'Se acabaron las fiestas': la pandemia golpea duro a las piñatas en México

Oscar Lopez
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Iván Mena Álvarez trabaja en una piñata con forma de caramelo en su negocio en Ciudad de México, el 31 de marzo de 2021. (Luis Antonio Rojas/The New York Times)
Iván Mena Álvarez trabaja en una piñata con forma de caramelo en su negocio en Ciudad de México, el 31 de marzo de 2021. (Luis Antonio Rojas/The New York Times)

CIUDAD DE MÉXICO — La imagen contrasta con el telón de fondo de esmog y concreto que caracteriza a esta parte de la Ciudad de México, una maraña de vías rápidas y pasos elevados con autobuses viejos que pasan retumbando y echando humo.

No obstante, allí, brotando como flores en medio de los edificios cenicientos, cuelgan en hilera tras hilera: piñatas, pintadas de todos los colores, desde el fucsia brillante hasta el azul noche y el verde Baby Yoda. En la banqueta, una piñata de Spiderman está al lado de Batman, mientras que Mickey Mouse se apoya en Sonic el erizo.

Pese a los derechos de autor de los dibujos animados, entre superhéroes y princesas de Disney con ojos grandes, hay una incorporación más reciente al repertorio de piñatas mexicanas: pintado de color verde limón con una corona dorada y pinchos que apuntan en todas direcciones, el coronavirus mira a los transeúntes.

Reírse del coronavirus

La piñata pandémica es una de sus opciones más populares, afirmó Iván Mena Álvarez, quien administra una de las tiendas más antiguas de la colonia Cuauhtémoc, conocida por sus piñatas.

Transformar un virus mortal en un símbolo cómico podría parecer una jugada arriesgada, en especial en un país que ocupa el tercer lugar en el mundo en cuanto a cantidad de víctimas del COVID-19, pero Mena dijo que sus clientes recibieron con agrado la oportunidad de apalear la imagen de un adversario que ha causado estragos en la economía y devastado comunidades enteras.

“Los mexicanos nos reímos incluso de la muerte”, dijo Mena. “Se ha convertido en un monstruo más”.

Los fabricantes de piñatas, que con frecuencia son familias muy unidas cuyo negocio depende de las reuniones sociales que se han detenido mucho durante la pandemia, han sufrido, como gran parte del país, tanto en el aspecto financiero como en el personal durante el último año.

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Kelly Portillo Cortez, de 13 años, le pega a una piñata de Sonic el erizo durante la fiesta de su hermano menor en su casa en Ciudad de México, el 4 de abril de 2021. (Luis Antonio Rojas/The New York Times)
Kelly Portillo Cortez, de 13 años, le pega a una piñata de Sonic el erizo durante la fiesta de su hermano menor en su casa en Ciudad de México, el 4 de abril de 2021. (Luis Antonio Rojas/The New York Times)

Mena comentó que sus ventas se habían desplomado, lo cual lo puso en una situación económica desesperada, pero que las pérdidas personales habían sido aún peores. Once miembros de su familia han fallecido a causa del COVID-19, además de dos decenas de personas que conoce en el sector.

“Es muy duro para muchos de nosotros”, dijo. “Nunca nos pasó por la cabeza que habría tantos muertos en tan poco tiempo”.

El mes pasado, el gobierno mexicano actualizó sus cifras oficiales, lo que mostró que el virus podría haber cobrado más de 300.000 vidas, un número impactante para el país de 126 millones de habitantes.

El efecto de la pandemia en la economía ha sido casi igual de devastador. El año pasado, México sufrió su mayor debacle económica anual desde la Gran Depresión, y las consecuencias financieras pueden provocar que millones de personas caigan en la pobreza.

Sin fiestas, sin piñatas

El comercio de piñatas, una tradición mexicana que se remonta al siglo XVI, se ha visto en gran medida paralizado por las restricciones impuestas a las fiestas de cumpleaños y otras reuniones, celebraciones en las que romper las figuras llenas de golosinas es una parte importante.

El dolor se ha sentido en todo el país.

