De abril a mayo, inconsistencia ha sido la palabra dura de los Marlins, ¿podrán poner todo en orden?

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MATIAS J. OCNER/mocner@miamiherald.com

Los Marlins se aferran a mínimas cosas para celebrar algo como el largo batazo de Jesús Sánchez en Colorado o las seis entradas sin carrera del debut de Edward Cabrera frente a los Rockies, pero lo cierto es que en la gran pintura de la temporada, no hay mucho que festejar.

Elementos pequeños de un lado u otro, pero salvo las actuaciones de Sandy Alcántara y Pablo López, entre los mejores lanzadores de Grandes Ligas, y figuras aisladas como Jazz Chisholm, no hay mucho que permita creer en un cambio fundamental y positivo, a pesar de que en la oficina central continúan creyendo en eso.

En honor a la verdad, los Marlins no están bateando tan mal como parece, pero sin el sentido de la oportunidad necesario y eso explica, en buena medida, el porqué el equipo se desmoronó en mayo, luego de un abril bastante esperanzador que los llevó a estar muy cerca de los Mets en la cima divisional.

Ofensivamente, los Marlins terminaron mayo con un porcentaje de embasado más slugging (OPS) de .700. Eso fue bueno para el puesto 20 en todas las Mayores, su promedio de bateo de .242 fue el 18vo y sus 31 jonrones los tenían empatados en el lugar 15.

Sin embargo, esos números ofensivos no aparecen en las carreras anotadas. Miami pisó el plato en solo 104 oportunidades en 26 juegos durante mayo, un promedio de cuatro carreras por partido. Anotaron tres carreras o menos en 13 juegos este mes. ¿Su récord en esos 13 choques? 0-13. Seis de esas 13 derrotas fueron por una carrera.

“La parte difícil es convertir eso en una buena ofensiva’’, expresó el asistente de la gerente general, Mike Greenlee en el podcast Swing and Mishes. “Estos muchachos que han demostrado la capacidad de embasarse y batear para poder, finalmente podrán salir adelante en esos momentos [de letargo] y tener éxito por encima del promedio en relación con el resto de la liga, tal como lo han hecho en todos los demás momentos’’.

Miami tiene un promedio de bateo de .183, el más bajo de la liga, esta temporada en situaciones finales y cerradas, con ventaja de una carrera y el choque empatado o perdiendo por una después de la séptima entrada, y como si fuera poco conectan apenas .220 con corredores en posición de anotar, el cuarto peor en el béisbol. Ese número cae a .198 cuando hay dos outs.

Quizá no todo esté perdido y como esperan los ejecutivos de béisbol, los Marlins continuarán con la misma producción ofensiva, pero con mayor oportunidad para apoyar una rotación que hasta el momento ha cumplido su papel, especialmente con Alcántara y López, reforzados ahora con la emergencia de Cabrera, quien lució bien el miércoles con nueve ponche en seis entradas sin carreras.

Pero por todo lo bien que han estado López y Alcántara, preocupan Trevor Rogers y Elieser Hernández, quienes se han mantenido en una zona de inconsistencia que preocupa, al igual que un bullpen que un día cierra el gasto ofensivo de los rivales y al siguiente abre la llave de las anotaciones contrarias.

Tal vez junio traiga un renacimiento de los Marlins, pero más que eso un accionar más consistente en todos los órdenes.

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