¿Acaso las semillas plantadas por drones pueden generar bosques nuevos?

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Semillas con un recubrimiento especial para mejorar su capacidad de enraizamiento, cerca de Palencia, España, el 22 de octubre de 2021. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times).
Semillas con un recubrimiento especial para mejorar su capacidad de enraizamiento, cerca de Palencia, España, el 22 de octubre de 2021. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times).

CARCASTILLO, España — Cuando los incendios forestales asolaron el Cerro de Monserrate en Colombia en 2015, Juan Carlos Sesma, consultor español de comercio minorista que trabaja en Bogotá, empezó a pensar en reforestar el planeta.

Con experiencia en la mejora de sistemas para cadenas restauranteras, supermercados y para las tiendas departamentales de El Corte Inglés, imaginó que sus conocimientos podrían aplicarse a la tarea de revertir la deforestación.

“Sabía que, si la reforestación pudiera ser eficiente y rentable, el mundo tendría muchos más árboles”, afirmó.

Se tomó una pausa del trabajo, compró una caja de semillas del árbol Paulownia tomentosa o kiri (una especie de crecimiento rápido, capaz de alcanzar los seis metros de altura en un año) y viajó de vuelta a su ciudad natal en España, decidido a aprender a plantar árboles y a poner en práctica su idea.

Sesma, de 38 años, forma parte de un grupo cada vez más numeroso de ciudadanos del mundo que no solo se preocupan por el futuro del planeta, sino que intentan encontrar soluciones innovadoras para salvarlo. Gracias en parte a la influencia de la joven activista medioambiental Greta Thunberg y a iniciativas como el Premio Earthshot del príncipe Guillermo, están recibiendo más atención.

Pero no siempre fue así.

Al principio, solo una persona creyó en el proyecto de Sesma: un monje cisterciense que cuida los huertos del Monasterio de la Oliva, cerca de la casa de la familia de Sesma.

Un investigador durante el proceso de desarrollo de semillas que echan raíces y crecen rápidamente, cerca de Palencia, España, el 22 de octubre de 2021. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times).
Un investigador durante el proceso de desarrollo de semillas que echan raíces y crecen rápidamente, cerca de Palencia, España, el 22 de octubre de 2021. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times).

Una mañana reciente, fray Enrique Carrasco, de 83 años, empujaba una carretilla alrededor del huerto del monasterio. Vestido con un overol azul en lugar de una sotana, explicó cómo le había enseñado a Sesma a cultivar y plantar sus semillas colombianas en un campo sin explotar dentro del recinto del monasterio.

Juntos, Sesma y Carrasco vieron cómo las semillas se convertían en retoños y luego en árboles tan altos que la Agencia Estatal de Meteorología española se quejó de que interferían con una estación meteorológica cercana.

Había otro problema: las semillas eran una especie demasiado invasiva como para ser compatible con los sueños de Sesma de una reforestación biodiversa, pero él no se desanimó.

Ahora, la empresa de 3 años que cofundó, CO2 Revolution, está utilizando el análisis de macrodatos y una sofisticada tecnología de drones para esparcir (sobre un terreno deforestado inaccesible) millones de semillas mejoradas en laboratorio de árboles autóctonos de los bosques españoles y aptos para recrear los ecosistemas que se perdieron.

Es todo un reto. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, 95.000 hectáreas de bosques (casi el 0,35 por ciento de la superficie total de España) son devastadas por más de 11.000 incendios forestales cada año. Los métodos tradicionales de reforestación son lentos y costosos porque las zonas de desastre suelen ser inhóspitas o inaccesibles para la maquinaria.

Dado que los gobiernos de todo el mundo se han fijado el objetivo de llegar al cero neto (es decir, equilibrar las emisiones con la eliminación de gases de efecto invernadero) para 2050, los bosques serán el centro de los debates de la cumbre del clima COP26 que se celebra en Glasgow, Escocia, en estos días.