“No se puede trabajar, ya no hay fiestas, nadie te compra”, aseveró Dalton Ávalos Ramírez, quien tiene una tienda de piñatas en la ciudad de Reynosa, cerca de la frontera con Estados Unidos. Dijo que había pasado de vender entre 20 y 30 piñatas a la semana antes de la pandemia, con precios de entre 15 y 125 dólares cada una, a solo una o dos algunas semanas.

Maricela Ortega entre las piñatas en la tienda de piñatas de su esposo en la Ciudad de México, el 31 de marzo de 2021. (Luis Antonio Rojas / The New York Times)
Maricela Ortega entre las piñatas en la tienda de piñatas de su esposo en la Ciudad de México, el 31 de marzo de 2021. (Luis Antonio Rojas / The New York Times)

Mena, en Ciudad de México, pertenece a la cuarta generación de fabricantes de piñatas en una familia que, según dijo, lleva casi un siglo en el negocio. Comentó que sus bisabuelos fueron de los primeros en instalar un negocio en esta parte de la capital.

“Somos los pioneros de las piñatas”, dijo con orgullo.

Mena hizo su primera piñata cuando tenía apenas 6 años. En su mesa de trabajo hay una foto suya a los 9, cuando hizo algunas de sus primeras piñatas a gran escala con forma de estrella de siete picos, parte central de la tradición navideña mexicana.

“Desarrollas un amor por esta artesanía”, señaló. “Lo llevas en la sangre”.

Nada podía preparar a Mena para el impacto devastador de la pandemia. Cuando gran parte del país cerró a finales de marzo del año pasado, las ventas cayeron un 90 por ciento, dijo. Cinco trabajadores tuvieron que abandonar Ciudad de México tras ser despedidos.

La gente pasa por un puesto decorado con una tradicional piñata en forma de estrella en el mercado de La Merced en la Ciudad de México, el 1 de abril de 2021. (Luis Antonio Rojas / The New York Times)
La gente pasa por un puesto decorado con una tradicional piñata en forma de estrella en el mercado de La Merced en la Ciudad de México, el 1 de abril de 2021. (Luis Antonio Rojas / The New York Times)

Imaginación para tratar de salir adelante

Para sobrevivir, Mena empezó a improvisar. Además de la piñata del coronavirus, su tienda empezó a vender imágenes de Susana Distancia, la superheroína de la distancia social en México, así como de Hugo López-Gatell, el zar del coronavirus del país que ha sido muy criticado por subestimar los efectos de la pandemia en México.

La gente “le pegaba, pero porque no decía la verdad”, afirmó Mena sobre la piñata de López-Gatell.

Para aumentar las ventas, Ramírez, el dueño de la tienda en Reynosa, también decidió diversificar la oferta de su negocio. Comenzó a aprender a hornear pasteles, mientras que su hermana aprendió a hacer arreglos con globos.

“Si no tenemos trabajo en una cosa, pues ayudemos haciendo otra”, dijo.

No obstante, a pesar del ingenio de estos artesanos, las ventas han aumentado poco y el gobierno mexicano no les ha dado a los negocios casi ningún estímulo para salir adelante.

Sentado entre una piñata de la Mujer Maravilla y un retrato de la Virgen María, Mena se enjugó las lágrimas al recordar cómo la situación se volvió tan desesperada el verano pasado que sus clientes y vecinos comenzaron a incorporar paquetes de comida a sus pagos por las piñatas para ayudarle a salir adelante a él, a su familia y a otros piñateros que abastecen su negocio.

“La gente ya nos conocía, gracias a Dios, son buenas personas”, afirmó. “Nos ayudaron”.

Aunque la situación actual sigue siendo desalentadora, Mena se siente más optimista sobre el futuro. Aunque el despliegue de las vacunas va lento, Mena cree que, con esto, su negocio y la tradicional industria de la que está tan orgulloso empezarán a recuperarse por fin.

“Como el ave fénix de las cenizas”, concluyó, “el comercio de piñatas está empezando a salir adelante”.

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This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company