Accidente en la Ruta 2: reabrió la escuela y recibió ayuda solidaria y contención

María Ayzaguer

La escuela volvió a abrir hoy sus puertas para recibir a los padres y docentes de la comunidad.

"Hola, ¿esta es la escuela 41?", pregunta una señora desde un auto gris. Acto seguido desciende con unas bolsas de donaciones. Rosalía Fernández, vecina de Benavídez, se acercó hasta las calles Brasil y General Conesa, de esa misma localidad, para aportar un granito de arena en una causa que la conmovió. Imágenes como esa se registraron durante toda la mañana en la cuadra que sigue de luto por la muerte de dos niñas que iban rumbo a Mundo Marino el jueves pasado. En camionetas o bicicletas -en el barrio se intercalan casitas modestas y grandes casas quintas- fueron muchos los que se acercaron a ayudar a las familias afectadas, algunas de ellas sin trabajo.

La escuela volvió a abrir hoy sus puertas para recibir a los padres y docentes de la comunidad. Sin fecha cierta de reinicio de clases, ellos fueron convocados especialmente para trabajar focos de angustia y estrés postraumático en la familia.

La escuela volvió a abrir hoy sus puertas para recibir a los padres y docentes de la comunidad.

"Los chicos están en un mundo de miedo", dice Sebastián Medina, empleado de seguridad y padre de dos niños de la escuela. Llegó de la mano de Agustín, de 5to grado. "Lo traje para que entienda lo que pasó. A él le toca el viaje el año que viene y no se anima, yo le digo que no hay que asustarse. Junto a los docentes le explicamos que lo que sucedió fue un accidente, que solo Dios sabrá por qué pasó, pero no deja de ser un accidente. A ellos el año que viene les va a salir todo bien", dice. Agustín asiente. A su lado, otra señora cuenta que su niño de 1er grado tampoco quiere subirse ni a un colectivo. "Creo que estamos todos igual. Hoy nos toca acompañar a los maestros", dice.

El viaje esperado

Noelia es profesora de Educación Física y fue docente de Mia Morán, una de las niñas que falleció en el accidente. Visiblemente conmovida, contó que está en contacto con la familia y que asistió al entierro de la alumna. "Ellos esperan toda la primaria para llegar a sexto y hacer el viaje, y que venga una tragedia así es tan triste", dice. "Yo suelo ir a estos viajes, y me pongo en el lugar de los docentes y no lo puedo creer. Uno genera una relación muy particular con los alumnos y sufre por todo los que les pasa", cuenta mientras hace malabares para que no se le caigan el casco de la moto y las bolsas de donaciones.

Miembros de asociaciones de víctimas de accidentes de tránsito se acercaron para charlar con los padres. Como María Cristina Armoa, integrante de Mapalvi, una organización de lucha por la vida. Ella perdió dos hijos en un siniestro vial. "Vine a acompañar. Estuve hablando con la familia de un nenito que tenía todo el viaje pago y decidió no viajar a último momento. No sabés cómo estaba desconsolado", cuenta. Desde su punto de vista, lo que faltan no son leyes, si no voluntad para cumplirlas. Y penas mayores. "Yo siempre digo, que quien pase un semáforo en rojo quede cinco días detenido. Le va a doler más que pagar la multa y la próxima vez va a frenar".

Bolsas

Miguel Corvalán baja bolsas y bolsas de su auto. Su sobrino estuvo en el accidente. Policía, se enteró temprano y por rutina del choque. "A las 7.30 me llama mi señora y me dice que volcó el micro de Franco. Nos fuimos corriendo para allá, le puse dos horas. Imaginate que en la desesperación en lo último que pensé fue en las multas", cuenta. Cuando llegó lo encontró solo y asustado, pese al gran despliegue de profesionales. Su sobrino se fracturó la clavícula y fue atendido en el Hospital de Chascomús. En el mismo día le dieron el alta y pudo llevarlo de regreso a Benavídez. Ahora mismo el chico tiene un hematoma en toda el área y deberá ver un especialista.

La escuela volvió a abrir hoy sus puertas para recibir a los padres y docentes de la comunidad.

"Esta es toda gente trabajadora y humilde", dice entre llantos una señora que llegó con su nieta a dejar dinero y libros. Ella vive en Maschwitz y conoce la escuela pública 41 de haber votado allí. La vereda de la entrada está cubierta de velas derretidas que los vecinos fueron dejando. Como Cinthia Muro, que, tímida, pregunta si puede poner la suya en ese lugar. Madre de una niña de tres y un varón de nueve, llegó con su marido desde Tigre para ese pequeño homenaje. "Si sos madre te pega el triple", dice mientras mira el cartel que alguien pegó en la entrada de la escuela. Tiene la foto de los 43 alumnos y docentes justo antes de emprender el viaje. Sostienen una bandera y sonríen frente al micro.