Abusos: concluyó sin castigos el “juicio de los monaguillos del Papa”

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El Papa Francisco reza con los sacerdotes al final de una audiencia pública limitada en el patio de San Dámaso en el Vaticano el 30 de septiembre de 2020
El Papa Francisco reza con los sacerdotes al final de una audiencia pública limitada en el patio de San Dámaso en el Vaticano el 30 de septiembre de 2020

ROMA.- Con la absolución de los dos sacerdotes imputados concluyó hoy el denominado “juicio de los monaguillos del Papa”, en el que el Vaticano por primera vez juzgó a dos sacerdotes por presuntos abusos de menores cometidos a la sombra de la cúpula de San Pedro.

En una sentencia más que esperada luego de un proceso que duró casi un año, el tribunal formado por tres jueces y presidido por el magistrado anti-mafia, Giuseppe Pignatone, resolvió absolver a los dos curas imputados por presuntos abusos y encubrimiento ocurridos hace más de una década en el Preseminario San Pío X, instituto de monaguillos que suelen ayudar en las misas de la Basílica de San Pedro. Los imputados, el sacerdote y exalumno de dicho instituto, Gabriele Martinelli, de 29 años, acusado de violencia carnal y actos de libido en contra de otro alumno, y monseñor Enrico Radice, exrector del Insituto, acusado de haberlo encubierto y defendido, resultaron absueltos por unos cargos por falta de pruebas, considerados “no punibles” de otros y, se beneficiaron, además, por la prescripción.

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El caso se remonta a denuncias presentadas por un exmonaguillo polaco que, hace más de una década dijo ser testigo de los abusos sexuales cometidos por la noche contra diversos menores por Martinelli, que de día, como si nada hubiera pasado, ayudaba a Benedicto XVI (papa emérito) en las celebraciones eucarísticas. El escándalo había salido a la luz en 2017 en un libro escrito por el periodista Gianluigi Nuzzi –autor de diversos best sellers sobre trapos sucios del Vaticano-, en el que contaba la dramática historia de Jarzembowski, que había entrado en el preseminario en 2009 y que en 2014 había denunciado ante las autoridades eclesiásticas abusos sobre un compañerito de habitación.

Luego de un proceso comenzado el 14 de octubre pasado, en el que en varias audiencias se oyeron no sólo a los imputados, sino a numerosos testigos y a la víctima, el tribunal del Vaticano llegó a la conclusión de que si bien entre 2006 y 2012 “hubo relaciones sexuales, de diversa naturaleza e intensidad” entre Martinelli, entonces alumno del instituto y L.G., otro compañero siete meses menor que él, “no hay pruebas de que la víctima haya sido obligada a dichas relaciones por el imputado a través de violencia o amenazas”.

El tribunal concluyó esto tras detectar “significativas contradicciones y elementos fuera de la lógica presentes en las declaraciones dadas en diversas ocasiones por la víctima”, así como en los mensajes telefónicos intercambiados con Martinelli y “por el hecho de que muchos de los testigos presentes en la misma habitación en la que tuvieron lugar las relaciones sexuales han repetidamente afirmado que nunca oyeron ni vieron nada”, según explicó el tribunal en un comunicado.

Así, Martinelli fue declarado “no punible” por los hechos denunciados hasta el 9 de agosto de 2008, porque en esa época era menor de edad; y fue absuelto por el período posterior por insuficiencia de pruebas. Al mismo tiempo, se consideró prescripto el delito de corrupción de menor cometido entre el 9 de agosto de 2008 al 19 de marzo de 2009, cuando L.G., la víctima, cumplió 16 años.

En julio pasado el promotor de justicia (fiscal), Roberto Zannotti, había pedido un total de 6 años de prisión para don Martinelli por violencia carnal agravada y por actos de libido.

Para monseñor Radice, que también quedó absuelto por falta de pruebas, no punibilidad y prescripción, también habían pedido cuatro años de reclusión.

En una movida que causó mucho ruido, a mediados del año pasado, justo en medio de este juicio que causó mucho clamor, Francisco decidió trasladar afuera del Vaticano al preseminario San Pío X, instituto que desde que se creó, en 1956, dio vida a casi 200 vocaciones sacerdotales. Pero que, más allá de la sentencia absolutoria de hoy, quedó salpicado por el escándalo.

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