Marc Palahí, director general del Instituto Forestal Europeo, espera que los discursos se centren en las políticas para aumentar la reforestación mundial con la atracción de inversiones en una nueva bioeconomía. En su opinión, los productos madereros producidos de forma sustentable, como los biofármacos, los biotextiles y los materiales de construcción, podrían proporcionar oportunidades de negocio y puestos de trabajo por un valor de más de 1 billón de dólares.

En una entrevista telefónica, coincidió en que “los drones son de gran ayuda en zonas remotas”, pero dijo que la clave para cumplir con los objetivos mundiales de reforestación es el manejo sustentable de los bosques.

“Plantar árboles no es tan difícil como manejarlos durante las próximas décadas”, señaló Palahí.

Cuando Sesma y su cofundador Javier Sánchez crearon CO2 Revolution en febrero de 2018, su objetivo era bastante sencillo: plantar árboles para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera.

La empresa tiene tres líneas de negocio. Ofrece servicios de consultoría a las empresas interesadas en medir y reducir sus emisiones. Los clientes también pueden mitigar su huella de carbono contratando a CO2 Revolution para sembrar en tierras deterioradas, utilizando una combinación de maquinaria moderna y métodos tradicionales, a menudo integrando a las comunidades locales. En la tercera línea de negocio, más revolucionaria y desafiante a la vez, CO2 Revolution siembra bosques enteros con tecnología rentable de drones. Por último, vende créditos de carbono.

Los avances fueron lentos al principio. Sánchez, de 33 años, quien dejó su trabajo como director de ventas en una empresa alemana de supermercados para unir fuerzas con Sesma, comentó: “Era una idea tan innovadora que la gente la veía como algo surrealista”.

Durante esos primeros meses, los emprendedores se reunían en cafeterías y volcaban sus ahorros en su empresa. Contrataron maquinaria para encapsular semillas con nutrientes y así ayudarlas a germinar; equiparon drones con dispensadores hechos a la medida, y solicitaron permisos a los propietarios de tierras y a las autoridades españolas para sembrar.

No obstante, en su primer intento de reforestación aérea, solo un pequeño porcentaje de las semillas echó raíces: algunas cayeron sobre piedras, otras rodaron por las laderas y las que llegaron al suelo fueron devoradas por ratones y conejos.

Poco después, CO2 Revolution consiguió su primer cliente importante, la multinacional LG Electronics Iberia, que los contrató para sembrar árboles en terrenos quemados a las afueras de Madrid. También se firmó un acuerdo para utilizar la tecnología de pantallas de LG para mejorar la precisión del vuelo de los drones.

La lista de clientes empezó a crecer y a atraer inversionistas, como el Gobierno de Navarra.

Sesma y Sánchez incorporaron a un grupo de microbiólogos, ingenieros y programadores seleccionados con meticulosidad.

Una mañana reciente, en su soleado laboratorio en el centro de España, un ingeniero forestal, Jaime Olaizola, señaló una pila de platos de plástico con muestras de semillas de pino y cedro.

Olaizola, de 47 años, especializado en la investigación de microorganismos del suelo, explicó que las semillas, a las que llama “iseeds”, están diseñadas para anticiparse a los problemas que encontrarán cuando se dejen caer en la naturaleza. Su recubrimiento de arcilla es la clave. Contiene una mezcla potente: extractos de plantas para disuadir a los roedores; hidrogel seco para retener la humedad; hongos para aumentar las defensas; y trufa bohemia para captar nutrientes y estimular el desarrollo de las raíces.

Una vez que las semillas se convierten en plántulas, la fotosíntesis se pone en marcha y la naturaleza toma las riendas.

Andrew Heald, director de NGPTA, una empresa de restauración forestal, se muestra cauteloso. Coincide en que, aunque los drones pueden reforestar el planeta más rápido que los humanos, hay que esparcir muchas semillas para que germine una sola.

Olaizola reconoció esa preocupación, pero afirmó que: “Si el diez por ciento echa raíces, es un éxito”.

Su expectativa, basada en los experimentos realizados en su laboratorio, es que el 50 por ciento de las “iseeds” sembradas por aire este año se conviertan en árboles. No lo sabrá con certeza hasta que termine la temporada de siembra de noviembre a abril.

© 2021 The New York Times Company

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