Acorralado, Boris Johnson admitió haber participado de una fiesta en Downing Street en pleno confinamiento y pidió disculpas

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El primer ministro británico Boris Johnson. (AP Foto/Frank Augstein, Archivo)
El primer ministro británico Boris Johnson. (AP Foto/Frank Augstein, Archivo)

PARÍS.– De Boris Johnson se puede pensar cualquier cosa menos que es un ingenuo en política. Sin embargo, esa es la actitud que adoptó hoy ante el Parlamento de Westminster. Para tratar de calmar la tormenta de cólera que desató el nuevo partygate revelado anteayer por la prensa y algunos diputados de la oposición, que reclaman su renuncia, el primer ministro británico se prestó a un inhabitual ejercicio de contrición y presentó sus “excusas” desde el “fondo del corazón” a la población.

“Comprendo la ira que pueden sentir conmigo y con el gobierno que presido cuando imaginan que en Downing Street (sede del gobierno y residencia del primer ministro) quienes dictan las reglas no las respetan”, dijo en tono evidentemente confuso, que traducía su máxima turbación ante un episodio que puede arrastrarlo al precipicio político.

En su acto de contrición, Johnson reconoció haber “hecho una aparición” durante la fiesta organizada en los jardines de Downing Street el 20 de mayo de 2020, en momentos en que el país estaba sometido a severas restricciones sociales. No fue la primera violación del confinamiento: los investigadores están reuniendo otras evidencias de parties multitudinarias organizadas en mayo, noviembre y diciembre de 2020. El primer ministro desmintió sistemáticamente esas denuncias.

Pero, persuadido de que él es el más astuto de la clase, Johnson aseguró sin pestañear ante los diputados que creía “implícitamente” que se trataba de una reunión de trabajo. Durante su mea culpa en la Cámara de los Comunes, Johnson aseguró que en ese momento pensó que no se trataba de “un acto social, sino de una sesión de trabajo”. El premier fingió olvidar un dato esencial que descartaba toda ambigüedad sobre la naturaleza de la fiesta: “Traigan sus botellas”, decía el tuit dirigido a un centenar de personas por el secretario de Johnson, Martin Reynolds.

Varios testigos confirmaron a la cadena pública BBC que el primer ministro conservador y su esposa, Carrie, estuvieron en la fiesta, junto con unas cuarenta personas.

Ahora, “con la perspectiva que aporta el tiempo”, Johnson reconoce que había “30 o 40 personas” cuando llegó, debió suspender la reunión y pedirles que se fueran. También minimizó la duración de la fiesta, en la cual se cumplieron “todas las reglas sanitarias en vigor”, aseguró. Ante el ímpetu que alcanzaban los abucheos de los parlamentarios –incluyendo numerosos diputados conservadores–, indicó que aguardará los resultados de la investigación en curso, pero reconoció que hay muchas cosas que el gobierno “simplemente no hizo bien”. “Debo asumir la responsabilidad”, declaró.

Esas excusas no satisficieron a la oposición, integrada por laboristas, el partido independentista escocés SNP y los liberales demócratas.

El líder laborista, Keir Starmer, reclamó la renuncia de Johnson, un “hombre que no conoce la vergüenza. Sus excusas son tan ridículas que constituyen un insulto al pueblo británico”, declaró durante la tradicional sesión de los miércoles de preguntas al gobierno. “¿Ahora tendrá la decencia de renunciar?”, dijo señalándolo con el índice. Otro laborista, Toby Perkins, afirmó que “nunca en la historia hubo un primer ministro que haya degradado tanto la función” y recordó al pasar que Johnson ya fue licenciado de dos empleos por haber mentido.

Lo más significativo, sin embargo, es que Johnson es seriamente cuestionado por numerosos diputados de su propio partido. El primer ministro “pierde el apoyo de los tories”, tituló el diario conservador Daily Telegraph. El matutino popular Daily Mail también formula una pregunta cargada de doble sentido: “¿Para Johnson la fiesta ha terminado?”.

En todo caso, el dirigente conservador se encuentra ahora en medio de la peor tempestad política desde su llegada al gobierno, en julio de 2019. Además de enfrentar la cólera de la Cámara de los Comunes, Johnson también perdió la confianza de gran parte de la opinión pública: entre 66% y 71% de la población piensa que es un “mal primer ministro”, según dos encuestas de YouGov y de Savanta ComRes.

Ahora queda saber cuál será el veredicto de las consultas internas que comenzó el Partido Conservador para determinar si le dejan una “última chance” o le bajan el pulgar.

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