mujeres representan el 54 por ciento de la población, la violencia doméstica en su mayor parte sigue sin ser un asunto que motive a los votantes y queda en segundo plano detrás de problemas como la corrupción, el aumento de los precios al consumidor, la falta de oportunidades económicas y la pandemia de la COVID-19.

“Para nuestros votantes, este problema está en el lugar 90”, comentó el vicepresidente de la Duma, Pyotr O. Tolstoy, quien busca un segundo periodo con Rusia Unida.

Tolstoy se burló de las insinuaciones de que las mujeres podrían abandonar a su partido, el cual controla 336 de las 450 curules de la Duma. En efecto, las mujeres son una parte fundamental de la base de votantes de Rusia Unida. En parte esto se debe a que ocupan la mayoría de los trabajos del sector público en campos como la enseñanza, la medicina y la administración, es decir que sus ingresos a menudo dependen del sistema político en el poder.

Mientras salía de una estación de metro una tarde reciente, Irina Yugchenko, de 43 años, también expresó su escepticismo en torno a la atención que le ha puesto Popova a la violencia doméstica. “Claro, sin duda debe haber una ley, pero, si les pasa más de una vez a las mujeres, tenemos que preguntarnos por qué”, comentó, haciendo eco de una opinión común en Rusia. “Si mis amigas tuvieran este problema no lo aceptarían”.

Yugchenko dijo que no había decidido por quién votar y dudaba que las elecciones produjeran algún cambio, y agregó con cinismo: “No es la primera vez que votamos”. Un estudio de julio de 2021 encontró que tan solo el 22 por ciento de los encuestados planeaba votar, la cifra más baja en 17 años.

Durante la última década, Putin y su partido se han vuelto cada vez más conservadores en sus políticas sociales. Cuando se agravó el conflicto de Rusia con Occidente, el Kremlin comenzó a promocionarse como el baluarte de las estructuras familiares y apoyó actitudes reaccionarias hacia los rusos de la comunidad LGBTQ.

En 2016, el gobierno etiquetó de “agente extranjero” al Centro ANNA con sede en Moscú, el cual ofrece ayuda legal, material y psicológica a las mujeres que enfrentan problemas de abuso. Ese título acarrea connotaciones negativas e impone requisitos onerosos. El año pasado, el gobierno designó a otro grupo, Nasiliu.net (“No a la violencia”), como agente extranjero.

En 2017, los representantes de la Duma votaron 380 a 3 para que se despenalizara de forma parcial la violencia doméstica y la redujeron a una infracción administrativa si ocurre no más de una vez al año. Si el daño da como resultado moretones o sangrado, pero no huesos rotos, se castiga con una multa de tan solo 5000 rublos (68 dólares), poco más de lo que se paga por estacionarse en un lugar prohibido. Solo las lesiones como las contusiones y los huesos rotos, o los ataques repetidos en contra de un familiar, generan cargos penales. No hay ningún instrumento legal para que la policía expida órdenes de alejamiento.

El borrador de una ley en contra de la violencia doméstica que fue propuesto en 2019 produjo un debate en la Duma, pero a final de cuentas fue modificado tanto que sus primeros partidarios, entre ellos Popova, quedaron “horrorizados”. Nunca se sometió a votación.

Sin embargo, en años recientes, varios casos dramáticos han detonado la indignación, por eso el asunto ha empezado a tener potencial político. En un caso famoso de 2017, el esposo de Margarita Gracheva le cortó ambas manos con un hacha, meses después de que empezó a pedir protección de la policía. (Más tarde, él fue sentenciado a 14 años de cárcel. Gracheva ahora es presentadora de un programa de la televisión estatal sobre violencia doméstica).

“Por fin este problema obtuvo tanta atención que se convirtió en un asunto político”, comentó Marina Pisklakova-Parker, directora del Centro ANNA.

En abril, la Corte Constitucional de Rusia les ordenó a los legisladores que modificaran el código penal para castigar a los perpetradores de violencia doméstica repetitiva y concluyó que las protecciones para las víctimas y los castigos para los agresores eran insuficientes. Además, las agrupaciones activistas han registrado repuntes de violencia doméstica relacionados con la pandemia de la COVID-19.

La Duma no ha actuado.

En Rusia, la mayoría de la oposición ha sido encarcelada, exiliada o tiene prohibido postularse a las elecciones de este fin de semana. El domingo, en una pequeña reunión celebrada en un parque con un electorado potencial, Popova, quien tiene como rivales a otros diez candidatos, mencionó que estaba comprometida a participar en las elecciones hasta donde le fuera posible, aunque haya una competencia desleal.

Además, dijo sentirse optimista en relación con encuestas que su equipo mandó a hacer, las cuales mostraron un fuerte apoyo a su favor de parte de las mujeres cuya edad oscila entre los 25 y los 46 años.

“Esto quiere decir que las mujeres se están uniendo por el futuro, por un cambio”, comentó Popova. “Esta es la mejor victoria que podemos imaginar durante nuestra campaña”.

Dos mujeres jóvenes en el público dijeron que planeaban votar por ella.

“Para las mujeres de una generación de mayor edad, tal vez sea normal ver violencia doméstica”, comentó Maria Badmayeva, de 26 años. “Pero en la generación más joven somos más progresistas. Pensamos que los valores que defiende Alyona son esenciales”.

© 2021 The New York Times Company

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